Ni tanto que queme al santo…

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¡Ni tan poco que no lo alumbre! Ya, ¡lo tengo! Tanto pensar y pensar en el momento y nada que me venía a la cabeza el mendigo dicharacho este. Y mira que me hubiera evitado problemas… ¡y deudas! si me hubiera acordado del final a tiempo y no cuando ya pasó todo.

Una verdadera catástrofe. O bueno… Media catástrofe si tomamos en cuenta que se logró lo principal para lo que vine a la iglesia, o casi. Vamos a decir que estamos en vías de que se logre gracias a todo el desmadrito que se armó, y eso para mi ya es bastante.

Gracias San Antonio, de todo mi corazoncito entero te lo agradezco. Ya sé… te quedaste encueradito en el camino, pero de veras te lo juro que hoy mismo te consigo otro ajuar. Ni creas que te voy a dejar así para que todos esos malvividos del mundo tengan pensamientos cochinos al verte. No, no, no. De eso me encargo yo. Al ratito voy a ver a Doña Lucha y le pido que me venda uno de los vestiditos de esos tan bonitos que hace cada año para la Candelaria. Seguro le queda alguno, no pasó hace tanto. Me encantaría verte de charro, o de futbolista, pero no. Nada de desgarriates. No. Le voy a pedir el más bonito atuendo, bien seriecito, como se debe, para ti, mi San Antonio adorado. Por suerte que se salvó el niño… ¡porque si no no me la perdonas!

No puedes decir que a estas fechas no nos conocemos bien tú y yo ¿eh? Bien que ya llevaba varios meses visitándote, además de que tengo todas esas imágenes tuyas de cabeza en mi casa, ni creas que me conformo con venir a verte aquí a contarte mis penas de amores, y las otras, de pasadita, por si acaso.

Eres el único que sabía en el rollo que estaba metida y cuanto, cuanto luché para salirme y conseguir a otro inquilino para mi corazón. Ya no era posible, de veras.

No… si es que quién me manda, a ver…. ya sé que me lo dijiste y me pusiste en alerta, ten cuidado Meche, eres bien enamoradiza, ya van varios que te lastiman y ahora vas a ser tú la que te lastimes solita si te metes en esas andanzas. Traté de escucharte, mil veces me dije a mi misma que no estaba bien, que tenía que dejar de pensar en él, pero qué quieres… Mi cabeza es muy necia, cuando se le mete algo así tan profundo se pone la cosa muy, pero muy difícil…

Es que también… no es lo normal, si me entiendes, ¿no? Dime tú que llevas ahí en tu altarcito tantos y tantos años y has visto pasar hartos. Dime. ¿Es normal que estando tan guapo y tan sepsy haya tenido la ocurrencia de convertirse en un seguidor de Dios, o en un padrecito, si prefieres, y haya renunciado a toda vida carnal? ¿Y es normal que me hable así, tan suavecito al oído cuando me confieso con esos susurros que me penetran hasta la médula y me ponen toda mi piel bien chinita? No, mi San Antonio, no es normal. O por lo menos, no es culpa mía. ¿Qué culpa tengo yo de que sus sermones los diga como si fueran para mi solita, cómo puede alguien saber lo que yo necesito escuchar precisamente ese día, a ver, cómo? No puedes negar que hay conexión entre nosotros. Y bien que también me ve luego así como de reojo, ya me lo he cachado varias veces. Y ya, basta, paremos esta platica que ni era el meollo del asunto.

Lo importante es que al fin me escuchaste y me mandaste a un sustituto. Estoy segura que esta vez si funciona y se me sale por completo el padrecito Jerónimo de ahí donde está metido. Y ni modo si casi casi quemo la iglesia para lograrlo. Por suerte solo quedo en casi y no pasó a mayores. Qué susto me hiciste pasar.

Justo llegué a la iglesia tempranito para que no hubiera nadie. Esta vez rompo mi récord, pensé, nada de una o dos velitas, no. Esta vez le prendo hartas. Tengo que confesarte que mis pensamientos llegaron demasiado lejos y ya no puedo más. O las velas o le confieso mi amor al padre y eso si que no. ¿Cómo me atrevería? O bueno, no fueron exactamente mis pensamientos. Fue un sueño que tuve ayer. Me desperté a tiempo, pero pudo haber sido un verdadero desastre. Te lo digo yo. Estaba yo en mi cocina, prendiendo el bóiler para bañarme con agua más o menos calientita. Digo más o menos porque desde hace varios meses que mi bóiler no funciona como se debe y más bien el agua está tibia, tirándole a fríita. Ya la próxima semana viene Genaro a arreglarlo. Es que no habíamos tenido muchas clientas en el salón, pero hicimos una publicidad en el radio con una promoción de que regalábamos el corte si te haces un tinte y funcionó re bien porque tuvimos hartas señoras, y modestia aparte, quedaron encantadas. Seguro que regresan. Total que ahí estaba yo en paños menores prendiendo mi bóiler cuando siento por atrás una presencia, algo así como una presencia divina. Y bien que si, porque cuando volteé a ver estaba el mismísimo padre Jerónimo ahí parado, observándome con una mirada así bien intensa, como mística. Yo por supuesto me puse toda roja y empecé a temblar completita pero él como siempre sabe lo que necesito escuchar me dijo luego luego no te preocupes, tranquila. Solo estamos tú y yo y por fin vamos a poder vivir nuestro amor. Así sin más se me acercó y me abrazó tan dulcemente que todos mis temores se evaporaron de a una. Cuando menos lo pensé ya nos estábamos besando. El beso más bueno que me han dado en mi vida. Medio tierno al principio y luego así bien cachondo. Se ve que a él también ya le urgía. La cosa se fue calentando y de repente me sentí así re culpable y me desperté. Porque aunque estaba viviendo el momento al máximo bien que me latía que estaba dormida… Lo peor es que quería conocer el final del sueño San Antonio, pero sabía perfectamente que eso me llevaría al caos. ¿Cómo seguir viniendo a misa sabiendo que me acosté con el padre? Ya sé, nadie más se enteraría aparte de mi, y de ti, porque igual pensaba decírtelo, pero igual…

Traía todo preparado. Desde ayer fui al mercado y compré como veinte veladoras, no se cuántas exactamente porque solo le dije a Pancho que me diera todas las que le quedaban, y se veía que eran un buen. Las puse en una bolsa junto con unos cerillos. Me levanté temprano y preparé mi plan paso a paso. La idea era prenderlas todas y que te vieras así bien bonito iluminado y que toda esa luz me permitiera explicarte que de una vez por todas necesito que me saques al padre de la cabeza y que me consigas a otra persona, decente, de preferencia, con la que yo pueda soñar, y por qué no, hacer, cosas sucionas sin sentirme culpable. Luego pensaba rezar uno, o dos rosarios para que vieras que era en serio. Y acabando todo eso pensaba salirme por donde vine y esperar tranquilamente al indicado.

Ese era el plan y todo iba a las mil maravillas, las veladoras encontraban su lugar unas tras otras. Ya cuando iba como a la mitad que se me ocurre esta gran idea de acercarlas más para que tu carita se viera todavía más como santa, no sé como explicarte. El caso es que las fui acercando y en una de esas que se me cae una. La quise recoger y en lugar de eso tiré otra con mi pie. En lo que me agaché que empiezan a salir chispas de la otra que estaba cerca de tu vestido y en menos de un segundo ya estaba quemándose tu ropita. No lo pensé dos veces, corrí hacia la puerta y empecé a gritar como una poseída: ¡Ayuda, padre Jerónimo, venga rápido, se quema San Antonio, corra! Y así varias veces hasta que de la casa de en frente salió un hombre en calzones, de esos a los que le llaman “boxers”, corriendo a todo lo que daba. Digo, me imagino que corría, y que salió de esa casa, porque yo no me quedé a esperarlo, entré rápido y con uno de mis zapatos que me quité en frieguita empecé a agarrar agua bendita y a echarla hacía donde estaba el incendio. En esas estaba cuando te digo que entró este hombre con una cubeta llena de agua. Yo no lo veía bien porque entró por el otro lado de donde yo estaba, yo solo veía su espalda toda musculosa y sus pompitas bien firmes. Y ya, la verdad no me fijé más porque estaba muy nerviosa y preocupada por lo que había causado. El susodicho agarró la cubeta y de a una aventó toda el agua y como por arte de magia se apagaron todas esas chispas que desgraciadamente destruyeron todo, toditito tu ajuar. Eso hizo que en ese momento en la iglesia nos encontráramos:

Una mujer vestida.

Un Hombre en calzones,

y un Santo encuerado.

Nada de lo que uno puede estar muy orgulloso.

Estaba yo tan en estado de shock observando los desarreglos provocados por el incendio que no caí en la cuenta hasta unos minutos después que el hombre ese NO era el padre Jerónimo. Y que además no solo estaba guapo, sino guapísimo y lo mejor, que era todo un caballero. Me di cuenta porque en cuanto pasó el susto me saludo muy cordialmente buenos días señorita y salió corriendo por donde vino, supongo yo que a vestirse pues no era correcto estar así a medias tintas en una iglesia, y menos frente a una dama.

Supuse bien porque cinco minutos después regresó ya como Dios manda, con pantalones, camisa, y hasta zapatos decentes.

Luego luego le pregunté por el padre Jerónimo, a lo que me contestó que no estaba, que había tenido que salir unos días a un seminario en no sé dónde. Yo me quedé de a cuatro, pero al mismo tiempo estaba muy contenta porque me dije que al fin habías escuchado mis plegarias y que no podías haber escogido a un mejor reemplazo. De veras.

  • Y usted quién es, ¿entonces?

  • Disculpe usted, es cierto, no me presenté. Soy el padre Julián.

Te juro que con tanta cosa solo oí clarito: Soy Julián. Te lo juro San Antonio, me crees, ¿verdad?

¡Y a todo esto, voy, vengo al mercado y te visto, no te vayas a resfriar!

san antonio

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8 comentarios en “Ni tanto que queme al santo…

  1. Silvia

    Me encantó el relato. Me he reído un buen rato pensando en la escenita. Me parece estupendo que vuelvas a compartir con nosotros tus enternecedoras y divertidas historias.

  2. Irma Pérez Eguiarte

    buenisimo Lo, me reí mucho, está muy simpático, un reinicio para tu blog muy creativo, sigue adelante para que disfrutemos con tus relatos…felicidades.

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