El Lobo Feroz

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Feliz día del Niño a todos….DISFRUTEN!!

Había una vez, un lobo que vendía pólizas de seguros. Contra incendios, contra desastres naturales, contra terremotos…Todos los seguros capaces de lograr que los propietarios de las viviendas vecinas vivieran tranquilos y en paz.

Era un muy buen vendedor. Tanto, que ya llevaba ganados varios premios del “vendedor del mes” en la empresa en la que trabajaba. Gracias a esos premios, había viajado por el mundo y conocido lugares maravillosos. Viajar era su máximo placer.

Ese mes, el ganador recibiría un viaje a Australia. A Sydney, para ser exactos. Su gran sueño.

Además de conocer un país que le parecía sencillamente mágico, podría visitar a su primo el canguro y pasear con su amigo el koala, que era tan simpático.

En fin, nuestro lobo quería a toda costa ganar el premio. Desgraciadamente, en esta ocasión, no había logrado vender todos los seguros que necesitaba para triunfar. En tiempo normal, el lobo no se habría preocupado, pero en ese momento en particular, el país estaba en crisis y la gente no quería gastar.

Para su suerte, tres nuevos habitantes acababan de llegar a la ciudad. Unos hermanos cerditos que estaban construyendo sus casas en los suburbios, no muy lejos de donde él vivía. Decidió que esa era su gran oportunidad, tendría que convencer a los cerditos aunque fuera lo último que hiciera. Con esas tres ventas, Australia estaba asegurada, ¡qué experiencia le esperaba!

El lobo se encaminó hacia el barrio en donde había oído que los cerditos estaban construyendo sus casas. Desde lejos los escuchó cantando y los vio trabajando, felices de la vida. Se quedó mirándolos un buen rato. No podía creerlo, ¡ese era sin duda su día!, las casas de los cerditos eran tan frágiles, que no le costaría nada persuadirlos de la importancia de comprar un seguro para protegerlas de cualquier intemperie. Solo la casa de uno de ellos se veía más estable y bien construida, pero a eso el lobo no le temía, por algo lo llamaban “el lobo feroz”. No había nadie mejor que él para convencer a los clientes indecisos.

Muy seguro de sí mismo, se acercó hasta donde se encontraban las construcciones de los tres cerditos. La primera casa que vio estaba hecha de paja. Se rió para sus adentros.

-¡Esto será cosa de niños! -pensó.

El cerdito más pequeño estaba fuera de su casa, jugando. El lobo se fue acercando y cuando ya estaba a punto de llegar, el cerdito lo vio y empezó a correr a toda velocidad.

-¡Cerdito, no te vayas, solo quiero hablar contigo unos minutos! -Le gritó el lobo, preguntándose que le habría picado al cerdo para huir de esa manera.

Como el cerdito no contestaba, el lobo comenzó a correr detrás de él. No lo podía dejar escapar, tenía que convencerlo como fuera.

Al llegar a la entrada de su casa, el cerdito se metió y dio un portazo tan fuerte que casi destruye la puerta.

El lobo comenzó a explicarle a gritos la razón de su presencia, las ventajas de su seguro y lo tranquilo que se sentiría una vez que lo hubiera comprado.

Se pasó varios minutos hablando solo. No obtuvo por respuesta más que un:

-¡Vete lobo, no pienso abrirte la puerta!

El lobo trató de persuadirlo diciéndole de la manera más suave posible:

-Pero cerdito…entiende…tu casa es muy frágil. Estoy seguro que puedo demostrártelo. Verás que si soplo, tu casa se desplomará, y entonces me creerás y un seguro necesitarás.

-¡Pues ni aunque soples te abro, vete de mi casa lobo!

Al lobo no le quedó otro remedio, que demostrárselo con la acción. Tenía la certeza de que cuando el cerdito se diera cuenta de lo frágil que era su casa, tomaría su oferta sin chistar.

Así que el lobo sopló, y sopló, y la casita del cerdito, derrumbó.

Ahí quedó el cerdito, parado en medio de los escombros de su casita de paja.

Se quedó unos minutos inmóvil, llorando, y cuando vio que el lobo se acercaba a él, salió como un cohete hacía la casa de su hermano, una casa hecha de palitos de madera.

-¡Cerdito, no corras! Lo siento, de verdad lo siento. Te ayudaré a reconstruir tu casa, por favor…solo necesito que me escuches!

El cerdito, en lugar de detenerse, aceleró su carrera y en un dos por tres, llegó a la casa de su hermano.

-¡Abre la puerta hermano, es un emergencia! -gritó.

La puerta se abrió. El cerdito entró velozmente y cerró con llave detrás de él lo más rápido que pudo.

El lobo no entendía nada de nada…Su técnica era infalible. ¿Qué habría pasado? No lograba comprender por qué razón el cerdito no quería escucharlo. Fuese lo que fuese, no se iba a desanimar, tenía que seguir tratando.

Así que, gritando, volvió a explicar el motivo de su presencia, se volvió a disculpar y pidió a los cerditos de la manera más cordial posible que le abrieran la puerta y lo dejarán entrar.

-¡No te vamos a abrir la puerta lobo! ¡Vete de nuestra casa! -le gritaron los cerditos.

-Pero esta casa también es muy frágil… necesitan uno de mis seguros para protegerla. Ya verán que si soplo, también cae desplomada -trataba de explicarles el lobo.

Al no obtener respuesta, el lobo volvió a soplar, y a soplar y, aunque esta vez tuvo que soplar un poco más fuerte, acabo por tirar también la casita de palitos de madera.

-Ahora sí me escucharán, pensaba.

Muy equivocado estaba. Los dos cerditos corrieron despavoridos a la casa del hermano mayor, una casa de cemento que se encontraba un poco más lejos, sobre una colina.

El cerdito mayor trabajaba en su jardín cuando los dos hermanos lo cogieron del brazo y lo llevaron dentro de la casa sin más explicación.

El lobo los seguía difícilmente. Le faltaba el aliento. No estaba acostumbrado a hacer tanto ejercicio y menos a perseguir cerditos que parecían locos de atar.

En esta casa había un timbre. Así es que respiró profundamente y lo tocó, esperando que el hermano mayor tuviera un poco más de sensatez que los menores.

Después de varios minutos oyó una voz:

-Sé que eres tú, lobo. Dime de una vez que quieres y vete.

El lobo suspiró y se lanzó a explicar paso a paso al cerdito mayor todo lo que no había logrado hacer entender a sus hermanos. Los diferentes seguros que vendía, la fragilidad de sus casas y la importancia de protegerlas. Explicó el derrumbe de las dos casas y dijo que estaba dispuesto a ayudarles a reconstruirlas.

Cuando el lobo terminó de hablar, la puerta se abrió y los tres cerditos salieron a su encuentro. El cerdito mayor reía y los otros dos no sabían qué hacer. Estaban escondidos atrás de su hermano.

En efecto, explicó el cerdito al lobo, todo había sido un gran malentendido.

Al partir a la ciudad, la madre de los tres hermanos les había aconsejado no hablar, ni abrir la puerta de sus casas a extraños. Era la primera vez que vivían solos y toda la situación les había hecho entrar en pánico. Lo que los pequeños no sabían era que el mayor ya había oído hablar del lobo y pensaba contactarlo.

Dicho esto, el cerdito invitó al lobo a pasar y tomar un té con ellos para hablar del problema.

Después de un rato, el lobo salió de la casa sonriendo.

-¡Australia, aquí voy!, se dijo satisfecho. Su reputación de “lobo feroz” seguía intacta.

485g

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El Pequeño Paseo Digestivo

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Ya, ahora si me concentro y participo. ¿Qué fuiste a Barcelona de vacaciones? Perfecto. Conozco Barcelona. Por lo menos entendí Barcelona. ¡Ja! No es tan difícil…Je connais, si, eso, yo conozco Barcelona, bien. Ahorita lo digo, va. Me lanzo.

-Je connais Barcelona.

Silencio total en la mesa. Siete caras me miran sin saber que hacer. Sonrisita a medias. Sophie se atreve y me dice algo. ¿Sobre qué? ¿Qué dice? ¿Qué hay muchas cosas que hacer? ¿O qué hizo muchas cosas? Ya no entendí, espérame tantito, deja pienso una respuesta y te contesto. Demasiado tarde…ya está hablando con Pierre…No importa. Oui, si. Bien. Il y a. Hay, muchas. Beaucoup. ¿Será que tengo que decir beaucoup o más bien trop, demasiadas? No, yo creo que beaucoup está bien. Il y a beaucoup des choses à faire à Barcelona. Cosas que hacer. Perfecto. No, pero espérame, ya no oigo que estén hablando de Barcelona…¿qué dijo? ¿Que mañana qué? Si, oí demain. Mañana. De eso estoy segura, ¿pero luego qué dijo? ¿Qué hay un concierto? ¿O qué sí es cierto? Mierda, ya me perdí otra vez…pero que bien me la pasé con Mark el otro día. Estuvo súper divertido, la verdad. ¡Cómo me cae bien! Caminamos como locos, pero valío la pena. Me encantó visitar el Père Lachaise. Todas esas tumbas de gente famosa…wow…es un poco como entrar en la intimidad de alguien sin pedir permiso. Directo vas y conoces su última morada. O por lo menos la última morada de sus cuerpos, porque sus espíritus quién sabe en dónde estarán. Yo sí creo que hay otra dimensión, una energía, algo…

-¿Oui? Oui, merci.

Gracias, si quiero más vino. Y qué rico está esto. ¿Será la tradición aquí comer cordero en pascua? Está realmente delicioso. Suavecito…tiene como miel y una hierba que no distingo muy bien pero creo que es tomillo. ¿Por qué diablos te sentaron hasta allá, Pierre? No bueno, un poco más lejos y te sientan en la cocina…¿qué costumbres son esas de separar a las parejas en la mesa?…y esas papitas al horno y los ejotes envueltos en tocino…¡qué cosa!

-Mmm…très bon. Merci.

Me salió del alma. Ni lo pensé. Y ahí tienes a la mamá de Pierre que se lanza a explicarme no se cuánto. Entiendo algo así como que es la receta de la abuela. Eso. Dijo grande-mère. Y que todos los años ¿qué? Y que está contenta. OK. Contenta. Heureuse. No, más bien quiere decir feliz. ¿Pero feliz de qué? Patricia. Acaba de decir mi nombre…¿Feliz de Patricia? Ah! Feliz de que Patricia, o sea, yo, esté aquí hoy. Creo…Sigue en su monólogo y de repente la tía Marie Claire, una viejita hermana del abuelito, con la voz más fuerte que puede le dice, o más bien, le grita, a mi suegra:

-Parle doucement, elle ne comprend rien !

Eso. Justamente eso, lo entendí perfectamente. Tiene razón la viejita. No entiendo nada y nadie, y cuando digo nadie, es nadie, está haciendo el más mínimo esfuerzo por hablarme despacio. O ya de perdis un poquito en inglés…

Y mi suegra se queda con cara de WHAT? Y yo le sonrío, y ella le explica a la tía que ya llevo tres meses tomando clases de francés y que tengo que hacer un esfuerzo para entender y no sé que más y POR FIN Pierre decide tomar cartas en el asunto y se pone a discutir con su mamá y cinco minutos después la mamá me voltea a ver y vuelve a repetir lo que había dicho pero ahora como si fuera protagonista de una película que está pasando en camara lenta y menos le entiendo y quiero gritar y mandarla muy lejos y mandar a Pierre junto con los demás también muy lejos y por qué no estoy en México, carajo, con mi familia, comiendo unas buenas tostadas de camarones con un clamato y una chela en el jardín de la casa de mis papás y todos me ven como esperando a que empiece mi espectáculo y lo único que se me ocurre es dar las gracias y muchas gracias. Y no volver a abrir la boca más que para deleitarme de su bendito cordero receta de la abuelita.

Después del plato fuerte seguimos con la ensalada verde. Y el queso. Desde que traen la charola a la mesa huele por toda la pieza. Por más que Pierre a tratado no logro acostumbrarme. Ya que los pruebo me gustan…pero ese olor tan fuerte de plano me penetra hasta lo más profundo del cerebro. Entre eso y el vino, más la champaña del aperitivo…empiezo a sentir que despego…y viajo por las nubes…cada vez más lejanas. El francés me parece el canto de los pajaritos que me topo en el camino. Y esos mismos pajaritos me sirven postre y…chocolates. De todas las formas…conejitos, huevitos, pollitos, pececitos, y más conejitos…que me guían hacía la luna. Y cuando estoy elevándome más y más, casi a punto de llegar, todos se levantan de la mesa. De un jalón.

Del susto regreso a tierra firme. Aterrizaje forzoso. ¡¿Pero qué está pasando?! ¿Alguien se siente mal? ¿Hay algún problema? Busco a Pierre y le pido que me explique tan extraña situación. No ha pasado nada. Nadie se siente mal. Simplemente es hora del “pequeño paseo digestivo”.

Los franceses caminan.

Sí si, oyeron bien. En lugar de hacer sobremesa, caminan.

¡Los franceses caminan!

No hay sobremesa.

¿No hay sobremesa?

¡¡NO HAY SOBREMESAAAAA!!

¡Soy tan feliz! Si pudiera te besaría…¡y te abrazaría muy, muy fuerte! Te amaré por siempre “pequeño paseo digestivo”.

Mi propia campana personal. 

pajaros cantando

La Poción Mágica de la Abuelita

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-¡Ya aquí está bien!, más alto me da miedo…

-¡Qué miedo ni que nada, ándale Rosita, no te rajes…dijiste que ahora sí te ibas a atrever…

-Bueno…dos ramas más arriba y ya, que si me caigo me doy un buen guamazo. Solo porque ahí hay unos bien buenos.

Desde aquí arriba dominamos el mundo…comemos los mejores mangos recién cortados…y podemos observar la ventana de la cocina de casa de la abuelita sin ser vistos.

Porque es bien sabido que los niños no podemos entrar a la cocina…Cada fin de semana tratamos y cada fin de semana es lo mismo…Los niños, a fuera, al jardín.

A las compras si fuimos…Tempranito nos despertó mi mamá para ir al mercado. Córranle, nos dijo, vamos que después hay que ir a misa. Así es que rápidito nos vestimos y nos preparamos. Por suerte que mi abuelita vive cerquita.

Primero a la carnicería. Mamá dice que la de Don Paco tiene la mejor calidad. Compramos chambarete, empuje, agujas y huesos de tuétano. ¡Nomás de oir los nombres, a Jano y a mí nos dió un ataque de risa! Quién sabe que estén planeando…dice mamá que la abuelita nos tiene una sorpresa…

Luego de ahí con Doña Jacinta.

Mamá trae la lista en su cabeza y en las bolsas que le da la señora va metiendo las verduras que escoge una a una, hablando bajito, como rezando para ella misma: zanahorias, chayotes, calabacitas y ejotes. También varios elotes, bien tiernitos. Y unas ramitas de epazote, chiles anchos y chiles pasilla. Cebollas y ajos tenemos, no hay que comprar. ¡Ah! Y limones, no pero ahí en el árbol hay, tampoco compramos.

Por último pasamos al puesto de fruta. Con el Memo. Ahí mi mamá pide algo que ahora si Jano y yo nos quedamos con los ojos cuadrados. Xoconostles. Le dan cuatro tunas.

No, sea lo que sea que piensan cocinar, suena de lo más extraño… combinar todos esos nombres chistosos de carne, con verduras, chiles y tunas…algo muy raro están tramando. Esta vez tenemos que espiarlas, eso es seguro.

Así es que después de la misa nos pusimos luego luego en posición, y aquí estamos.

Desde esta altura vemos perfecto a mi abue y a mamá que se mueven como si estuvieran bailando en la cocina. Su sincronización es perfecta. Una lava y corta la verdura. En pedazos grandecitos. La otra se ocupa de la carne. Mientras hacen todo eso, hablan. No sé de qué, pero el pico no les para. En esas están cuando, de repente, mi mamá, qué está picando cebolla…llora, a mares. Y mi abue en lugar de preocuparse, se ríe. Dejan de hacer lo que están haciendo y se abrazan. Y mi mamá llora, y mi abue ríe…y mi mamá llora y ríe.

Jano y yo que estamos comiendo nuestros mangos con unos miguelitos que nos compramos hace rato, nos volteamos a ver, vemos hacia la ventana, nos volteamos a ver otra vez sin saber ni qué, y en eso Jano me dice:

-Ya ves Rosita, con razón no nos dejan entrar…más que cocineras parecen brujas…

Ya cuando terminan con ese ritual de la risa y el llanto meten la verdura a cocer de un lado en una olla chiquita, y la carne aparte en una olla enorme, junto con los xoconostles, la cebolla, el ajo y las ramas de epazote. Y empieza otra vez el cotorreo.

Con la masa de las tortillas hacen unas bolitas chiquitas, del mismo tamañito todas. Entre las dos en unos minutitos acaban y las ponen en la olla de la carne.

El chile lo tienen remojando en agua caliente, hasta acá arriba se ve el humo. Y luego con todo y el agua lo ponen en la licuadora con un pedacito de cebolla (ya esta vez nadie llora), y lo sazonan con sal y unos cubitos de caldo de res. Lo muelen muy bien y luego ponen la verdura que estaba en la olla chiquita en la olla grande y le echan el chile molido y le bajan a la lumbre.

Sacan dos cervezas del refrigerador, las abren, brindan y esperan con una gran sonrisa en los labios.

Jano y yo seguimos observando sin chistar.

Unos minutos después de esa ventana se desprende el aroma más delicioso que existe.

La mezcla de todos los sabores y especias hacen efecto como por arte de magia y nos transportan a otro mundo.

En ese momento entendemos todo. La risa, el llanto, el abrazo, el brindis, la sonrisa, todo…

-¡A darle, grita la abuela, que es mole de olla!

brujas

No estaba muerta, andaba de parranda

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Por mi ventana se ve un gran Eucalipto.

Cada mañana al abrir mis persianas es lo primero que veo. Le robo unos minutos a mi día mientras lo observo y me lleno de él, de su energía. Respiro profundo y ya. Lista para empezar.

Son las cinco y media de la mañana. Oigo a mi hermano en la regadera. Agarro rapidito mi ropa y me meto al baño del cuarto de mi mamá. Ella y yo lo compartimos desde siempre. Abro el agua, me quito la pijama, me meto a la regadera y sigo mi ritual que es este: shampoo, acondicionador y mientras hace efecto me lavo el resto del cuerpo. Me enjuago, apago el agua y me seco. Una toalla en la cabeza como turbante y con la otra me seco bien lo demás. Me visto, me desenredo el pelo y me pongo mousse. Me maquillo poquito. Me seco el fleco y con un peine me lo esponjo. Qué quede bien paradito.

Ya lista bajo corriendo las escaleras, agarro mis cosas, le grito a mi hermano que se apure y me salgo al coche. Sin desayunar, ya habrá tiempo más tarde.

Hoy le toca a él manejar.

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Estoy impaciente. Lo único que quiero es llegar. Todo lo que voy a hacer…cómo lo voy a disfrutar. Todavía no lo puedo creer…es como un sueño. Tantas cosas en la cabeza durante los últimos días…

Tuve que pelear para salir tan temprano; no quiero que ningún imprevisto se interponga con mis planes. Ya falta poco. Quiero gritar de emoción pero me aguanto…

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Periférico…por suerte no hay mucho tráfico. Mi hermanito avanza con muchísima precaución.

-Ya vete metiendo a la derecha, es en la próxima salida.

-Si, si, ya sé, ya, déjame, ya conozco el camino.

Ok. ya conoce el camino pero no cambia de carril, y si no cambia de carril nos vamos a pasar y si nos pasamos tenemos que ir a dar un vueltón que no te cuento…

-Gabo, cámbiate ya, se te va a pasar la salida.

-¡Ya voy! ¿Qué no ves que vienen muchísimos coches? ¡No me dejan pasar!

-Pon la direccional y vete metiendo…pero ya…¡ya Gabriel! ¡Cámbiate de carril ya!

Pone la direccional pero no cambia de carril.

-¡Carajo, me voy a pasar, ya casi llegamos a la salida, no me puedo pasar… ¡me paso!, ¡te digo que me paso! Me tengo que cambiar a tiempo, pinches coches, me paso, no puedo…ya me voy a pasar, ahorita me cambio…, ¡ya casi me paso!¡saca la mano! Ya, ya va, voy, me lanzo…no pude, puta madre, no me pude cambiar de carril…me pasé, ya me pasé, ¿ya viste? ¡Me pasé! No lo puedo creer…¡me pasé! ¿Por qué no me avisaste a tiempo?, ¡carajo! ¿Y ahora qué? Ya me pasé…

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Tranquila, no te enojes que no sirve de nada…paciencia, que entre más se ponga nervioso, más tarde vas a llegar…

-Si, si ya vi que te pasaste, pues ni modo, tenemos que ir a dar la vuelta hasta la próxima salida.

Pero ya apúrate por Dios Santo…necesito llegar a tiempo…llevo preparándome para este día desde hace semanas…imaginando cada segundo, cada abrazo…La sonrisa que llevo puesta desde que supe que iba a ir me delata…por suerte que salimos con tiempo…no pasa nada, solo he perdido unos minutos…

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Por milagro hubo un espacio de varios segundos sin coches en el carril de la derecha y pudimos cambiarnos despacito, con mucha calma, minutos antes de que llegara la próxima salida.

Sí. Gabriel lleva apenas unas semanas manejando. Adivinaron. Y se pone bastante nerviosito al volante.

Hay que tratarlo con pinzas porque si no puede ser fatal. Y queremos llegar a tiempo. Los dos.

El tendrá sus razones. Las mías son bastante obvias… Voy a ver a mis amigas.

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Finalmente llegamos. A tiempo.

Diez días en México. Sola. Desde que nacieron mis tres hijos nunca he viajado sola tanto tiempo. Con mi marido unos días. Qué también se agradecen. Con los niños vamos para arriba y para abajo, y no me quejo, me encanta viajar con mis hijos, pero sola, lo que se dice S-O-L-A, más de unos días, es la primera vez.

Diez días que para algunos será muy poco. Para mí es un lujo. Una eternidad que pienso disfrutar al tope.

Así es que llegando al aeropuerto me despido de todos rapidito, les digo que los amo y los voy a extrañar (que es cierto…) y me voy a empezar mi viaje.

Paso migración sin chistar. Ni me importa quitarme los zapatos, la chamarra, todo…¿qué mas quiere señorita? ¿Un besito joven?

¡Estoy feliz! Me siento a desayunar en “La Brioche Dorée”. Es tan temprano que finalmente tengo tiempo. Con todo y que Olivier se equivocó de salida llegué con mucha anticipación.

El aeropuerto de Lyon es chiquito y súper agradable. Hay gente pero no haces horas de colas en ningún lado, como en Paris o en Frankfurt, mi próxima escala.

Veo a todo el mundo como desde una pantalla de tele…están pero no están. Yo floto, ellos caminan. Yo canto, ellos hablan. Yo suspiro, ellos respiran. Yo amo a mi prójimo…ellos, no sé. Quiero abrazarlos a todos y contarles mi vida; la suerte que tengo de tener a un suegro que se pudo quedar con mis hijos, que él y su novia ya no trabajen es una bendición para mí. Que aunque no es para nada el momento en lo que a finanzas se refiere y Olivier tiene trabajo para dar y regalar, entendió perfecto mi necesidad de ir a México en este momento. Que tuve que organizar mi trabajo, las actividades de los niños, cancelar y cambiar citas, dejar una lista gigante por día de lo que cada uno de los tres hace (y deshace)…uff, señor, no se imagina todo lo que hice para estar aquí hoy sentada en la mesa de al lado a la de usted y sus colegas; porque seguro ustedes viajan por negocios, se les nota a leguas, pero yo no, yo viajo por el puro placer, porque una de mis grandes amigas de la infancia se casa y voy a la boda junto con todas mis amigas porque fíjese que no hemos estado todas reunidas desde hace veinte años. Sí, le cuento que yo vivo en Francia, y luego otra vivía en Inglaterra, y hay una que vive en Austin, en Estados Unidos, y otra en Cuernavaca, y así, no hemos logrado coincidir todas en México… ¿cómo? ¿ya, tan rápido se van? Pero si no he terminado mi historia…uy, qué mal, y usted, señora de allá con los dos chiquitos…buena suerte querida…la entiendo perfecto, aunque me vea aquí solita y sonriente, tengo tres hijos y créame que tengo experiencia en eso de los viajes con niños…y la viejita de allá con esa carota…¡sea feliz señora!

Estoy echando el chal tan a gusto conmigo misma que ni cuenta me doy que el tiempo pasa y ahora si tengo que correr a encontrar mi sala y subirme al avión…

Qué llegue con bien, qué no me pase lo de Malaysia Airlines, qué no se pierda mi avión en medio del océano. Qué no pase nada de nada. Qué los niños no se enfermen mientras yo esté en México, qué se porten bien. No bueno, ya cállate y deja de pensar tonterías, por Dios, disfruta y ya.

El primer vuelo ni lo siento. Llego a Frankfurt y tengo que caminar (entre un olor penetrante a salchichas y pretzels gigantes) las dos horas que me quedan (estoy exagerando, pero sí caminé un buen…) para ir a tomar el otro vuelo.

Aprovecho para mandarle un mensajito a Olivier: Sigo viva, todo bien. Estoy en Frankfurt. Los Quiero, Lo.

Por fin entro al avión que me llevará directo a mi México, Lindo y Querido…

-Good Morning.

-Good Morning Madam, straight and then to the right. Thank You, have a good flight.

-Thank You!

Sí. No voy en el segundo piso…Voy en el primero, con los de economy class, con los que van aplastados. Sí, ahí. Y la señorita azafata habla inglés porque es de Lufthansa, que fue lo que encontré más “economy”. Me vale. Tengo un lugar en pasillo, y eso es lo más importante.

Ya con poderme levantar cuando yo quiera sin tenerle que pedir al gordo de al lado que se levante, pero pequeño problema, está dormidote roncando o a la señora que babea y se te echa encima, o étcera étcera… ya es más que perfecto.

Soy claustrofóbica. Y no crean, ya me ha pasado, en mis épocas de timidez (que gracias al cielo se fueron muy lejos hace ya varios años) estar encerrada entre dos seres sospechosos que duermen tranquilamente todo el vuelo mientras que yo tengo que hacer malabares para saltarlos o me tengo que parar (si, parar) en el asiento para tomar aire y hacer respiraciones para tranquilizarme cuando me dan mis ataques…Ya con los niños no me pasa tanto, aún cuando he viajado sola con ellos en varias ocasiones pues ya somos cuatro…casi siempre nos dan toda la fila de en medio, o dos y dos…aunque en ese caso si he tenido problemas… Me pasó una vez que me dieron ventanilla y el de en medio y Mateo y Paola estaban como cinco filas más atrás (también en ventanilla y en medio) y la señorita que iba sentada en el pasillo no me quiso cambiar porque según ella no dormía y se levantaba mucho…y en cuánto despegó el avión ella no dormía…roncaba, y de lo lindo. La odié.

En fin, esta vez es diferente…tengo pasillo y estoy sola. ¡Yes! ¡Y por obra del espíritu santo no tengo a nadie al lado! ¡Doble YES!

El avión despega y yo ¡a gusto! Puedo ver la peli que yo quiera, sin interrupciones…me puedo dormir, puedo leer, pensar, hacer nada…todo al mismo tiempo…¡decido yo solita! ¡Ja!

-Something to drink?

-Yes please…Some red wine please. (¿Podrá usted por favor dejarme toda la botella? Es broma…)

-Thank You.

Vinito. Comida, hasta eso, pasable. ¿Más vino?, muy amable, un poquito más, si. ¿Un baileys? Si, nos lo echamos, ¿por qué no? Té, si también, gracias.

Una siestecita, órale, gracias, estoy cansadita…ya luego veré películas.

-Yes, Madam, please, your seat, we are about to land.

-¿Qué? ¡Mateo, déjame dormir!, ¿qué haces? ¿Dónde está Luca? ¿Y Paola?

-Madam, your seat, please…

¡Ay, Chihuahua! ¿Pero dónde estoy? ¿Quién es ese? No pero bueno, si estoy en el avión, ¡me quedé profunda! ¡Qué cosa!

-Yes, yes, thank you.

No vi pelis, ni leí, ni nada de nada. Dormí. Me puse jarra celebrando yo solita y me dormí. Todo el vuelo. NO LO PUEDO CREER…Nadie me habló, me pidió que le cambiara el canal de la tele o la película, que le pusiera un juego, que lo llevara al baño, que “x”, “y” o “z”. Nada…WOW…

Tengo la suerte de tener el pasaporte francés y el mexicano. Mientras los mexicanos hacían cola en Frankfurt, yo pasé rapidito migración por la ventanilla de los “Europeos” con mi pasaporte francés, y mientras los franceses hacen una cola enorme en migración en México yo paso rapidito con mi pasaporte mexicano…

Perdón…ya se que suena muy mamón…¡pero lo tenía que decir!…

En dónde si me tardé horas fue en recuperar mi maleta…Creo que fue la última en salir…Todo el tiempo que me ahorré con lo del pasaporte lo perdí en la espera…Ni modo. Eso me pasa por presumida.

Le entrego el papel de la aduana a la señorita, le aprieto al botón (para los que no saben, en México hay que apretar un botón antes de salir con tu equipaje: si te toca verde sales sin revisión y si te toca rojo ya te fregaste porque te van a abrir todo…un desmadre…) y me toca verde…uff!!

Y ahora a encontrar a mi santa madre entre todo el mar de gente que hay afuera esperando…

Tienen que saber que al mismo tiempo que llega el vuelo de Lufthansa, llega también el de British, el de Iberia y varios de Estados Unidos y otros no se cuántos más…Lo que hace que ya para entregar el dichoso papelito de la aduana a veces haces horas de cola y luego hay millones de personas esperando afuera. Algunos con globos, carteles, flores, porras de bienvenida…toda una experiencia salir del aeropuerto de la Ciudad de México.

Por fin la encuentro y como puedo me acerco a ella. Le doy un abrazo apretado (entre el gusto de verla y el apretón de las otras miles de gentes que quieren salir al mismo tiempo que yo) y nos vamos al estacionamiento.

Ni idea tenía de que llegaba en un puente (el lunes no se trabaja) Hoy es viernes, son las ocho de la noche y no hay tráfico. Increíble…México me recibe con los brazos abiertos.

Llegué una semana antes de la boda para recuperarme del cambio de horario y estar como nueva ese día, así es que tengo planes mañana, tarde y noche casi toda la semana. Pienso aprovechar cada segundo y ver al máximo de gente que pueda. Tengo un poco de gripa que me queda de la semana pasada, pero da igual, nada me va a impedir disfrutar mi viaje al máximo…

Sábado

Desperté tempranito con el canto de los pajaritos mexicanos…qué bien.

Desayuno con mi mamá en San Angel. Salimos de su casa a buena hora, no hay mucha gente en la calle. Las jacarandas están en flor. Amo México. Amo las jacarandas. Quiero bajar y abrazarlas…Hace años que no las veía así. Emoción total.

Llegamos a San Angel. Uno de mis barrios favoritos de la Ciudad de México. Es lo primero que escogí hacer para que me caiga el veinte de que aquí estoy. En mi país, con mi gente. Con sus calles empedradas y sus construcciones coloniales. Más jacarandas. Hermosas, bellísimas jacarandas. Están montando los puestos del mercado. Se empiezan a ver los colores y texturas de las diferentes y tan variadas artesanías mexicanas. La gente se moviliza para que todo esté listo a tiempo. Nosotras desayunamos sin prisa en una terraza. Fruta: mango, papaya, sandía…jugo fresco de naranja con zanahoria. Pan dulce: una concha, mi favorito. Ya no puedo más cuando me traen unos sopes de la abuelita que no tienen abuelita…Me los como ya sin hambre…puro antojo del bueno…

Después de un buen desayuno mexicano, un paseo aún mejor. Caminar entre los puestos, curiosear, comprar dos o tres cositas por el placer, entrar y salir de tienditas una más linda que la otra, qué mas se puede pedir…

El tiempo vuela y tenemos que regresar a casa. Mamá planeó comida con toda su familia. También vienen mi hermano Hari y su novia Liz.

Compartí con muchísimo cariño esa tarde con primos y primas, tíos y tías a los que no veo casi nunca, pero a los cuales me dio muchísimo gusto ver. Cada quién contó un poco lo que hace, como está. Mi vida es tan diferente a la de ellos. Es rara la sensación de escuchar historias con las que no te identificas pero que vienen de gente que es familia.

Ahí dejamos a la familia y me toca teatro. Con Hari y Liz voy a ver la obra de teatro de Ursula, mi querida U. Me tocó la suerte de que tenga una obra en cartelera y hoy es el único día que la puedo ver. Así es que vamos. Empiezo a sentir los estragos del cambio de horario y del viaje, pero no importa. Seguimos. Llegamos temprano a la Colonia Roma. Qué maravilla. La Colonia Roma. Transformación total. No había visto todos esos restaurantes de moda, las tiendas, los edificios restaurados…una pasada!

La obra es en un teatrito nuevo que se llama El Bicho. Es una preciosidad. De ambiente totalmente íntimo (tanto, que podrías tocar a los actores) Como ya les dije, soy claustrofóbica y al entrar sí que entre un poco en pánico. Pero no… hay lugar suficiente para respirar, aunque si te dan ganas de hacer pipí entre tanto, olvídalo…

En fin. La obra se llama “La velocidad del zoom del horizonte”. Desde ahí dices un poco “what?” es una obra de ciencia ficción, me dice mi hermano, medio locochona, está padrísima. Ok. Va, ya había visto a U actuar varias veces y siempre me ha encantado lo que hace, así es que ni me cuestiono. Va.

No voy a hacer una reseña de la obra. No es para nada la intención. Solo diré que no sé si me gustó. O no. O sí. No sé. Ya estaba cansada. Uno. No soy una persona que se considera muy intelectual. Dos. No entendí muy bien lo que estaba pasando.Tres.

Hablando de tres. Saliendo de ahí Hari dijo que era la tercera vez que la veía y que está vez le habían cambiado algo y le había parecido UFF. Los actores dijeron que no le habían cambiado gran cosa. Yo creo que se necesita ver la obra tres veces para al fin entenderla toda. Lástima que no me dio tiempo de verla otras dos veces. Por lo pronto entendí una tercera parte. Buu.

Me reí, me encantó la puesta en escena. Pero también hubo momentos de sufrimiento casi insoportable, lo admito. En partes me sentí que la que estaba en un ovni era yo, como si estuvieran hablando en marciano y yo fuera un ser humano demasiado terrenal. Felicidades por tu actuación mi U, estuviste genial.

Y ya, después de ahí unas buenas chelas en Yubán… No me acuerdo del nombre de la que probé, pero sabía como a miel…un sabor muy, muy delicado y delicioso. Buena noche entre familia con botanas oaxaqueñas espectaculares…

Domingo

Día con papá. Ultra feliz de verlos. Lástima que el novio de mi hermana Clau estaba en el hospital…casi no la vi, pero al final se mejoró y eso es lo importante…Mis sobrinitos hermosos y de lo más chistosos…

Comí, comí, tomé cubitas y comí más…creo que voy a explotar y acabo de llegar…

Lunes y Martes

Querétaro

Fuerte experiencia. Maravilloso compartir, hablar, llorar, reír, caminar, entender…Lo necesitaba. Gracias. Querétaro hermoso, sus plazas, su gente, sus restaurantes…Probé la mejor ensalada de mango con nueces de la india con un aderezo que no sé que tenía pero te transportaba al paraíso. Parte esencial de mi viaje. No sé como ponerlo en palabras. Te quiero preciosa.

Lo que sí puedo decir es que durante el mini viaje dentro del viaje entendí dos cosas:

Una: Pasé de ser una mujer casada, independiente con tres hijos a una hija de familia y…definitivamente no se pueden tomar taxis. Mi mamá prefirió llevarme a la estación del Norte que queda hasta dónde el viento da vuelta a que me fuera en un taxi (era día festivo y no había ni una mosca en la calle, pero igual…). NO se pueden tomar taxis. Tú ya no conoces la ciudad, me dijo varias veces. Ya no es el México que tú conociste, México está muy peligroso, ni taxi de sitio. Solo los taxis que ella conoce, porque se los mandan de su seguro (¡los taxis seguros del seguro!). Te llaman y te dan el número de placa y el nombre del señor, pero mucho cuidadito con hablar de más…ni se te ocurra. Después de la primera vez que me subí con el bendito señor, tuve derecho a un interrogatorio: ¿Qué le dijiste?, ¿De qué hablaron? Bueno mamá, no sé, le dije que vivo en Francia y vine a una boda…¿Y qué más? Pues ya nada más, hablamos de cualquier cosa mamá…¿Pero por qué le dijiste cosas personales? No le dije nada mamá…no le di mi teléfono, si a eso te refieres…Qué chistosita ¿Sabes qué tiene mi dirección? No puedes hablar con él señor, por favor mi hijita…Pero es el taxi de tu seguro mamá…No importa, no le dices nada y punto. La siguiente vez que me tocó el mismo señor me preguntó cómo me había ido con mis amigas en la cena del día anterior y yo: Bien, gracias y punto. El resto del camino me fui viendo por la ventana…yo creo que pensó que estaba yo re loca. Y creo que sí. Entender esta ciudad si está de locos. Yo veo a todos viviendo su vida normalmente, con miedo, y al mismo tiempo como si nada…pero todos me trataron como la extraterrestre a la que hay que proteger porque no entiende nada ni sabe nada de nada…

Agrego que no me pasó absolutamente nada anormal durante el viaje, ni a mi, ni vi a nadie a quien le pasara algo…Pero tu vienes muy poco tiempo, no es lo mismo venir de viaje que vivir aquí…Tienes razón mamacita…Yo ya no soy de aquí…ni de allá.

Dos: Mi panza ya no es la de antes. Tanto chile y fritanga en tan solo 3 días casi me matan. Llegando a Querétaro pensé que me moría. Creo que llevo 3 kilos extras. Al paso que voy mi vestido va a explotar (o más bien yo voy a explotar el vestido de la boda…) uff…

Regresé de Querétaro casi sin voz, pero ya sin dolor de estómago. Me dirán que ya estoy vieja y achacosa y tienen toda la razón. Estoy muy enojada conmigo misma. ¿Cómo puede ser qué en MI viaje me pasen estas cosas?

Aún así el mismo martes vi a otras dos de mis grandes amigas.

Primero visita de una exposición de un amigo de la adolescencia del cual yo ya no me acordaba en el Club de Industriales (¿querían un lugar más extraño para reencontrarme con mis amigas del alma?- no se me ocurre otro…) Si. Muy divertido, pero extraño.

Luego cena en un restaurante abierto tipo terraza en Polanco. No me acuerdo del nombre. Muy padre, con música en vivo. Yo gritando toda la noche contándoles mi vida. Vodka tónic con mucho hielo. Risas, chisme, plática deliciosa…y gritos y hielo.

Miércoles

Despierto muy bien. Sin nada de voz, pero muy bien.

¡Qué! ¡Me quedan tres días para la boda y no tengo voz! Nada, niet, rien…NO VOZ.

¡Mamá! Necesito un doctor urgente…Imagínense decir eso, pero sin voz…díficil…

Mi mamá que es como maga, se saca rápidamente una doctorcita de la manga que me puede recibir inmediatamente…gracias Diioosss….y así casi en pijama me voy con ella a verla. Me recibe y me manda antibióticos y un jarabe y reposo y ya. Sí. Dije reposo. Lo cual significa no salir….vine a salir, a ver gente, a hablar…noooo….no quiero reposooooooo…..

Ese día todavía me fui a la Ciudadela de compras (que para los que no conocen, es EL mercado de artesanías de la Ciudad de México), así malita como estaba y a comer con Hari y Liz otra vez al Yubán (bueno, okay, el Yubán es el restaurante de mi hermano…y siendo muy objetiva, está realmente muy, muy delicioso, es Oaxaqueño y está en la Roma y está padrísimo y vayan todos!!!! 😉 ) y comí un mole amarillito maravilloso, tomé agua de pitaya -una variedad de tuna – SIN hielos y un postre de mamey con chocolate que te mueres…y luego después de eso yo sí que me estaba muriendo. Una migraña horrible y dolor en todo el cuerpo. No por la comida, que quede claro, si no por las malditas bacterias latosas y por no hacerle caso a la doctorcita. Así es que directito a casa de mi mamá a cancelar mi cena de esa noche…buu…no pude ver a mis amigas de la Universidad y sigo enojada por eso…

Por el whatsapp les platiqué a mis otras amigas de mis males y entre todas me dieron varias recetas que resultaron buenisísimas para recuperar fuerzas y defensas.

El jueves temprano directito al Superama a comprar la bomba atómica de vitaminas y de una vez todas las delicias que quería traer de regreso a Francia para los niños y Olivier.

El Superama es el mejor súper que existe. Este es nuevo y está muy bonito y lo mejor es que está en la esquina de casa de mi mamá. En la entrada tiene una charola enorme con jícamas, naranjas, manzanas, melón y mango cortados en pedacitos con limón y salsa valentina o chile en polvo…Me daban ganas de comerme todo pero solo probé un mango porque se me hacía agua la boca…no pude resistir la tentación tampoco en la panadería que tenían un panqué de zanahoria delicioso para probar. También en la salchichonería unas charolas llenas de rollitos de jamón y diferentes quesos…La gente muy bien portada probaba de a poquito…no lo podía creer, casi que puedes ir y hacer una comida completa con todo lo que te dan…

Lo que sí es que se me hizo que México está muy caro. Se me ocurrió comprarle a los niños las playeras oficiales de México del Mundial y cuando me dijeron el precio casi me desmayo. También los libros, los restaurantes y todo en general. Claro que encuentras todavía cosas más baratas que en Francia, pero si me pareció muy caro comparado con la última vez que estuve con los niños.

Bueno, sigo con mi historia. Total que me eché el coctél molotov y créanme o no pero al otro día ya me sentía mucho mejor y me había regresado casi por completo la voz. Ese jueves comí con mi papá y Alicia (la esposa de mi papá) en un lugar buenísimo un molcajete con arrachera, chicharrón, nopalitos, cebollitas asadas, chiles toreados…y una limonada SIN hielo. Platiqué muchísmo como pude con ellos. En la tarde me sentía fatal y tuve que cancelar mi plan de la noche otra vez…grr…tampoco pude ver a Rossana… Me dormí como doce horas seguidas y el viernes como por milagro les digo que ya me sentía casi bien.

Y llegó lo mejor del viaje…o lo que es lo mismo, para lo que vine a México en primer lugar.

Para empezar, ver a mis amigas de Televisa para comer ese viernes fue algo increíble. Me dio más que muchísimo gusto verlas. Me divertí de lo lindo en la comida, chicas, me hicieron reír como hace mucho no me reía. Maravilloso recordar viejos tiempos e historias…son una parte muy importante en mi vida y las quiero mucho…nos vimos poquito pero valió la pena…no dejemos pasar tanto tiempo…seguimos en contacto.

Y de ahí a casa de los papás de Ele.

Para pasar el fin de semana con mis amigas de toda la vida.

La emoción es la misma.

La misma que sentía cada mañana en el coche hace veinticinco años. Mis amigas eran la vitamina de mi día. Mis hermanas. Mis confidentes, mi todo.

Me bajo del coche corriendo. Cómo cuando manejaba Gabo. Además de las ganas de bajarme después de tantas emociones que me había hecho pasar, quería llegar. Verlas. Juntas nos divertíamos horrores, reíamos a carcajadas por todo y por nada, llorábamos, bailábamos, platicábamos, ligábamos, bailábamos, vivíamos…

La vida nos ha llevado por caminos tan diferentes… cada una ha tomado su rumbo, con su propia historia y sus propias experiencias. Solteras, casadas, divorciadas, con hijos, sin hijos, con trabajo, sin trabajo, aquí o allá…el tiempo ha pasado…pero el amor sigue intacto.

Voy a ver a mis amigas. No quiero decir que no las haya visto desde que vivo en Francia. Claro que sí. A unas más que a otras. Con unas he compartido más que con otras. Pero esta vez es diferente. Porque estamos todas. Todas las que éramos y las que somos. Todas juntas en el mismo lugar y al mismo tiempo. No falta ninguna. Y eso, créanme, eso es algo valioso. Y que se celebra.

Desde el momento en que las abracé el viernes hasta el domingo en la noche que regresé a casa de mi mamá, viví en un estado al que podríamos llamar “de pura felicidad”. Fueron momentos mágicos, de sonrisas que no quieren borrarse, de confesiones, de recuerdos, de reír hasta el llanto, de cantar, de bailar, de llorar de emoción, de amor puro, del bueno, del que no tiene precio.

Por la amistad. Brindemos.

Por lo de ayer…

Por lo de mañana…

Por lo de siempre 😉 …

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