Preparando la Candelaria

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Hoy hice tamales.

Bueno… hice es mucho decir. La masa ya estaba hecha desde ayer. Más bien rellené las hojas de maíz a las que alguien más le había embarrado dicha masa, con mole con pollo, con rajas con queso y con carne de puerco con salsa verde. Luego los cerré, como pude, y entre todos los pusimos a cocer en varias ollas express, a las que previamente les pusimos al fondo palitos y hojas de los árboles de alrededor, que por qué les dan buen sabor.

Estuve sentada junto a varias otras personas, qué como yo:

  1. Se sacaron el muñequito en la partida de la rosca.
  2. Nunca habían hecho tamales,
  3. o simplemente querían por unas horas, como yo, sentirse en casa.

Otras personas, que como yo, viven desde más o menos años fuera de nuestro México, lindo y querido.

Personas de diferentes ciudades, con diferentes historias y diferentes edades, que por una u otra razón nos encontramos hoy, en Lyon, y que gracias a la Asociación Mayahuel, y gracias a la familia Massez, que como siempre, nos abre su casa para reunirnos, nos hemos ido convirtiendo en una familia.

Una familia bien mexicana, que en la cocina hace y deshace al mundo. Que aprende a respetarse y a conocerse un poco más con cada receta que prepara. Que se ríe a carcajadas, que se cuenta sus penas y sus aventuras. Una familia como ninguna otra.

Una familia que mientras los tamales se cuecen, hace equipos para jugar al karaoke. Que pone la computadora en una mesa, entre las ollas y los exquisitos aromas, y canta a todo pulmón canciones de Flans, de Menudo (con coreografía incluida, por favor), algunas otras viejitas, y por supuesto, otras también en francés. Y mientras canta y baila se da cuenta de que huele a quemado. Y que nadie se fijó que a una olla le faltaba agua, y que acabamos de inventar los tamales “ahumados”.

Ahumados, pero llenos de amor y alegría.

Hoy hice los tamales más divertidos de mi vida.

Agradezco estar aquí. He aprendido tanto de mi México desde la distancia.

Gracias querida familia Mayahuel.

Gracias por tanto...

 

tamales-1

 

Feliz Año Nuevo

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Luca y yo vamos caminando por la calle de regreso de la escuela.

Luca: Mamá, tu crees que algún día exista la tele-transportación? (no sé se así se dice pero así me preguntó)

Yo: Pues puede ser mi amor, a lo mejor cuando tú seas grande… Lo que sí no creo es que a mí me toque ver algo así.

Luca: Pues sí.

Yo: Pensativa.

Luca: Pensativo.

Y así seguimos caminando por la calle calladitos, cada uno perdido en sus meditaciones sobre el tema.

No, porque no es cualquier cosa. Ya de por sí me cuesta trabajo entender el funcionamiento de muchos de los gadgets de hoy en día (por no decir de casi todos, para de plano no quedar en ridículo total frente a ustedes) como para ahora imaginarme cómo diablos podría funcionar la tele-transportación. Veo al lado mío a mi Luqui completamente concentrado y me imagino perfecto la máquina ultra sofisticada en la que está pensando, tipo la de la peli de Los Nuevos Héroes o algo aún más revolucionario.

Yo más bien me imagino algo parecido a un Fax.

De inmediato mi memoria me lleva a los años noventas cuando empecé a trabajar en la Ciudad de México. Hoy confieso que la primera vez que vi un fax sentí como escalofríos. Mi nulidad frente a la tecnología no es reciente. A primera vista parecía un teléfono un poco más sofisticado. Pero ya viéndolo más de cerca no estaba tan sencillito el asunto. Varias preguntas, que por supuesto no me atreví a hacer en su momento, vinieron a mi mente:

  1. ¿En qué sentido se mete el/los papel(es)?

  1. ¿Se mete(n) antes o después de marcar el número de fax?

  1. ¿O se mete(n) al momento de escuchar ese ruido maquiavélico que más bien parece que estás contactando con alguna tribu de extraterrestres?

  2. Si son varios, ¿se mete uno por uno o todos a la vez?

  3. ¿Qué demonios va a pasar con mis documentos? Porque aunque me reí a carcajadas cuando un tiempo después mi mamá me pidió que mandara por fax unos documentos y me dijo como tres veces que por favor les sacara fotocopias, y yo viéndola con mi cara de ¿what? le pregunto que cómo para qué les saco fotocopias ma, y ella muy segura de sí misma, pues porque son papeles importantes y no quiero que se vayan, prefiero que mandes una fotocopia y yo por Dios mamá, ¡tus papeles no se van a ir a ningún lado! la verdad es que sí, a mí también me quedaba la duda la primera vez. ¿Y si se van? ¿Y si se los come la máquina? ¿Y si se pierden en el cosmos?

  4. Y ya que me di cuenta que en efecto los documentos seguían en mi posesión después de mandar el bendito fax: ¿Cómo puede ser? ¿Es magia? ¿Cómo puede salir una copia exacta en el otro fax? ¿Cómo funciona esta cosa?

Y así con la teleportación. Sería el mismo principio misterioso: me meten en una especie de Fax. OK. Y luego llega allá una copia exacta de mí misma, mientras mi otro yo sigue mi vida aquí. Cómo funcionaría, no sé bien (o más bien: no sé, punto). Pero funcionaría y eso es lo importante.

Imagínense:

  • Voy a visitar a mis papás, y les doy de cenar a mis hijos.

  • Doy una vuelta al tianguis, me como una gordita de chicharrón y estoy sentada frente a mi computadora escribiendo.

  • Desayuno con mis amigas en la Roma y llevo a Paola a la natación.

  • Voy a cenar con mi hermana en Coyoacán y duermo tranquilamente al lado de mi maridito en Francia.

¡Las posibilidades y combinaciones son infinitas!

Y soñar no cuesta nada.

¡Feliz Año Nuevo!

Sueñen.

Qué sea un año próspero. Amable. Dulce, pero picante a la vez.

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Dos informaciones importantes (bueno, tres):

  1. Los extraño demasiado.

  2. No puedo seguir abandonando mi blog (aunque la idea del libro sigue).

  3. Mientras me atragantaba con las uvas en año nuevo, me vino claramente el mensaje divino: TIENES QUE VOLVER A ESCRIBIR EN EL BLOG. Así es que aquí estoy. Aquí seguiré. A ver qué se me ocurre. Ideas hay muchas. GRACIAS por estar.

fax