Viaje en Metro

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Todo parecido con la vida real, no es una coincidencia.

A quien le quede el saco…

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Disfraz de metro. Ok.

No, mejor vuelvo a checar, uno nunca sabe:

  • Anillo de compromiso, joyas y tarjetas de crédito en la caja fuerte. Listo. No, es que mejor prevenir que lamentar, la neta. La chacha es de confianza, pero igual, no hay que dejar tentaciones.

  • Cola de Caballo. Listo. Mejor no traer el pelo suelto, así se ve menos mi nuevo color.

  • Maquillaje. Cero. El chiste es pasar desapercibida.

  • Ropa Vieja. Ok. Bueno, en realidad no es VIEJA, obvio no tengo ropa vieja, dígamos lo menos “nice” posible, pues.

  • Bolsa chiquita solo con lo básico (celular, no puedo vivir sin él y además mi honey me pidió que le avisara en cuánto llegue allá, mi vida, se preocupa un buen por mi), desinfectante, básico, y el monedero, pa’ las propinas y cualquier cosa que se ofrezca.

  • Billetes escondidos en el chon. Ya. Y hasta le puse un segurito súper bien amarrado a la bolsita para que no se safe. No, es que no quiero que me pase lo que me contó Menganita que se fue al centro el otro día, ultra disfrazada y todo, pero igual la descubrieron (digo, aquí entre nos… estoy segura que a leguas se notaba que no venía al caso rodeada de toda esa gentuza) y el caso es que le robaron todo su dinero. Bueno, no se lo “robaron”, más bien ella se lo dio a un tipejo que le dijo que le tenía que pagar antes de que le trajeran la mercancía, y claro, luego ya no se apareció ni él, ni la mercancía, “obviously”. También, es que a quién se le ocurre pagar antes de que te enseñen la mercancía, y en un puestucho de la calle. Aquí y en China pasaría eso, seguro. Pero bueno, yo no soy tan mensa. Voy súper bien protegida, la verdad.

Ya, me voy antes de que me arrepienta. Nadie critica a mi país, ese viejo payaso horroroso que ni digo su nombre porque nada más de pensarlo se me retuerce el hígado. Primero diciendo que todos los mexicanos son delincuentes y gente violenta. Ja. Claro… y ahora con su pinche muro y los impuestos y no sé que tanta madre. Que se vaya a la chingada. No nos conoce bien como somos de solidarios los mexicanos. Por eso decidí ir al mercado de la Merced hoy. Y en metro, porque me da miedito llevar mi camioneta y dejarla quién sabe en que estacionamiento cochino, seguro me roban algo. Mejor no. Pensé irme en Uber, pero ya si estoy en esto, lo hago como todo el mundo. Bueno, okey, no como todo el mundo, pero bueno, yo me entiendo.

La última vez que me subí al metro fue en París. Nada que ver. Aunque en un momento había tanta gente que a Sutanita le abrieron la bolsa y le sacaron su celular. Ella ni enterada, hasta que estábamos en pleno Champs Elysées y quiso usar su teléfono para tomar una foto se dio cuenta. Fue una sensación muy desagradable, pero bueno. No se puede comparar. La gente no es la misma y París es París. Ahí si todo el tiempo nos movimos en camión y en metro. Digo, es el primer mundo, eso que ni qué.

¿Y ahora aquí qué? Yo muy macha y ya ni sé por dónde hay que entrar o qué. Nunca había venido sola. Ahora si me pasé. Obvio no vengo en hora pico, eso si ni loca. Ahí está la taquilla, le pregunto a la señorita.

O sea, quiubo, le tipa está desayunando. Hellou… típico de este país. Por eso estamos como estamos.

  • Buenos días señorita, ¿me puede explicar por favor cómo hago para ir al metro Merced?

  • ¿Señoritaaa, si, la molesto?

Trágate el bocado pinche naca, no manches, ¿si, de plano? Y ¿qué, traigo monitos en la cara o porque motivo o situación me ves así? Y luego se quejan de que no tienen un trabajo decente…

  • Okey, en la línea uno entonces, ajá, ¿la rosa? ¿Hago cambio en dónde? Y ¿Cuánto le debo por un boleto ida y vuelta? No, no tengo tarjeta señorita, nunca uso el metro, pero bueno, deme una, uno nunca sabe. Si, pues póngale de una vez veinte pesos, aquí tengo monedas, tenga, le pago.

Cinco pesos el viaje. O sea, nada. Me acuerdo que en Paris pagamos dos euros, wow. Cuarenta pesos más o menos. Qué cosa…pero bueno, allá si está todo súper cuidado, se ve que sirve de algo lo que pagas, en cambio aquí, ve nomás, una limpiadita no caería nada mal…

Por suerte no hay mucha gente, pero igual, me da cosita, la verdad, estoy bastante nerviosa. La bolsa la traigo súper apretada, no vaya a ser la de malas. Y bueno, ¿qué es esto? ¿No puede haber más escaleras? Ya no voy al gym al rato ¿eh? Me duelen las pantorrillas, que chafa, podrían poner más escaleras eléctricas, no manches.

Igual me voy hasta adelante, prefiero ir en los vagones que dice ahí para mujeres y niños. Ya me imagino el desastre aquí cuando hay el gentío, que horror. ¿Y tú que? Habiendo tantos vagones te tienes que poner justo aquí. Quítate por Dios. Uff por suerte ahí viene.

Mejor ni me siento. ¡¿Pero, qué pasa?! ¡Casi salgo volando! ¿qué es esto? ¡Dios de mi vida! Pinche chofer, esto va rápisidimo, deja me agarro bien fuerte, y luego por supuesto me limpio súper bien las manos, seguro esto está lleno de bichos. No, no es cierto… yo cayéndome y checa esas maquillándose en plena montaña rusa. ¿Qué, será una vieja costumbre? Neta, todas se vienen pintando, que ridículas. Hasta creen que se van a mejorar…con tanto maquillaje más bien parecen payasos. Y ya, ni digo esa palabra que me recuerda al nefasto gringuito ese que se la pasa criticando mi bello país.

¿Y eso? No bueno, lo que me faltaba, un grupito de música, qué les pasa, y además ranchera, por supuesto, y para colmo desafinan. ¿No lo pueden hacer un poco más fuerte? Y no, no lo puedo creer, checa todas las nacas felices, aplaudiendo, claro, para ellas es EL show, gran espectáculo.

  • ¡Esto está para dejar sordo a cualquiera!

No… ¿Dije eso en voz alta? ¡Me van a linchar, ya lo veo venir, mejor me bajo, total ya falta una estación, me cambio de vagón y ya.

  • El que se enoja no puede ser feliz.

  • ¡Parece menopáusica!

  • ¡Pero sin tratamiento!

Si no viniera sola me regresaba, te lo juro, pero no quiero problemas con esa gentuza, seguro se me vienen encima todas, si son re montoneras. ¡Se atrevió a decirme menopáusica! o sea ¿cómo, qué le pasa? Todas mis amigas me dicen siempre que me veo súper joven y además tengo cuerpazo y esa se atreve a decirme vieja, porque seamos honestas, eso me dijo, vieja podrida. ¿Cómo se atreve esa gorda prieta a decirme esas cosas, a mí?

Mañana mismo hago cita para mi tratamiento de botox, no, definitivamente esto no me vuelve a pasar. ¿Y luego? Por estar pensando tonterías ya no sé ni para dónde queda el pinche mercado ese. La próxima vez me hago menos la valiente y busco uno más cerca de la casa, total, tianguis, mercado, la tiendita de la esquina, da igual, ¿no? Con tal de no ir a Walmart y a Costco. Nadie podrá decir que no participé como buena ciudadana.

Por fin, ahí está, parece una ciudad entera, que bárbaro, está gigante esta cosa. Entro, compro, me salgo y me regreso. Ya cumplí.

Whatsapp

Yo

Hola amor, ya llegué. Todo bien. Besitos

Él

¿Segura que estás bien? ¿no quieres que te mande al chofer? Ya regresó del banco, puede ir por ti si quieres.

Yo

No, te dije que yo puedo hacer esto sola. Nos vemos en la casa.

Lo dije y lo cumplo.

  • ¿Qué le damos güerita? Pásele, todo esta bien fresquito, ¿quiere probar los aguacates? Son para hoy.

  • Solo si son mexicanos marchanta, vengo a demostrarle al mundo que los mexicanos podemos, ¿verdad? Deme un kilo de aguacates, uno de tomate verde, y también quiero cilantro, y fruta pero que esté bien buena, también mexicana ¿eh? Una papaya, un kilo de guayabas, limones bien jugosos y también deme 3 jícamas.

  • Serían doscientos treinta señito.

  • Sí, cómo no, péreme, ahorita se los doy.

Pero qué pendeja, ¿y ahora cómo saco el dinero? Eso me pasa por andar de desconfiada, nimodo que me meta la mano por ahí, ¿qué va a pensar esta señora? ¡Qué bruta!, qué hago? No me atrevo a ir al baño aquí, si es que hay, debe estar hecho un asco, no.

-¿Sabe qué, ahorita regreso, me guarda las cosas?

Ya, ni le doy explicaciones. Total, ya vendrán más clientes, yo qué, no es mi problema ¿no dicen que la intención es lo que cuenta?

Uff.. ahí está mi Uber.

merced

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La Pastorela

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Ya sé que te lo prometí virgencita. Créeme, lo sé mejor que nadie… Y te juro, en buen plan, pensaba cumplir mi promesa, de veras.

Neta. Sabes que no fue mi culpa.

Es que también, a quién se le ocurre ponerme a mi en tú papel. Si ya saben como soy pa’ que me invitan caray…

Ya me latía desde que saqué el bendito papelito que me estaba metiendo en problemas. Me podría haber tocado ser una pastora, o un diablito, o ya de perdis una oveja o uno de los peces en el río. O por qué no, la campana sobre campana o ya, de plano el burriquito. Si hasta recé mientras lo abría y ni así me libre de la sentencia.

Ahí clarito y en letras mayúsculas estaba bien marcado: LA VIRGEN MARIA.

Ya mejor hubiera estado que dijera: YA TE PUDRISTE MANUELA.

No, porque yo cuando me meto a algo, o lo hago al cien, o mejor nel. Ni le entro. Se lo dije directito al Javi cuando me invitó a participar en la pastorela:

-Si le entro, ensayamos y toda la cosa ¿eh?, me aprendo el papel como se debe y hasta me porto así como Dios manda en lo que es la pastorela, te lo juro por esta.

Y claro, en lo que decía te lo juro por esta me besé la cruz que estaba formando con mis deditos.

Lo que no sabía en ese momento, porque claro, como diablos podía yo saberlo si nunca en la vida había querido participar el muy canijo, es que él, si, él, el mismo que me quita el sueño y con el que sueño cuando logro dormir, ese, el que me vuelve loquita de amor y hace que mi corazoncito lata más de la cuenta, iba a aceptar participar y que pa’ colmo de mi mala suerte le tocaría ser José.

José, o lo que es lo mismo: SUFRE DURANTE TRES SEMANAS MANUELA.

Tres semanas de verlo, tenerlo así cerquitita, pedir la posada a su lado, caminar juntos de la mano, incarnos frente al pesebre… y no poder hacer nada de nada ni tratar nada de nada. Ni aunque sea imaginarme algo… nada mano, mal plan total, te lo digo yo virgencita.

Ni modo, me dije a mi misma. Te aguantas. Un juramento es un juramento.

La primera semana de ensayos fue como un martirio, ni más ni menos. El Tona guapísimo, como siempre y amable, además. Yo bien profesional. Eso sí, los pensamientos que me pasaban por la mente ni te los cuento, virgencita, pero neta que en cuanto me venían a la cabeza luego luego los controlaba. Además ya te dije que a mi me gustan las cosas serias, así es que con todo el dolor de mi corazón de no poder declararle al amor de mi vida mis sentimientos, me concentré en lo importante.

La pastorela avanzaba a las mil maravillas. Este año la escribió Juanita, que es re buena para esas cosas de la creatividad. Está bien chusca y ya se ve que la gente se va a carcajear de lo lindo. Te digo que hubiera preferido ser diablito caray, a ellos les toca decir las cosas más divertidas, hasta de doble sentido. Nosotros puras lindas y puras palabras, como debe de ser.

Total que ahí la llevaba virgencita, tú lo viviste conmigo y te consta.

¿Cómo podía yo adivinar lo que se venía? A ver, tú dime, ¿cómo? Era imposible saberlo. Sobretodo que ya te dije que me estaba portando yo más que bien.

Debe haber sido la proximidad. Digo, no sé, me imagino. Nunca habíamos estado tan cerca el uno del otro. De hecho yo nomás lo había visto en su puesto, y me daba harta vergüenza platicar con él. Hablar, sí, cuando le compro pollo hablamos de cositas de todos los días mientras me lo corta y me lo prepara así, tipo qué calor hace hoy o cuánta gente hay o cómo le ha ido, bien y a usted, pero y ya. Así es que conocernos, así conocernos, lo que se dice profundamente, pues no.

Pues figúrate que la segunda semana que empieza a echarme ojitos durante el ensayo. Bueno, tu misma lo viste, estoy segura. Mientras yo repetía mis líneas él me veía así bien coqueto, con esos ojitos pispiretos que tiene. Yo trataba de hacerme la que ni cuenta, pero qué quieres virgencita, es el hombre de mi vida, siempre lo he sabido. Y que el hombre de tu vida te haga ojitos es como sacarte la lotería cuando andas bien pobre, ¿si me entiendes?, no podía no voltearlo a ver, aunque sea. Se me hacía una grosería. Y más que el miércoles después del ensayo de plano se me acercó y se ofreció a acompañarme. ¿Qué hacía? Además lo hizo así bien indefenso, natural, pues. Se veía que no habían malos pensamientos detrás de su ofrecimiento.

Y no, ¿eh? Que me acompaña y más bien nos la pasamos riendo de todas las cosas que habían pasado en el día. Platicamos y platicamos y hasta entramos al patio de la iglesia para ver el nacimiento. Y que me dice, mira Manuela, ahí estamos tú y yo, bien juntitos, y que yo le digo que sí, que así nos vamos a ver ya con nuestros disfraces ¿qué te parece? Hasta sentí que la panza se me voltéo en ese momento pero te consta que me aguanté las ganas de lanzarle una indirecta. Luego, saliendo de ahí me invitó unos esquites en el puesto de afuera, el que se pone ahí al lado de de los tamales. La plaza estaba toda adornada con noche buenas y un árbol de Navidad gigante, lleno de luces y esferas de todos colores. Bien bonita y romántica, de veras y nosotros rete bien portados.

Los demás días siguió así bien lindo conmigo, pero sin más. Yo sufriendo, pero aguantando.

El problema ya más grave empezó la tercera semana el martes. Estábamos precisamente en la parte de la pedida de posada ahí donde se canta …pues no puede andaaaar mii esposa amaaadaaaa…cuando de repente siento que alguien me aprieta la mano y me hace un guiño viéndome directamente a los ojos. Claro que ese alguien era Tona virgencita y sobra decirte que casi me da algo ahí en medio de la sala de Lucrecia, pero te lo digo igual. No me atreví a hacer nada ahí tampoco.

Saliendo esa noche el Tona me volvió a acompañar y que a la hora de pasar otra vez por la plaza que me ve que yo estaba titiritando de frío y que se quita su chamarra y me la pone sobre los hombros de lo más caballeroso. No me pude contener virgencita, que me volteo y le doy un besito en la mejilla de lo más casto. El se puso todo rojo. Se quedó viéndome así bien tierno un segundito y en eso que me planta un besucón tan apasionado que me sacó completamente de onda, no me lo esperaba, te juro, después de esa escena tan inocente. No pude hacer nada virgencita, que me quedaba si no regresarle el beso. Esto que te cuento no cuenta ¿eh? pues no empecé yo y en ese momentito no estábamos en ensayo, así es que no me pareció hacer nada malo y además bien que terminando el beso y aunque estaba toda atolondrada y con ganas de seguirle le dije que era el primero y el último hasta que se terminara la pastorela, que yo había prometido portarme bien y que una promesa es una promesa.

El resto de la semana nos costó estarnos quietos, pero Tona es un hombre de palabra y no pasó de darme uno que otro picorete y de decirme que ya la andaba por hacerme cosas y salir conmigo enserio. Yo como gelatina, pa’ que te miento.

Total, llegó el día de la presentación en plena plaza en dónde habían colocado varias gradas para que se acomodara la gente, que por cierto, llegó de a montones. El escenario no podía estar más bello: luces en forma de estrella, un nacimiento viviente con ovejas, una vaca y hasta dos burros; el pesebre de madera bien bonito y lucidor y varias macetas con noche buenas todo alrededor.

Estaba todo perfecto, menos el clima. Estando ya casi en Navidad, el fríito se dejó venir enserio. Yo tenía congelado hasta el cerebro. Para calentarnos, Lucrecia había preparado un ponche que olía a gloria. Desde lejos se podían apreciar los aromas de las guayabas, los tejocotes, la naranja, la canela y las cañas de azúcar. En cuanto me acerqué me pasaron un vasito de unicel que humeaba más que delicioso. Ya le iba a dar un traguito cuando veo que Don Migue traía el piquete en la mano.

Fue más fuerte el frío que mis fuerzas. Me dije a mi misma que un chorrito no le cae mal a nadie y de veras lo pensaba virgencita.

Me tomé mi ponche de a poquito, difrutando el calorcito que me iba entrando al cuerpo y me hacía sentir cada vez más a gusto.

Justo cuando le di el último trago me llamaron para empezar la presentación.

Yo estaba, no se bien como explicarte, como en una nube suavecita, toda aguadita. Avance hasta el escenario y oí que me hablaba un ángel. Y sí, en efecto, era Juancho con todo y sus alas y hasta una coronita que lo hacía verse de lo más puro:

– Soy el Ángel Gabriel, me dijo, y vengo a darte una maravillosa noticia. Vas a tener un hijo y le pondrás por nombre Jesús.

– ¿Qué dices Juancho? ¿Cómo que un hijo, si apenas me he dado un beso con Tona, tas loco, de qué hablas?

El ángel se acercó a mi oido y con una voz mucho más enérgica me dijo, mientras en el público se miraban unos a otros sin entender nada:

-¡Reacciona Manuela, estamos en plena pastorela, qué te pasa!

Y yo en eso que capto y como despertando de un sueño le contesto:

-¿Pero como es eso posible ángel mío, si no conozco hombre alguno?

Y diciéndo eso, sabiendo que es súper falso, no que tú no conozcas hombre alguno, si no yo, virgencita, que me empieza a dar un ataque de risa de esos que no paran por más que yo trataba de hacer respiraciones profundas para calmarme.

La gente al principio callada.

En toda la plaza se oían solo mis carcajadas.

Entre más trataba de parar más risa me daba. En eso que se acerca José, o sea, el Tona y empieza a reírse también como un menso y luego el angel, o sea el Juancho, y poco a poco la gente del público. Y que se arma la carcajada general más grande que he oído en mi vida.

Y en eso, plof, que doy el azotón.

Perdí el equilibrio virgencita, qué quieres que te diga.

Y la memoria, pa’ acabarla de amolar.

No me acuerdo ni del Tona que se lanzó primero a despertarme a besos, como todo un príncipe azul, ni de luego cuando entró en pánico al ver que de plano no reaccionaba y sin pensarlo agarró la olla de ponche, que con el jijo clima ya estaba rete frío y me la volteó enterita sin chistar.

De que funcionó la estrategia, funcionó.

Aunque me dejó toda magullada.

Magullada, pero amada, aunque avergonzada virgencita. Muy avergonzada.

Lo bueno es que nos dieron chance de pasar otra vez el mero día de la Navidad, ¡te imaginas! Te juro mi virgencita, que esta vez no te hago quedar mal. Palabra.

Bueno me voy ya, que mi Tona me está esperando y ora sí me desquito.

¿Qué pues, ya pasó la fecha oficial, qué no? 

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De como escoger chiles guajillos o… viaje a la FILIJ

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Tengo mucho que decir y la cabeza hecha bolas.

Llevo una semana desde que regresé a Lyon con mi maleta llena de libros, de mi ropa y de algunos pequeños antojos culinarios para mi familia y con otra maleta extra (sin rueditas) en la que traía: 10 kilos de maíz para pozole (sí, me gusta el pozole… ¡y mucho! pero no era para mi…) 7 kilos de tortillas “para hacer tostadas”, o un poco más delgaditas de lo normal, si prefieren) 2 kilos de chile guajillo del que no pica y medio del que pica.

PAUSA:

  1. Nunca había visto la diferencia de tamaño entre el que pica y el que no… y sí.

  2. El que no pica se veía muy bonito en el mercado. Llegando ya cambió la cosa. Tengo que confesar que dentro de casi cada chilito que traje vivía una familia entera de hongos malolientes y varios animalitos minúsculos que una vez liberados saltaron por toda la mesa de la cocina como pulguitas de circo amaestradas causando terror entre las presentes.

Lo anterior quiere decir que:

  1. No soy ninguna experta en chiles secos.

  2. La próxima vez, favor de pedirle a alguien más la compra y la cargadera de cosas para algún otro eventito que se ofrezca (a menos que sea para los XV años de Rubí, ahí sí, ¡lo que quieran! 😉 ).

Así es que como ven, llegué en línea directa, ahora si que sin cambios y sin retraso alguno, de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (la FILIJ) a cocinar para que 120 personas pudieran disfrutar de un rico y delicioso pozole calientito durante la tradicional posada en Lyon. Por lo menos seguí en el tema de México, me dirán ustedes y tienen toda la razón del mundo. Solo que me hubiera gustado disfrutar un poco más de sentirme una escritora hecha y derecha antes de volcarme a mis obligaciones de miembro de la mesa directiva de la asociación de mexicanos en esta mi ciudad adoptiva.

Porque ser parte de la FILIJ fue justo eso: SER PARTE. O ser, que ya es bastante. Ser Escritora. Sin miedos, sin pena, sin que nadie te vea con cara de WHAT? O tú, qué, de dónde saliste?

Viví diez días en mi paraíso personal, para ser exactos. Por primera vez fui a mi México, lindo y querido y no visité San Angel, ni Coyoacán, ni salí todas las noches y recorrí toda la ciudad para ver amigos. A parte del centro una noche para visitar el festival de las luces y una escapada a la Ciudadela, pasé mi tiempo entre el metro y el parque Bicentenario en Azcapotzalco. Y fui feliz.

Fui feliz viviendo lo que miles de personas viven todas las mañanas y tardes al subirse al metro de la Ciudad de México. Fui parte de la marea humana que recorre sus pasillos. Me subí en los vagones de hasta adelante y compartí con otras muchas mujeres el camino hacia mi destino.

Fui testigo del increíble pulso que tienen las mexicanas.

Porque si arriba, en plena calle, el tráfico va a vuelta de rueda; en los túneles del metro la historia es muy diferente. Hay choferes que manejan tan rápido que parece que los vagones se van a dislocar en cualquier momento. Cada vez que frenan al llegar a una estación sientes que sales volando, que se te quitan hasta las arrugas, y por supuesto que si no tienes de dónde agarrarte ya te llevó el chahuistle. O ya me llevó, más bien, porque mientras yo estaba en esas peripecias de sobrevivencia, las chicas a mi alrededor se delineaban los ojos sin titubear.

Y después de la sesión de maquillaje hasta se tomaban el tiempo de aplaudir y casi casi pararse a bailar con los diferentes grupos de música que vinieron a amenizar nuestro viaje.

Bueno, casi todas. Todas menos la señora esa que estaba de malas. Y mientras nosotras (yo me incluyo en la fiesta) gritábamos ¡otra, otra! ella nos veía con una jeta de pasumecha. Y ya luego cuando se fue el grupo pasó por en medio del pasillo diciendo para sí misma, pero muy fuerte para que oyéramos todas:

-Esto está para dejar sordo a cualquiera.

Y la señora de al lado le dice a su vecina:

-Qué feo. Cuando uno se enoja no puede ser feliz.

Y la vecina le contesta:

-Si mana, parece menopáusica.

Y otra señora sentada más lejos grita:

-¡Pero sin tratamiento!

Me hicieron el día.

Y es así como aprendí que conviene más tomar tratamiento.

Y ser feliz.

Feliz de pasearme por los pasillos del parque. De ver libros por doquier. De lanzarme a platicar con la gente de los stands y de tratar de conseguir contactos. Feliz de tomar clases con gente tan padre, con tanta experiencia. Feliz de haber conocido a chicas y chicos que escriben, como yo, y que ya han publicado. Feliz de pensar que se puede. Simplemente feliz.

Mi manuscrito sigue en mi computadora.

Y en la de otros… esperando a ser leído.

¡Seguimos!

filij

¿En dónde está el plato?

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Siempre me he preguntado por qué los franceses no ponen platos en la mesa para el desayuno. No se les ocurriría nunca comer o cenar sin plato, sería una verdadera falta de respeto y una locura, francamente, pero poner el pan sobre un plato para el desayuno, eso si que no. No señor.

Un francés que se respete deja caer como copitos de nieve las migajas de la baguette directamente en el mantel, mezcladas a veces de mermelada bien pegajosa o de pedacitos de mantequilla. Una cosa o la otra. Nunca las dos juntas. Comer pan con mermelada y mantequilla al mismo tiempo no se hace según algunos. No. Según otros sí. En eso como que no se ponen bien de acuerdo.

Lo que sí se hace es chopear. Eso sí. Meter el pedacito de pan embarrado con la mermelada (hecha en casa, por supuesto) a remojar en el café negro es el hit. Y tomarse el resto de la bebida con todos los buzos flotando alegremente… un orgasmo culinario.

Pero no se ponen platos. Si no quieres que te vean como una persona desquiciada no lo hagas. Te lo digo por experiencia.

Yo insisto en que es más fácil meter algunos platos al lavavajillas que lavar un mantel lleno de manchas de mantequilla y mermelada todos los días. Así como que no quiere la cosa los pongo como que chin, no me di cuenta. Pues bien, los platos acaban a un ladito sin ser usados y el mantel acaba todo sucio. No hay para donde moverle.

Porque un francés no cambia sus costumbres así como así.

Pero una mexicana tampoco.

Dieciocho años en Francia y sigue siendo la misma historia. Cuando estoy con mi familia política ellos comen sin y mis hijos, mi marido y yo con. Cada loco con su tema.

Ya sé… se estarán preguntando qué mosca me picó para estar escribiendo acerca del desayuno francés en pleno mes de noviembre, en lugar de contarles una historia del día de muertos o ya de perdis de jalowin. Pues la mera verdad no sé. Y al mismo tiempo me digo que es lógico. Ya llevo muchos, hartos, años en este mi segundo país. Luchando por seguir siendo yo misma. Por encontrar mi camino, por ser esa nueva yo que vive en medio de una cultura tan arraigada como la francesa, adaptándome a nuevas costumbres sin perder las que llevo en el alma. Las que se aferran a mi y que con el paso de los años extraño más, y que trato de vivir y transmitir cueste lo que cueste.

Por eso en mi casa hay altar. Y se come pan de muertos. Y creemos ciegamente que nuestros muertitos van a venir a saludarnos el 1ro y dos de noviembre. Y que esos días podremos estar todos juntos y fundirnos en un abrazo infinito en el que la vida y la muerte serán una misma.

Y en diciembre ponemos el nacimiento. Y se cantan villancicos, y los peces beben en el río mientras nos asomamos a la ventana y vemos un niño en la cuna porque campana sobre campana y sobre campana una. Y partimos piñatas. Y tomamos el ponche ese que hacía mi mamá en la cocina de nuestra casa de Echegaray y del que se desprendían los más deliciosos aromas de las guayabas, los tejocotes y las cañas de azúcar. Era noche de posada. Todos los vecinos estaban invitados; incluyéndote a ti, mi primer amor. Yo esperaba que fueras tú quien me ayudara a prender mi velita. Tú quien rompiera la piñata. Tú quien probara mi ponche. Y por supuesto tú, quien se escondiera conmigo cuando jugábamos bote pateado en el andador. Rara vez pasaba algo de eso… pero yo era feliz con solo verte.

Luego vienen los Reyes, y el día de la candelaria con los maravillosos tamales. Aquí aprendí a hacerlos para que mis hijos se deleitaran con sus sabores.

Tantas costumbres. Tantos detalles. Tantos recuerdos.

Y vivencias nuevas que se entrelazan. El salmón y el foie gras platican con la ensalada navideña de manzana y el pavo relleno en lo que esperan su turno para ser probados. La rosca de reyes reposa al lado de la galette de rois. El muñequito del niño Jesús le da la mano a la sorpresa en forma de Harry Potter y juntos celebran en armonía. Las crepas se alistan al lado de los tamales el día de la Candelaria.

En nuestra mesa se mezclan el francés y el español. Todos soñamos en una u otra lengua. Dependiendo.

Francia me ha dado lo más importante en mi vida y por eso le estaré agradecida eternamente. Mi familia.

Una familia orgullosamente franco-mexicana.

Y si estaban con el pendiente, el asunto del plato del desayuno no pasa nunca a mayores.

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Modestia Aparte

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Amo a la gente “humilde”. Y no, no hablo de las personas pobres, o escasas de lana. No, yo me refiero a esas que son bien sencillitas en su manera de pensar de ellas mismas. A esas que cuando se miran en el espejo por las mañanas se dicen luego luego, qué lindo soy, qué bonito soy, cómo me quiero. Y luego durante el día no se conforman con repetírselo en silencio a sus cabecitas. No. Lo tienen que hacer del conocimiento del mundo entero.

Como por ejemplo, ayer. Fui a la fonda de Doña Mari. ¿No les ha pasado que a veces cuando huelen algo como que les recuerda o les hace pensar en alguien en particular? Pues eso. Abrí la puerta del changarro y me recibió como en una máquina del tiempo el olor de la casa de mi abuela Toña. Tan fuerte fue el madrazo que de plano se me salieron las de cocodrilo. Solo faltaba ella, frente al fogón, calentando su salsa verde para preparar esas verdolagas que le quedaban tan buenas como el beso que me robó el domingo en Chapul ya saben quién. Quiero decir, requete buenas, más que buenas, pa chuparse los dedos, pues. Total que en unos segundos pasé de estar en medio de las mesas de la fonda a estar en medio de la cocina de mi viejita adorada. Me acuerdo que cuando iba a comer a su casa saliendo de la primaria me encantaba imaginarme lo que había preparado solo con oler los aromas que se paseaban por mi camino y me deleitaban mientras me iba acercando. Pero bueno, ya me salí del tema. Les iba diciendo que estaba yo ahí parada y en eso que pasa doña Mari junto a mi y me saluda como siempre muy amable y que le digo:

– Huele a gloria, Doña Mari, si supiera, ya fui y vine a casa de mi abuela y de regreso, ¿qué preparó tan delicioso?

Y en efecto, no estaba yo tan mal, porque bien que sí era salsa verde, pero con carne de cerdo y elotitos tiernos, en lugar de las verdolagas.

Me fui a buscar mesa rapidito porque como se imaginarán ya se me hacía agua la boca. Pensaba sentarme solita pero en eso que veo a la Meche que me estaba haciendo señas y pues no me quedo de otra, ni modo que me hiciera mensa, era yo la única parada ahí en medio. Con todo y la hueva que me daba me tuve que ir a sentar con ella. Con las ganas que tenía de disfrutar tranquilita mi guisado… No me dio tiempo ni de acabar de acomodarme en la silla cuando ya me estaba contando que ¿qué crees manita?, figúrate que hoy tuve hartas clientas en el salón y no es por nada, pero todas querían que yo les cortara, las peinara y hasta tuve algunas que prefirieron esperarse un ratote con tal de que yo les hiciera el tinte, sabes ese que está de moda que es una técnica francesa y toda la cosa, le dicen balayage, así, con la boquita parada. Es como si te barrieras el pelo con diferentes tonos de tú mismo color pero más claro, ¿si me entiendes manis? Como que le das así una luz bien luminosa, como que tu cabello brilla como si tuviera rayitos de sol integrados.

No, pues entender, lo que se dice entender, no, yo la neta no entendía ni jota a su explicación del sol luminoso que barres y la fregada pero ella seguía. Y también hay esta otra técnica para poner el cabello bien oxigenado, como güerito pero tirándole a blanco, o a veces hasta casi gris, ¿si ves como, no? Tipo la Taylor, o la Kristen, si las has visto, ¿no?

– No mana, la neta, no. ¿Quién es esa Taylor? No la conozco se me hace, ni a la Kristen, ¿de dónde las he visto o qué?

Y que en lugar de contestarme la muy jija se pone a carcajearse, tan fuerte que hasta todos los clientes de doña Mari nos voltearon a ver así como quibo con esas locas. Yo de plano ya no sabía si reír o llorar, nomás me quedé así bien seria y seguí tratando de saborear mi riquísimo platillo, que no solo olía, también sabía al paraíso.

Después de como cinco minutos de risa forzada, por fin se calmó y me salió con que sí, claro que no las debes de conocer, pues como… si son estrellas de Hollywood, pero para los jóvenes. Aquí entre nos tu ya estás más p’allá que p’aca… Tú más bien debes conocer a la Angie y al Brad, ¿no? Que, ¿si supiste que se van a divorciar? Está el chisme que arde de tan caliente… todo el mundo habla de eso, que si el Brad es alcohólico, que si la Angie está pa que la amarren, que si esto, que si l’otro, cada quién tiene sus propias conjeturas, yo no sé ya ni qué pensar, lo único cierto dentro de la incertidumbre es que el Brad sigue siendo un bombonazo, con todo y todo…

En fin mana, te decía lo de la técnica del tinte. Pues qué crees que se la hice a la hija chica del Presidente Municipal, ¿cómo ves? Entró la semana pasada, el martes, creo, así, como Pedro por su casa al salón y que viene directito a mi lugar, ya sabes ¿no? bien prepotente, y que me dice que le dijeron que yo soy la mejor estilista y que quiere que yo la atienda en ese preciso momento porque tiene una cita importante y que quiere cambiar de look. Yo en plena acción, ya sabes, nunca me falta la chamba. Al principio mientras me decía eso yo pensaba dentro de mi cabeza y esta tipeja, ¿qué se cree? Estaba a punto de decirle que se tenía que esperar como todas mis clientas, que ese día como siempre eran un buen, pero en eso que la reconozco, de la fiesta de la primavera que fuimos, ¿te acuerdas? Ella estaba ahí parada junto a todo el gabinete mientras él daba su discurso de bienvenida. Iba vestida como toda una lady, igual que la mamá. No es muy agradaciada de cara, se parece más bien al papá, medio tosquita. Pues no me quedó de otra que disculparme con las demás y pasarla. Le pregunté que si quería probar la tendencia francesa o la hollywoodense y por supuesto dijo que ella se quería parecer a la Taylor. P’a que te enteres, Taylor Swift es una cantante súper famosa, tiene unas bien buenas, un día que vengas a que te corte, que aquí entre nos buena falta que te hace manita, ahí cuando quieras te pasas y te pongo unas de ella mientras esperas, pa que te modernices. Total que le hice su tinte así bien oxigenado, y, modestia aparte, quedó fascinada. Tanto que al día siguiente llegaron varias de sus amigas de la prepa para pedirme lo mismo. Uy y hablando de otra cosa qué bueno está este guisadito, ¿no? Y a todo esto, tú cómo estás, ni has dicho ni pío.

– No pues yo bien, fíjate que el domingo me invitó a Chapul

– ¡Úchale mana, ya me tengo que ir que se me hizo re tarde por andar en la chorcha, luego me cuentas, nos vemos chula!

Que se levanta y se va. Así nomás.

Y yo persisto e insisto:

¡Amo a la gente “humilde”!

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Ni tanto que queme al santo…

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¡Ni tan poco que no lo alumbre! Ya, ¡lo tengo! Tanto pensar y pensar en el momento y nada que me venía a la cabeza el mendigo dicharacho este. Y mira que me hubiera evitado problemas… ¡y deudas! si me hubiera acordado del final a tiempo y no cuando ya pasó todo.

Una verdadera catástrofe. O bueno… Media catástrofe si tomamos en cuenta que se logró lo principal para lo que vine a la iglesia, o casi. Vamos a decir que estamos en vías de que se logre gracias a todo el desmadrito que se armó, y eso para mi ya es bastante.

Gracias San Antonio, de todo mi corazoncito entero te lo agradezco. Ya sé… te quedaste encueradito en el camino, pero de veras te lo juro que hoy mismo te consigo otro ajuar. Ni creas que te voy a dejar así para que todos esos malvividos del mundo tengan pensamientos cochinos al verte. No, no, no. De eso me encargo yo. Al ratito voy a ver a Doña Lucha y le pido que me venda uno de los vestiditos de esos tan bonitos que hace cada año para la Candelaria. Seguro le queda alguno, no pasó hace tanto. Me encantaría verte de charro, o de futbolista, pero no. Nada de desgarriates. No. Le voy a pedir el más bonito atuendo, bien seriecito, como se debe, para ti, mi San Antonio adorado. Por suerte que se salvó el niño… ¡porque si no no me la perdonas!

No puedes decir que a estas fechas no nos conocemos bien tú y yo ¿eh? Bien que ya llevaba varios meses visitándote, además de que tengo todas esas imágenes tuyas de cabeza en mi casa, ni creas que me conformo con venir a verte aquí a contarte mis penas de amores, y las otras, de pasadita, por si acaso.

Eres el único que sabía en el rollo que estaba metida y cuanto, cuanto luché para salirme y conseguir a otro inquilino para mi corazón. Ya no era posible, de veras.

No… si es que quién me manda, a ver…. ya sé que me lo dijiste y me pusiste en alerta, ten cuidado Meche, eres bien enamoradiza, ya van varios que te lastiman y ahora vas a ser tú la que te lastimes solita si te metes en esas andanzas. Traté de escucharte, mil veces me dije a mi misma que no estaba bien, que tenía que dejar de pensar en él, pero qué quieres… Mi cabeza es muy necia, cuando se le mete algo así tan profundo se pone la cosa muy, pero muy difícil…

Es que también… no es lo normal, si me entiendes, ¿no? Dime tú que llevas ahí en tu altarcito tantos y tantos años y has visto pasar hartos. Dime. ¿Es normal que estando tan guapo y tan sepsy haya tenido la ocurrencia de convertirse en un seguidor de Dios, o en un padrecito, si prefieres, y haya renunciado a toda vida carnal? ¿Y es normal que me hable así, tan suavecito al oído cuando me confieso con esos susurros que me penetran hasta la médula y me ponen toda mi piel bien chinita? No, mi San Antonio, no es normal. O por lo menos, no es culpa mía. ¿Qué culpa tengo yo de que sus sermones los diga como si fueran para mi solita, cómo puede alguien saber lo que yo necesito escuchar precisamente ese día, a ver, cómo? No puedes negar que hay conexión entre nosotros. Y bien que también me ve luego así como de reojo, ya me lo he cachado varias veces. Y ya, basta, paremos esta platica que ni era el meollo del asunto.

Lo importante es que al fin me escuchaste y me mandaste a un sustituto. Estoy segura que esta vez si funciona y se me sale por completo el padrecito Jerónimo de ahí donde está metido. Y ni modo si casi casi quemo la iglesia para lograrlo. Por suerte solo quedo en casi y no pasó a mayores. Qué susto me hiciste pasar.

Justo llegué a la iglesia tempranito para que no hubiera nadie. Esta vez rompo mi récord, pensé, nada de una o dos velitas, no. Esta vez le prendo hartas. Tengo que confesarte que mis pensamientos llegaron demasiado lejos y ya no puedo más. O las velas o le confieso mi amor al padre y eso si que no. ¿Cómo me atrevería? O bueno, no fueron exactamente mis pensamientos. Fue un sueño que tuve ayer. Me desperté a tiempo, pero pudo haber sido un verdadero desastre. Te lo digo yo. Estaba yo en mi cocina, prendiendo el bóiler para bañarme con agua más o menos calientita. Digo más o menos porque desde hace varios meses que mi bóiler no funciona como se debe y más bien el agua está tibia, tirándole a fríita. Ya la próxima semana viene Genaro a arreglarlo. Es que no habíamos tenido muchas clientas en el salón, pero hicimos una publicidad en el radio con una promoción de que regalábamos el corte si te haces un tinte y funcionó re bien porque tuvimos hartas señoras, y modestia aparte, quedaron encantadas. Seguro que regresan. Total que ahí estaba yo en paños menores prendiendo mi bóiler cuando siento por atrás una presencia, algo así como una presencia divina. Y bien que si, porque cuando volteé a ver estaba el mismísimo padre Jerónimo ahí parado, observándome con una mirada así bien intensa, como mística. Yo por supuesto me puse toda roja y empecé a temblar completita pero él como siempre sabe lo que necesito escuchar me dijo luego luego no te preocupes, tranquila. Solo estamos tú y yo y por fin vamos a poder vivir nuestro amor. Así sin más se me acercó y me abrazó tan dulcemente que todos mis temores se evaporaron de a una. Cuando menos lo pensé ya nos estábamos besando. El beso más bueno que me han dado en mi vida. Medio tierno al principio y luego así bien cachondo. Se ve que a él también ya le urgía. La cosa se fue calentando y de repente me sentí así re culpable y me desperté. Porque aunque estaba viviendo el momento al máximo bien que me latía que estaba dormida… Lo peor es que quería conocer el final del sueño San Antonio, pero sabía perfectamente que eso me llevaría al caos. ¿Cómo seguir viniendo a misa sabiendo que me acosté con el padre? Ya sé, nadie más se enteraría aparte de mi, y de ti, porque igual pensaba decírtelo, pero igual…

Traía todo preparado. Desde ayer fui al mercado y compré como veinte veladoras, no se cuántas exactamente porque solo le dije a Pancho que me diera todas las que le quedaban, y se veía que eran un buen. Las puse en una bolsa junto con unos cerillos. Me levanté temprano y preparé mi plan paso a paso. La idea era prenderlas todas y que te vieras así bien bonito iluminado y que toda esa luz me permitiera explicarte que de una vez por todas necesito que me saques al padre de la cabeza y que me consigas a otra persona, decente, de preferencia, con la que yo pueda soñar, y por qué no, hacer, cosas sucionas sin sentirme culpable. Luego pensaba rezar uno, o dos rosarios para que vieras que era en serio. Y acabando todo eso pensaba salirme por donde vine y esperar tranquilamente al indicado.

Ese era el plan y todo iba a las mil maravillas, las veladoras encontraban su lugar unas tras otras. Ya cuando iba como a la mitad que se me ocurre esta gran idea de acercarlas más para que tu carita se viera todavía más como santa, no sé como explicarte. El caso es que las fui acercando y en una de esas que se me cae una. La quise recoger y en lugar de eso tiré otra con mi pie. En lo que me agaché que empiezan a salir chispas de la otra que estaba cerca de tu vestido y en menos de un segundo ya estaba quemándose tu ropita. No lo pensé dos veces, corrí hacia la puerta y empecé a gritar como una poseída: ¡Ayuda, padre Jerónimo, venga rápido, se quema San Antonio, corra! Y así varias veces hasta que de la casa de en frente salió un hombre en calzones, de esos a los que le llaman “boxers”, corriendo a todo lo que daba. Digo, me imagino que corría, y que salió de esa casa, porque yo no me quedé a esperarlo, entré rápido y con uno de mis zapatos que me quité en frieguita empecé a agarrar agua bendita y a echarla hacía donde estaba el incendio. En esas estaba cuando te digo que entró este hombre con una cubeta llena de agua. Yo no lo veía bien porque entró por el otro lado de donde yo estaba, yo solo veía su espalda toda musculosa y sus pompitas bien firmes. Y ya, la verdad no me fijé más porque estaba muy nerviosa y preocupada por lo que había causado. El susodicho agarró la cubeta y de a una aventó toda el agua y como por arte de magia se apagaron todas esas chispas que desgraciadamente destruyeron todo, toditito tu ajuar. Eso hizo que en ese momento en la iglesia nos encontráramos:

Una mujer vestida.

Un Hombre en calzones,

y un Santo encuerado.

Nada de lo que uno puede estar muy orgulloso.

Estaba yo tan en estado de shock observando los desarreglos provocados por el incendio que no caí en la cuenta hasta unos minutos después que el hombre ese NO era el padre Jerónimo. Y que además no solo estaba guapo, sino guapísimo y lo mejor, que era todo un caballero. Me di cuenta porque en cuanto pasó el susto me saludo muy cordialmente buenos días señorita y salió corriendo por donde vino, supongo yo que a vestirse pues no era correcto estar así a medias tintas en una iglesia, y menos frente a una dama.

Supuse bien porque cinco minutos después regresó ya como Dios manda, con pantalones, camisa, y hasta zapatos decentes.

Luego luego le pregunté por el padre Jerónimo, a lo que me contestó que no estaba, que había tenido que salir unos días a un seminario en no sé dónde. Yo me quedé de a cuatro, pero al mismo tiempo estaba muy contenta porque me dije que al fin habías escuchado mis plegarias y que no podías haber escogido a un mejor reemplazo. De veras.

  • Y usted quién es, ¿entonces?

  • Disculpe usted, es cierto, no me presenté. Soy el padre Julián.

Te juro que con tanta cosa solo oí clarito: Soy Julián. Te lo juro San Antonio, me crees, ¿verdad?

¡Y a todo esto, voy, vengo al mercado y te visto, no te vayas a resfriar!

san antonio

Preparando la Candelaria

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Hoy hice tamales.

Bueno… hice es mucho decir. La masa ya estaba hecha desde ayer. Más bien rellené las hojas de maíz a las que alguien más le había embarrado dicha masa, con mole con pollo, con rajas con queso y con carne de puerco con salsa verde. Luego los cerré, como pude, y entre todos los pusimos a cocer en varias ollas express, a las que previamente les pusimos al fondo palitos y hojas de los árboles de alrededor, que por qué les dan buen sabor.

Estuve sentada junto a varias otras personas, qué como yo:

  1. Se sacaron el muñequito en la partida de la rosca.
  2. Nunca habían hecho tamales,
  3. o simplemente querían por unas horas, como yo, sentirse en casa.

Otras personas, que como yo, viven desde más o menos años fuera de nuestro México, lindo y querido.

Personas de diferentes ciudades, con diferentes historias y diferentes edades, que por una u otra razón nos encontramos hoy, en Lyon, y que gracias a la Asociación Mayahuel, y gracias a la familia Massez, que como siempre, nos abre su casa para reunirnos, nos hemos ido convirtiendo en una familia.

Una familia bien mexicana, que en la cocina hace y deshace al mundo. Que aprende a respetarse y a conocerse un poco más con cada receta que prepara. Que se ríe a carcajadas, que se cuenta sus penas y sus aventuras. Una familia como ninguna otra.

Una familia que mientras los tamales se cuecen, hace equipos para jugar al karaoke. Que pone la computadora en una mesa, entre las ollas y los exquisitos aromas, y canta a todo pulmón canciones de Flans, de Menudo (con coreografía incluida, por favor), algunas otras viejitas, y por supuesto, otras también en francés. Y mientras canta y baila se da cuenta de que huele a quemado. Y que nadie se fijó que a una olla le faltaba agua, y que acabamos de inventar los tamales “ahumados”.

Ahumados, pero llenos de amor y alegría.

Hoy hice los tamales más divertidos de mi vida.

Agradezco estar aquí. He aprendido tanto de mi México desde la distancia.

Gracias querida familia Mayahuel.

Gracias por tanto...

 

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