Junio, o lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

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Una página en blanco. O no precisamente. Solo se ve una especie de pequeña línea negra vertical que parpadea de forma intermitente esperando a que las letras lleguen a ella. Que te invita, luego te incita y al final parece que te grita que necesita de tí. De tu imaginación, de tus palabras.

Porque eso. Las letras deben formar palabras que a su vez forman oraciones que deben tener algún sentido. Transmitir. Hacer sentir.

Y pasan las horas y los días y nada. La pequeña línea sigue parpadeando, vacía, triste. Sola.

Y mientras ella espera paciente, o no tan pacientemente, tu corres.

Dicen que un verdadero escritor lo trae en las tripas. Que se aisla del mundo y crea. Que es una necesidad. Qué a lo mejor no es lo tuyo, qué no es tan fácil.

Lo dicen porque seguramente no conocen un mes de junio en Lyon. O lo que es lo mismo: Cómo poner en pausa la inspiración de una escritora durante 30 días. O lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

Ya me imagino que se mueren por conocer la respuesta. Aquí les va la historia.

Todo empezó el día en que decidimos Olivier y yo que queríamos tener hijos activos. Aceptamos que la infancia de hoy en día no tiene nada que ver con la que vivimos nosotros. Sobretodo teniendo en cuenta que vivimos dentro de la ciudad y no en el campo, o en los suburbios. No se puede tener todo. Vivir cerca del colegio era una prioridad máxima para nosotros. Tener hijos bilingües también. Así es que muy fácil. La escuela internacional de Lyon está en el barrio de Gerland. Vivimos en Gerland. Punto. Los niños van y vienen caminando. O más bien: Mateo camina solo (puesto que ya está en secundaria). Yo acompaño a Luca y a Paola.

Hasta ahí todo bien. Colegio por la mañana, actividades extra-escolares por la tarde.

Mateo, Paola y Luca siempre han nadado. Otra gran prioridad para nosotros como padres de familia. Aprendieron a nadar. Muy bien. Una vez a la semana. Los dos grandes iban juntos y cuando Luca empezó logré encontrar horarios para los tres la misma tarde. Pasábamos los jueves en la piscina. No importa. Un día.

Pero luego una vez que aprenden bien ¿qué pasa? Que en Francia (y supongo que así será también en otros países, no sé…) te invitan amablemente a inscribir a tus hijos a la natación en competición…

O….a sacarlos del club. Tu decides. Y gracias por participar.

Después de haber pasado todos los jueves por la tarde 6 años de mi vida en la piscina esperando niños definitivamente no tengo ganas de que dejen de nadar. Y ellos tampoco. Ya le agarraron gusto. Pues sí. Lógico.

Mateo decide seguir la natación. Pero Paola quiere cambiar. Probar algo nuevo. La natación sincronizada. Wow, me digo, qué padre, con lo bonito que es ese deporte, me va a encantar llevarla. ¿Por qué no?, tratemos.

Solo que pequeño problema…ya no es la misma piscina. Pero sí casi los mismos días, y los mismos horarios. No importa. Yo puedo. Va.

Ahí va Mateo, martes, jueves y viernes a la piscina de Oullins (si, como lo oyen. Pasamos de una a tres veces por semana).

Ahí va Paola martes, miércoles y jueves a la piscina de Vaise (o lo que es lo mismo, al otro lado de la ciudad). Más los lunes a su clase de baile (que toma desde que llegamos a Lyon, pero es en frente de la casa, así es que no cuenta…tanto).

Y mi Luqui va los jueves (en el mismo horario y a la misma piscina de Mateo, uff). Más los miércoles a su clase de teatro.

Mi vida a principios del año escolar se resume a volverme loca todas las tardes como sigue:

a) 4:30 p.m. Mal estacionada frente al colegio los recojo a los 3 (menos el lunes que se regresan en autobús).

b) 4:35 p.m. Deposito a Mateo y Luca en la casa (o casi los aviento del coche…)

c) 4:35-5:10 p.m. Más o menos. En el tráfico para atravezar el tunel de Fourvière y llevar a Paola a su bendita clase de natación sincronizada (que dicho sea de paso, yo pensaba ver un poco los avances de mi niña pero resulta que está prohibido entrar a las gradas…). La dejo en la puerta y salgo volada.

d) 5:30 p.m. Regreso a la casa. Tareas, merienda y lo que se ofrezca con Mateo y Luca.

e) 6:00 p.m. De vuelta al coche con los dos niños. “Rapidito” a dejar a Matéo a su piscina (tenemos que atravesar el puente “Pasteur” y a esa hora hay un p…. tráfico que ni paqué les cuento…).

f) 6:30 p.m. Si es jueves se quedan los dos. Pero a las 5:30 p.m., lo que hace que suprimimos los puntos b), d) y e) (es decir, todos vamos a dejar a Paola a Vaise y de ahí todos nos vamos a Oullins y yo me espero ahí una hora). Si es martes, solo se queda Mateo y aplican todos los puntos.

g) 6:45 p.m. De regreso a la casa. Baño de Luca más tele o lo que sea. Luca cena.

h) 7:30 p.m. De vuelta OTRA VEZ al coche con Luca en pijama. Vamos por Paola a Vaise. La esperamos a veces hasta las 8:30 p.m. porque a la señorita le gusta platicar y secarse el pelo tranquilita.

i) 8:30 p.m. Al coche. Todos a Oullins a recoger a Mateo que termina a las 9:00 p.m. (y sale a más tardar a las 9:05…porque él a lo que va…baño mega veloz, se pasa la toalla a medias y se viste en friega…a veces sale todavía con agua escurriéndole por las orejas).

j) 9:15 p.m. Más o menos. De regreso a la casa. Mateo y Paola cenan. Lavada de dientes los 3 y a dormiiiiiiir…y yo a veces con ellos…

Y eso era toodddooos los días (menos los miércoles), que para los que no saben, en Francia hasta este año escolar en primaria no había clases los miércoles (para mayor información sobre este día, refiéranse a mi relato “Amo los Miércoles”).

Hasta que en mi vida aparecieron Isabelle y David. (¡Benditos sean!)

Antes de explicarles quiénes son Isabelle y David, tengo que hacer una pausa. Porque seguramente algunos de ustedes (los más perspicaces…) se estarán preguntando en dónde está mi lindo maridito mientras yo hago todos esos malabares todas las tardes y noches de la semana. Claro que si estuviera en Lyon me ayudaría. Por supuesto. Solo que no está. Pues sí. Como lo oyen. Olivier trabaja (hasta nuevo aviso) toda la semana fuera de Lyon. Así es la vida. Ni modo. Nos aguantamos porque hay que comer y la cosa en estos momentos no está fácil en ningún lado. Ya cambiará la situación algún día.

En fin. Les decía que a mi vida llegó una pareja de franceses y entre los dos me salvaron de acabar internada en un manicomio antes de tiempo.

O más bien no llegaron. Yo los encontré.

En este país he aprendido que la montaña definitivamente no va a venir a mí. Pero yo si puedo ir hacia ella. Y puedo hasta escalarla y llegar a la cima, si quiero.

Además de ir tres veces por semana a entrenar, Paola tiene que hacer prácticas unos días durante las “pequeñas vacaciones” (que dicho sea de paso, de pequeñas no tienen nada. Duran quince días y son cada mes y medio. O sea, empiezan las clases en septiembre; a mediados de octubre hay quince días de vacaciones (?). Luego a mediados de diciembre, para Navidad (suena lógico, OK), luego, a mediados de febrero (?), en marzo-abril (semana santa-pascua…OK) y finalmente las vacaciones largas en julio y agosto).

Iban a empezar las vacaciones de octubre cuando “sin querer” escuché una conversación entre una mamá y la entrenadora (durante ese mes y medio mi relación con los otros papás había sido nula, tomando en cuenta que yo no tenía mucho tiempo que digamos para entablar una conversación y que los franceses no son lo que se llama extremadamente abiertos a platicar si no te conocen…).

Le decía que su hija no iba a poder participar a la práctica pues ellos (ella y su esposo) tenían un viaje planeado desde hacía mucho tiempo y la abuela se iba a encargar de la niña pero que no conocía Lyon y bla, bla, bla y no me pregunten como pero de repente me vi frente a ella diciéndole:

-Perdón pero, ¿en dónde viven?

Y ella con una cara de ¡qué te importa!:

-En Gerland.

Y yo pensando no puede ser…¡¡vive en mi barrio!!:

-Yo también vivo en Gerland. Si le puedo ayudar en algo (hablándole de usted, aunque se veía más joven que yo o por lo menos de mi edad…pero para no asustarla) será con gusto. Yo no trabajo durante las vacaciones (soy profesora) y puedo llevar a las niñas y traerlas sin ningún problema.

Y ella MUY sorprendida, sin saber bien qué decir o qué hacer:

-Muy amable. La verdad es que no nos conocemos y no podría yo dejarle a mi hija así como así. Lo tendría que platicar con mi esposo.

Y yo:

-Tiene usted toda la razón. No nos conocemos y yo tampoco le dejaría a alguien así como así a mi hija, pero eso se puede resolver. Todavía falta una semana para la práctica. Venga con su esposo a tomar un aperitivo a mi casa y después lo platican y me dicen que opinan.

Para no hacerles el cuento largo, me dio su teléfono, le hablé, quedamos y vinieron a la casa. Traían una botella de un vino espumoso sabor a frambuesa que yo nunca había probado, bastante deliciosa. Acabamos (después de un rato, por supuesto) hablándonos de tú, tomando vino espumoso sabor a frambuesa con un guacamole que yo había preparado y platicando como si nos conociéramos de toda la vida.

Por fin llevé y traje a su hija a la práctica y después de eso nos pusimos de acuerdo y nos dividimos los trayectos a la piscina (ella trabaja y también se le complicaban horrible las idas y venidas).

Encontré una gran ayuda y una gran persona al mismo tiempo.

En estos meses hemos aprendido a conocernos; hemos compartido los nervios de mamás que ven a sus hijas en sus primeras competencias; nos hemos reído, nos hemos muerto de calor en la piscina mientras esperamos a que pase el equipo de nuestras chiquitas. Hemos roto todas las barreras culturales. Hemos bailado y cantado como adolescentes en el concierto de la Voz en Lyon (me da un poco de penita decirlo…pero ella y yo gritamos como quinceañeras mientras nuestros hijos nos veían con cara de “no las conozco”). Nos hemos hecho muy buenas amigas. Y eso no tiene precio.

David e Isabelle son unas de las personas más lindas y simpáticas que he conocido en Francia. Y no son mi único ejemplo. Uno siempre piensa que no es fácil conocer a los franceses, que son muy cerrados, que esto, que lo otro. Yo pensaba igual cuando llegue a Francia. Ahora estoy convencida de que no es cierto. Todo es cuestión de acercarse a los demás. De dar el primer paso. De abrirse, de romper esas barreras. De ir hacia la montaña y escalarla.

Siguiendo con mi cuento, les cuento que para el año nuevo (2014) ya estaba yo muy organizada. Con mi blog funcionando. Haciendo lo que me gusta por las mañanas (es decir, escribir) y trabajando dando mis clases y por las tardes ocupándome tranquilamente de mis tres hijos.

Hasta que llegó junio.

Y con él el Mundial de fútbol. Y el espéctaculo de canto de la clase de CM2 (quinto de primaria) de Paola, y la salida de fin de año de Luca (a la que estuve cordialmente invitada) y la última competición de Mateo. Y la competencia inter-regional de Paola, y el espectáculo del coro de la escuela, y el espectáculo de la clase de teatro. Y el de la clase de baile. Y la fiesta de la sección española de la escuela. Y la kermesse, en donde estuve toda la tarde haciéndola de médico en el hospital loco. Y el concierto de La Voz del que hablé más arriba. Y la fiesta del cumpleaños numéro 12 de Matéo en el karting con sus amigos. Y la fiesta del cumple número 7 de Luca en la casa con sus amigos. Y los partidos de fút por las tardes y las noches que me encantan. Y las pláticas por whatsapp con mis amigas de México en donde comentamos cada partido de mi México, Lindo y Querido (y desde que perdió México todos los partidos en general) y que no me las pierdo por nada del mundo porque son lo máximo. Y todas las fiestas a las que estuvieron invitados los niños.

Me la pasé más que increíble. Y doy gracias por tener a tanta gente hermosa en mi vida y tener tantas invitaciones y tantas cosas pero de verdad…ahora si acabé ¡¡¡AGOTADA!!! y hasta ahora puedo regresar tranquilamente al blog.

Iba a poner esta imagen para describir mi mes de junio, pero no aplica. En mi casa Olivier es el que lava la ropa (aunque desde que no está entre semana también me toca a mi) pero eso es lo suyo. Su área de predilección y así queremos que se quede.

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Así es que mejor escogí esta (aunque eso de los tacones no se me da muy bien, la imagen es muy propicia).

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El domingo nos vamos a Noirmoutier (para los que están en Francia -vean la peli “Les Vacances du petit Nicolas” – ahí la filmaron) y desde allá les estaré dando noticias y escribiendo historias.

¡¡FELICES VACACIONES!! a los que tienen…y a los que no…pues no.