Se acabó el veinte

Estándar

Se me acabó el veinte. Pero no como cuando tenía que tener muchas moneditas para llamar en un teléfono público y en el último segundo ni me podía despedir porque ya no me alcanzaban y me quedaba toda frustrada. No. Esta vez el tiempo se acabó suavecito. Pude disfrutar cada segundo, sin anhelar más. Y consciente de no querer más. Por primera vez fui a México sin idealizar. Logré observar todo con detalle y admiración, me impregné de los colores, de los sabores, de la gente. Eso. Sobretodo de la gente. De su amabilidad. De sus sonrisas. Amé platicar con personas tan sabias, tan ingenuas, tan divertidas. Con la señora del restaurante Yucateco, que tan linda me dio la receta de su maravillosa agua de horchata. Con Reina y su hija Yesenia, con Doña Leo, con Mari, mujeres que además de tener excelentes conversaciones y consejos, son las mejores cocineras (ceviche de Acapulco, salpicón, sopita de verduras, chilaquiles verdes picositos, enchiladas, molletes, huevos a la mexicana, tlacoyos rellenos de requesón, pastel de elote, de manzana, flan…uff…no sigo porque se me hace agua la boca). Con los diferentes taxistas que nos tocaron (el que nos contó la historia del centro de Tlalpan; el que me llevó por toda la Colonia Roma para buscar cambio y me regresó al restaurante al que iba a cenar sin cobrarme nada extra; los diferentes choferes de Uber: gracias por las botellitas de agua, por los dulces, y por las palabras siempre atentas). Con la pareja del metro que estaba al lado de nosotros. Escuche con atención las historias de los voladores de Papantla; a Don Jesús y a Leonardo. Admiré sus bellísimos trajes, bordados a mano por ellos mismos (y por sus esposas, ¡aunque les costó admitirlo!). Reí con los marchantes del mercado de Tepoztlán, agradecí sus explicaciones y sus historias. Tuve tiempo de ver y disfrutar a casi todos mis amigos. Siempre se puede hacer más, claro está…pero bueno…se hizo lo que se pudo. De darme cuenta de que el cariño de tantos años sigue intacto. Que aunque mi vida es otra hoy y a veces me costaba trabajo seguir las conversaciones los sigo queriendo igual, y me sigo divirtiendo igual y saber en qué anda cada uno y que están bien fue increíble. Y me di cuenta, gracias a mis hijos, de que tengo muchas amigas que se llaman Mari algo: Mari, Maribel, Marisa, Maricruz, Marichu, Marimar…y también, gracias a mis hijos, por fin entendí el sentido del diminutivo “ito/ita” en México: “Mamá, aquí la gente te ofrece una “cubita” pero te sirve una “cubota” en un vaso enorme, ¡especialmente abuelito Carlos y Ana Laura!” Cómo me reí con eso. Fue maravilloso verlos a todos. Aquí hago una “pequeña” pausa en mi relato. Es necesario. Anita y Gerardo, los adoro. Amé como se llevan con mis hijos, no hay palabras para explicarles lo que sentí cuando vi a Mateo abrirse a ese grado con ustedes, reír a carcajadas con la historia de los punes. Gracias por tanto. La noche de los vídeos no se me olvidará nunca. Ya los extraño. Y Clau…eres lo máximo. Ana Pau y tú son únicas. Las quiero tanto…no sabes como te agradezco la confianza que me tuviste al mandarme a tu niña, que ahora es parte de esta familia. Paola, Marichu, Vero, gracias por la cena tan padre, ¡las quiero! lástima que no nos vimos más. Ga y Gus, nos encantó verlos tan bien y felices. ¡Te quiero amiga! A ti, a Ele, a Mari, a Ga, a Ana…me hubiera encantando disfrutarlas más, pero pude abrazarlas y eso es lo importante… Maribel, no hubiera podido irme sin verte. Te quiero… gracias por invitar también a Paty, amé verlas. Maricruz y Marisa, cómo siempre, un placer compartir con ustedes, ¡las quiero! Isabelle y Blanca, simplemente gracias. Isa, eres mi amiga francesa más mexicana y te adoro. Fue padrísimo ver a Paola y a Andrea juntas. Y Blanquita. Te quiero y te admiro tanto…eres una guerrera y verte fue un regalo. La plática que tuvimos en Tepoztlán me abrió los ojos, no sabes cuanto. Gracias a ti veo mi vida de otra forma. Fuerza y toda, toda la luz para ustedes. Faby, qué bueno que pudimos verlos antes de empezar su nueva aventura. Eres un ejemplo. ¡Disfruten al máximo de Playa del Carmen! Márgara, gracias por venir a verme. Era necesaria esa plática. Blanquita Martínez. Me encantó verte, desde siempre te he considerado como alguien muy especial. Eres una mujer espectacular. Sin saberlo, eres parte de las personas que me hicieron darme cuenta de los cambios urgentes que tengo que hacer en mi vida. Y ya dejo aquí mis declaraciones de amor. Aunque me falta hablar de mi familia. Amo a mi familia. A lo mejor no lo digo lo suficiente, pero es la verdad. Amo a cada uno de sus integrantes. Con sus virtudes y sus defectos. Y con todo y ese amor, acepto que la convivencia intensa es un arma de doble filo, pero es lo que hay. Me gustaría tanto poder ir a México más seguido y menos tiempo…poder ir a una comida familiar, pasar un rato con mi mamá y mis hermanos, o con mi papá, Alicia y mis hermanas, y luego regresarme a mi casa a dormir y volverlos a ver en unos días o en unas semanas y así…pero no es posible. Lo que hace que pasemos de no vernos nada, a vernos a la máxima potencia durante un tiempo más largo. Tengo que decir que para mí, acostumbrada a estar sola con mis hijos, en un principio es maravilloso, pero luego a veces al pasar los días puede haber tensiones normales con los miembros de la familia, lo que puede resultar frustrante, porque sé que no los volveré a ver antes de no sé cuanto tiempo…pero en fin, todo este rollo para decir que amo a mi familia, que adoré estar con ellos, ver a todos mis sobrinos tan bien, tan padres, y sobre todo, ver la relación entre los primos…ya sea con los chiquitos o con los grandes, no cabe duda que el amor es fuerte, muy fuerte y eso es algo que no tiene precio. Conocer al pequeñín de la familia, que ha venido a llenarnos de luz y alegría, a enseñarnos que la vida siempre gana, que el amor no tiene límites y que en nuestros corazones el espacio es infinito. Ver a mis cuatro hermanos y a mis cuñados, abrazarlos, sentirlos cerca. Sentirme orgullosa de formar parte. Y sobre todo, sentir el amor de mis papás, haber tenido la oportunidad de disfrutarlos y de verlos compartir con sus nietos. Y sí. Aunque me gustaría que fuera más seguido, tengo la suerte de que haya sido. Ya se repetirá cuando se pueda. Porque así es. Punto. Yo vivo aquí y ellos allá y no sirve de nada lamentarse. Esta vida que tengo la escogí yo. Nadie me obliga, y este, precisamente este viaje a México me lo recordó más que ningún otro. Me recordó eso y otras cosas que aquí les comparto:

  1. Vivo en Lyon porque quiero.

  2. Puedo pasar el resto de mi vida “sufriendo” y “extrañando” México o puedo ser feliz con lo que tengo hoy. Yo decido.

  3. Porque eso. La vida es HOY. No puedo saber lo que va a pasar más tarde, ni si voy a tener otra oportunidad para hacer las cosas. Así es que a hacerlas. Punto.

  4. No va a venir nadie a tocar a mi puerta con las soluciones a mis problemas. Las tengo que encontrar yo. Salir y encontrarlas.

  5. En esta vida hay que chingarle. No hay de otra. Justo hoy por la mañana me decía mi niña: “mamá, una campeona no nace, se hace, lo dijo Ona Carbonell, la capitana del equipo de natación sincronizada en España, y tiene razón, ¿verdad?” Claro que tiene razón.

  6. No hay edad límite para cumplir los sueños.

  7. Solo hay que despertar. Ya.

En este momento se estarán preguntando ¿a dónde viene ésta loca con sus declaraciones de amor, sus confesiones y su terapia personal? Pues a decirles que gracias a todo lo que acabo de escribir y que aprendí en este viaje; gracias a este blog y a ustedes que amablemente se toman el tiempo de leerme, y gracias a mi esposo y a mis hijos, hoy voy a cumplir mi sueño más grande que es escribir mi primera novela, y sobre todo, terminarla. Lo antes posible. Para poder llegar a mi meta que es tener un primer manuscrito para Navidad, tengo que darle prioridad absoluta al libro, lo que quiere decir que voy a tener que dejar el blog en “stand by” estos meses. No me olvido de ustedes, al contrario, quiero pedirles su apoyo y pienso hacerlos partícipes de mis avances en la página Facebook de Vivo Aquí, pero soy de Allá cada quince días más o menos. Sin mis relatos y sin ustedes nunca me hubiera atrevido a dar el paso. Por eso les estaré eternamente agradecida.

Ahora es cuando les digo hasta muy pronto (con lagrimitas de emoción en los ojos), esperando que sigan ahí cuando termine mi obra, listos para comprarla (porque sí…no solo se vive de amor y agua fresca chicos…) ¡y ayudarme a hacerle promoción, si es que les gusta, por supuesto!

Gracias por estar…

Lorena

Telefono de monedas

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