Los Angeles

Cuando dije que quería pasar la Navidad en LA los comentarios no fueron muy buenos. Que si la ciudad es fea, que si el centro está lleno de homeless, que si es súper caro todo. Que a fuerza necesitan coche, que si esto, que si lo otro.

En realidad era la destinación (en dónde vive alguien de mi familia) que menos millas nos pedía y además, para la que encontramos boletos para que los hijos mayores míos pudieran volar desde las partes del mundo en donde se encuentran actualmente haciendo sus estudios. Queríamos pasar la Navidad con mi familia y eso era lo más fácil. Punto. Comentarios negativos o no, LA fue la destinación elegida.

Regresamos de nuestro viaje el 1 de enero.

Puedo decir, sin lugar a dudas, como lo confirma mi hija Paola, que ha sido uno de los mejores viajes de nuestras vidas.

Y de mi vida, de los top 10, segurísimo.

Amé Los Angeles. Todo.

Village Green. Las casitas decoradas de Navidad. Era de noche y no se veía gran cosa cuando llegué pero inmediatamente me sentí como en casa.

Amé ir al súper a la mañana siguiente, caminar por sus parques y ver a los pajaritos y árboles majestuosos. El cielo azul. 25 grados. Las mandarinas.

Amé los triángulitos de arroz de Jonás. El helado de Almond Joy de Ginger’s. Sus calles anchas, sus casas. Las grandes y las chiquitas.

Amé recibir a la primera parte de mi familia. Ir al observatorio y ese paseo hacia el Hollywood sign. El día estaba más que hermoso, la vista de la ciudad era espectacular. Entrar en materia así fue simplemente increíble. Luego pasear por Los Feliz y comer tacos sinaloenses de pescado…ufff. Silver Lake y sus tienditas y calles que suben y bajan. Las escaleras con corazones.

Amé la casa rosa que rentamos. Parecía la de los Locos Adams pero vacía. Tenía todos los defectos pero nos permitió estar juntos. Disfrutar momentos en familia. Y eso no tiene precio. Además tenía naranjas y aguacates (y alguna que otra sorpresa) en el jardín…y eso hizo a Olivier muy feliz!

Amé ver las estrellitas en el piso. Hollywood Hills. Y luego el centro. Amé sus edificios, sus librerías. El museo que visitamos. La torta deliciosa que nos comimos afuera. Amé que todo el mundo habla español. La amabilidad de todos. Japan Town y sus luces, sus restaurantes y tiendas increíbles. Tanta gente y más triángulitos.

Amé Huntington y su majestuoso parque que nos hizo viajar tan lejos. Visitamos Australia, Japón, China y su flora…fue realmente una experiencia maravillosa.

Amé ver llegar a Paola tan ilusionada y con ganas de ver todo. El clima no ayudó los primeros días, pero eso no nos detuvo.

Amé llevarla a comer cookies. Ir al In & Out en donde conocimos a uno de los meseros más amables de nuestras vidas. Simples hamburguesas en un centro comercial cualquiera. Pero la gente era feliz y lo hacía notar. No he escuchado a nadie decir tantas veces “Merry Christmas” con una sonrisa de oreja a oreja en tan poco tiempo. Limpiaba esas mesas como si estuvieran en un castillo y probablemente para él así era. Fue una linda lección de vida.

Amé ver las montañas. Pasear por Beverly Hills y sus mansiones. Santa Mónica Pier y sus alrededores. Siempre lograr encontrar lugar en donde estacionarnos gratis. Caminar por todas esas calles con casitas repletas de flores, de palmeras, de decoraciones Navideñas y no tanto…Venice y sus canales. Ver a un colibrí de tantos colores. La playa…gente y más gente corriendo, patinando, bailando…

Amé comer en George’s Burger. Un diner local con gente súper divertida que hablaba español con todos los acentos de América Latina.

Ir por un helado, porque ese nos gusta, a 40 minutos de distancia es algo que nunca había hecho. O pensar que nuestros amigos hayan hecho una hora de camino para vernos porque nos querían enseñar el Grove…una locura para algunos…lo más normal para ellos.

Amé pasar mi última noche conociendo la tienda favorita de Jonás. Haber encontrado a mi muñequito de peluche rosa con cuernitos. Target y sus mil cosas; por suerte teníamos al mejor guía.

LA es tan extensa…pero tan cercana a la vez. Es estar en México y no. Es ver restaurantes de tacos y de comida oaxaqueña y comer la mejor comida japonesa y hamburguesas deliciosas y tortas y las mejores empanadas cubanas al mismo tiempo. Es hablar inglés pero luego darte cuenta de que la persona es latina. O hablar español y luego darte cuenta de que no te entienden y tener que cambiar el idioma. Es majestuosa pero sencilla a la vez.

Amé sus sonrisas, sus distancias, su ambiente tan especial. Amé todo de LA.

Mi corazón está hoy pidiendo porque esta tragedia termine pronto. Por toda la gente. Por los que perdieron todo y por los que están luchando. Por los bomberos que están haciendo lo que pueden. Por las familias que están esperando encerradas en casa. Por los que tienen miedo de ser evacuados. Por los que tuvieron que irse. Por los que albergan. Por mis amigos. Por mi familia que está allá y a la que quiero tanto. Por LA.

5 comentarios en “Los Angeles”

  1. Gracias por compartir LA Ma! Sentí que viví el viaje a través de tus ojos. No hicieron falta más detalles. Cada vez que repetías “Amé” se me antojaba escucharte decirlo, como si estuvieras enunciándolo en voz alta. Quería saber porqué! De igual manera, me pareció que nos ibas contando tu estancia con un amigo que aprendías a conocer; es decir, LA!

  2. Me siento como tu, Lorena, después de haber estado ya varias veces en LA, se le empieza a amar y a amar a su gente, amable y cálida…después de haber paseado por ahi y haber visto sus cielos azules, sus bosques, su gente , es muy triste y angustiante ver sus desoladas calles, sus hermosas residencias convertidas en cenizas, sus cielo negro por el humo…que el viento se disperse y el fuego se apague son mis deseos para que mi nieto vuela a la escuela y a jugar en el jardin inmenso de su casa. Gracias por escribir, muy linda descripcion de LA y muy sentido tu deseo de que todo vuelva a la normalidad.

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