Dos de Febrero

Ocho en punto.

Te oigo a lo lejos, mi amado, eres tú. Te reconocería entre mil millones. Oigo tu canto melodioso. Salgo corriendo a la calle para esperarte. No te me escapas. Esta vez no.

Tu perfume se acerca lentamente, volviéndome loca de desesperación. Sin pensarlo dos veces, corro a tu encuentro. No puedo más amor mío. Tengo demasiadas ganas de ti. Aquí mismo. Acerco mis manos hacía ti y así, sin más, empiezo a desvestirte. Sin pudor.

La calentura es tal que parece que mis dedos tocaran un volcán en erupción. Así me gusta…entre más caliente estés, mejor. Acerco mis labios y, quisiera besarte, pero no puedo. Ahí, en lo más suavecito de tu cuerpo, sin pedir permiso, te muerdo. Con todos mis dientes.

– Bueno… Don Paco, ¡esto es el paraíso! Cada vez le salen mejor los tamales. Deme otros cuatro para llevar, ¿si? Dos de mole y dos verdes. No, mejor tres. Y tres de dulce. Ya lo extrañaba. ¿A dónde se había metido? Hacía varios días que no venía…

No, porque qué pensaban bola de mal pensados… ¿qué así como así iba a encuerar a mi hombre a media calle? No es que a veces no se me antoje, pero tengo mis principios…

Más que principios, tengo vecinos… Y bien metiches.

O más bien tenía. Porque me hubiera encantado que esta escena que les acabo de contar pasara el día de hoy…pero no. Pasó hace muchos, (a veces parecen demasiados, si me preguntan…) años. Cuando vivía en la Ciudad de México. Y para ser exactos, no exactamente en la Ciudad de México, sino en el Estado de México. En Echegaray, más bien dicho. Fray Antonio Marchena # 81, teléfono 5-60-75-56 (les digo mi teléfono porque todavía mi acuerdo…en esa época todavía se aprendía uno su teléfono de memoria…).

¿Qué por qué de repente me entró la nostalgia y les hablo de mi amor platónico (ni tan platónico) por los tamales de Don Paco hace miles de años?

Elemental, mi querido Watson. Porque hoy es el día de la Candelaria y que estoy a diez mil kilómetros de distancia de mi México, lindo y querido y que supuestamente hay que comer tamales (aunque aquí en Francia el día de hoy se comen crepas) y que no tengo tamales. Ni sé como prepararlos, ni en mi casa se prepararon nunca, porque siempre, desde que me acuerdo, le compramos los tamales al susodicho señor Don Paco.

Mi máximo placer, como ya se dieron cuenta, era escuchar por la tarde-noche la linda voz de Don Paco que gritaba en un principio ¡TAMALEEEEEES! ¡YA LLEGARON LOS TAMALEEEES! Digo en un principio, porque muy pronto cambió su voz por una grabación que se oía a kilómetros de distancia y qué decía así exactamente:

– Acérquese y pida sus ricos tamales Oaxaqueños.

– Hay tamales Oaxaqueños.

– Tamales Calientitos.

Y así, una y otra vez. No le pongo signos de exclamación porque justamente, no era una exclamación. Era una voz completamente monótona y sin ninguna expresión que repetía esas tres frases sin parar.

Pero que para mis oídos sonaban a gloria.

No sé por qué, dentro de mi ingenuidad de niña y adolescente, pensaba que esa técnica era única a Don Paco. Qué era un cassette hecho en casa y que como no le sabía bien a eso de la grabación pues le había quedado horrible. Nunca me atreví a decirle nada. Es más, hoy que vivo lejos puedo confesarles que más bien lo que pensaba era que teníamos suerte de vivir en Echegaray, en dónde había un señor que vendía tamales.

Cuando mi mamá se cambió de casa a la Colonia del Valle y que fui a visitarla años después me di cuenta de que no solo Don Paco no era el único vendedor de tamales de la Ciudad, si no que además TODOS los vendedores de tamales tienen, desde entonces, la misma grabación espantosa, las mismas bicis y el mismo sistema de venta. ¡Qué fraude! Y yo que esperaba con impaciencia los tamales únicos de Don Paco…

No crean que le compraba siempre, no. Eso hubiera sido catastrófico para la economía familiar y para el peso de esta, su servidora. No…le compraba cuando ya no podía más del antojo y entonces me tenía que poner muy lista.

Podía haber dos situaciones y las dos empezaban igual, ahí el problema:

1- Oía la grabación a lo lejos. Y entonces salía lo más rápido posible. Don Paco venía entrando a mi calle. Uff. Solo quedaba esperar.

2- Oía la grabación a lo lejos. Y entonces salía lo más rápido posible. Don Paco ya iba al final de mi calle. Uff. Solo quedaba correr.

Y gritar como una loca. Cosa que no quería decir nada, porque Don Paco estaba entre sordo y aturdido con su grabación y nunca me oía. Pues si, quién se puede imaginar escuchar esa voz de ultratumba una y otra vez a un volumen tal que se oye a kilómetros de distancia…¿se imaginan? Una pesadilla…

En fin, todo eso para decir que a veces lo alcanzaba y a veces no.

Por eso eran tan preciados, ¿ya entienden?

Cuando sí lo alcanzaba mi cena era un manjar. A parte del que me comía ahí, en vivo y en directo, siempre comprábamos varios. Mis hermanos y mi mamá gritaban por la ventana lo que querían: de mole, verde, rojo, de elote, de rajas. Con pollo o con carne de cerdo. Y por supuesto los de dulce. Una delicia… quitar una a una las hojas de platáno (o de maíz, porque aunque su lema decía tamales oaxaqueños, no eran los únicos que vendía) y descubrir esa masa bien suavecita, pero firme a la vez, con bastante carne y salsita bien picosita. Y los de dulce sin tantas pasas, bien rositas y nada empalagosos. Nada más de acordarme ya se me hizo agua la boca…ya ven…quién me manda….

Y cuando no lo alcanzaba…pues quedaba aguantarse el antojo…O…

Esperar a ver si oíamos el silbato del señor de los camotes…

Pero esa es otra historia.

¡¡FELIZ DIA DE LA CANDELARIA!!

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Amigas

Iba caminando de regreso de la escuela a mi casa el lunes cuando oigo esta voz que me llama a lo lejos. Mi mamá me tiene prohibido hablar con extraños, y hasta la fecha siempre de los siempres le he hecho caso. Es más, hasta ahora nunca había estado en esa situación. Aunque esto era diferente, se los prometo. Era la voz de una niña. Por eso me acerqué. Por eso, y porque clarito me di cuenta que me hablaba directamente a mi. O eso, o nadie más la oía, porque yo no era la única en la calle y ninguna otra persona parecía percatarse de los gritos que pegaba. Tenía prisa de llegar a casa (además de que mi mamá es medio preocupona y no le gusta que me atrase, quería llegar a jugar Just Dance 2015 en la x-box) pero estaba intrigadísima, así es que me desvié de mi camino y me dirigí hacia dónde venía la voz, pero no vi nada. Me fijé de un lado de la calle, del otro…nada. Cero. Pensé entonces que alguna de mis amigas me estaba jugando una mala broma y estaba a punto de irme cuando vuelvo a escucharla. Clarito me decía, hablando muy fuerte (más bien gritando):

-¡Estoy aquí, voltea, para arriba!

¿Arriba? Pero ¿en dónde?… de plano alguien se estaba burlando de mi y gacho…Cuando miro para dónde me decía oigo otra vez:

-Si, a la izquierda, un poco más, ya…¿me ves?

Y en eso, ahí, sentada en una rama súper alta de un árbol, la veo. De veras, no estoy inventando nada, se los juro, ahí estaba. Traía puesto un vestidito de verano, y eso que ese día no hacía así mucho calor que digamos. Era como de mi edad. Parecía como extranjera, pero hablaba perfecto español. Tenía una carita medio redondita, aunque su cuerpo era más bien flaquito. Si me preguntan, yo diría que era muy, pero muy bonita. Su piel era color chocolate, y sus trencitas negras brillaban bajo los rayos del sol. No me sorprendió para nada su aspecto, porque aunque suene raro, se me hacía conocida. Como si fuera mi amiga de toda la vida. Lo que sí me pareció completamente loco, era el lugar en dónde estaba. Se veía tan cómoda que cualquiera hubiera pensado que pasaba su día afuera, trepando árboles.

Total que yo abajo, y ella arriba. Nos quedamos viendo unos minutos así, en silencio. Hasta que me dice que cuánto tiempo me pienso quedar ahí, como petrificada. Qué suba. Anda, ven. Así podemos platicar más a gusto…Y yo, ¿qué? ¿hasta allá? ni loca que estuviera, baja tú. Y ella, no puedo, de veras, si no subes me voy, por favor…y como la curiosidad mató al gato, como dicen por ahí, pues que agarro y subo. Y sí que me costó trabajo, no crean. Lo mío es la nadada, no la escalada. Y no es que no sea valiente. Es que tengo vértigo, igual que mi papá. Pero me aguanté. Esto era algo importante, lo sabía. Así es que mal que bien subí y logré instalarme en una rama que aguantara mi peso lo suficiente como para no caerme.

– ¿No tienes miedo?

Sé que suena medio raro como primera pregunta, pero como yo sí que tenía, y mucho, no se me ocurrió otra cosa.

– ¿Miedo?, me contestó sonriendo, para nada. No quiero ni pensar en esa sensación, nunca más… ¡Mira! allá, a lo lejos… ¿Ves al señor que camina de prisa, y a esa señora, que parece que va soñando, y al niñito con su mamá, lo ves? Es muy divertido ver todo desde aquí, tan chiquito…. tú mundo es… no sé como explicarlo. Siempre quise saber a que se parece una ciudad como ésta. Y ahora que puedo, pues aquí estoy. Pero basta de hablar de mí, quiero saberlo todo.

Ya sé… En el momento no me dí cuenta, porque claro, estás en medio de la acción y ni te enteras bien de lo que está pasando, pero ahorita que les cuento si que me queda claro que la conversación era más que extraña.

Con todo se refería a TODO. Me hizo contarle mi vida entera. O casi. De mi escuela, mis amigos, mi casa, mis papás, mis hermanos… Lo que hago, lo que me gusta, lo que no me gusta, bueno… todo. Hablé durante no sé cuanto tiempo. Con cada cosa que le contaba, se le abrían más y más sus grandes ojos negros, algo así como si fuera un extraterrestre que está descubriendo un nuevo planeta. Lo cual era medio absurdo, tomando en cuenta que sí que parecía venir de otro país, pero ¡y ya! De ahí a sorprenderse a ese grado con mi vida, pues ya era demasiado…¿qué tan diferente podía vivir ella?

Eso exactamente le pregunté. Que qué hacía ella, allá, de dónde venía. Se quedó pensando varios segundos antes de contestar que lo único que quería en ese momento era justamente no acordarse. Quiero jugar contigo, en ese lindo parque, que se ve ahí, ¿vamos? Sin esperar mi respuesta, bajo del árbol en un dos por tres, un brinquito por aquí y otro por allá y listo. Mi descenso fue “un poquito” más complicado. O “un muchito”, si soy sincera con ustedes. Pero con la ayuda de mi nueva amiga, lo logré.

Tuve que correr tras ella, pues más que caminar, volaba hacia los juegos del parque. Pasamos la tarde riendo, cantando canciones que le enseñé, y otras que ella conocía. Nos deslizamos por la resbaladilla no sé cuántas veces, subimos a los columpios. Primero las dos juntas y luego yo la empujaba y ella gritaba ¡más alto! muy fuerte. Llegó a subir tanto que parecía que en cualquier momento despegaba. En sus labios se dibujaba la sonrisa más pura y sincera que he visto en mi vida. Disfrutaba todo como si fuera su primera vez.

Tengo que aceptar que hace mucho que no la pasaba tan bien, tanto, que ni vi pasar el tiempo. Aunque había estado con ella varias horas, el cielo seguía sorprendentemente azul, muy claro. El sol brillaba con fuerza y dulzura a la vez, como cobijándonos, o más bien, cobijándola a ella, pues aunque hacía frío, mi amiga jugaba tan tranquila como si trajera puesto un abrigo bien calientito.

De repente caí en la cuenta de que mi mamá me esperaba y no iba a estar muy contenta con mi retraso…

-Me tengo que ir, le dije, pero dime, ¿cuánto tiempo te quedas?, ¿en dónde estás durmiendo?, ¿dónde están tus papás? De tanto jugar ya no me contaste nada de ti. ¿Te puedo ver mañana?, y, ¿cómo te llamas? Ni siquiera conozco tú nombre…

-Llámame cómo quieras, mi nombre no es importante. Se acercó lentamente, y nos abrazamos muy fuerte. Me dio un beso en la mejilla al tiempo que una lágrima escurría por la suya.

Nos miramos por última vez y sin decir más comenzó a alejarse.

Sin saber muy bien qué hacer, le grité ¡gracias! Y ya más bajito, no sé si llegó a escucharme, le dije que hace mucho que no me sentía tan libre. Libre de ser. De vivir.

Corrí a la casa. Abrí la puerta con las manos temblorosas sabiendo lo que me esperaba.

Parada en la cocina estaba mamá, como si nada.

-Llegas justo a tiempo, dijo al tiempo que me saludaba con un beso. Estaba sacando la merienda. Te apuraste amor, ¿tienes hambre? Ven, siéntate. Por cierto, yo sé que estás todavía muy afectada con todo lo de Charlie Hebdo, la marcha del domingo y lo demás, pero hoy en tu periodiquito viene la noticia de lo que pasó en Nigeria la semana pasada y quiero explicarte. Ves mi niña, actos terroristas sin nombre son cometidos en ese país desde hace años en la más grande indiferencia. ¿A quién le importa?, ¿quién desfila por eso?, ¿quién escribe Soy Nigeria en su muro de Facebook? Miles de gentes han muerto. Y ahora están utilizando niños, como bombas humanas. ¿Te das cuenta? Esa niña de la que hablan en la revista era casi de tu edad. Diez añitos… es abominable lo que le hicieron. Inhumano. Y dime, ¿quién piensa en ella?

Un nudo muy, muy grande se formaba en mi garganta mientras trataba de digerir lo que estaba escuchando. Yo, mamá, quería decirle. Yo pensaré en ella. Siempre. Pero no pude. Ni un sonido salía de mi boca. Solo podía ver clarito esas trencitas que rebotaban como resortes mientras jugábamos. Solo podía escuchar sus carcajadas. Solo podía ver aún sus grandes ojos negros que brillaban como estrellas. Solo podía sentirla cerquita, muy, muy cerquita…

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La Fiesta de las Luces, o, sigue al Gorrito Verde

Cinco de diciembre.

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La fiesta de las Luces está a punto de empezar. Una fiesta para turistas, dirán los verdaderos Lyoneses: nosotros agradecemos el día 8 a la vírgen, como dice la tradición, poniendo veladoras en las ventanas y balcones. Fiesta de sus narices, dirán los más cautelosos: hay un gentío como pocas veces se ve en Lyon. Podrías morir afixiado. ¿Fiesta? ¿Luces? ¡VAMOS! Diríamos los otros. O sea, yo, entre otros, quise decir. Y no es que no esté de acuerdo EN PARTE con los Lyoneses y los cautelosos. De una, porque si pienso que es una fiesta para turistas, pero, ¿y qué? Igual hay cosas espectaculares que ver y de dos, ciertísimo que hay MUCHA gente. Muchedumbre, más bien dicho. Todo es cuestión de enfoques y de tener ganas.

Yo me preparo este año para que no me toque TAANTA gente como el año pasado que fuimos en sábado y la verdad verdadera es que llegó un momento en que mi pequeño Luca (y su mamá también, para el caso) tenía tanto miedo de que lo aplastaran sin piedad que lloraba y lloraba desconsolado y quería salir de ahí corriendo pero no se podía porque no había forma.

Este año no me pasa, me digo a mi misma. Aviso en la natación de Paola que no va. Olivier se organiza y llega temprano. Mateo y Luca, no hay nada especial que hacer con ellos. Okay. Todo listo.

A las cinco de la tarde estamos los cinco en la casa (estamos en invierno, ya casi es de noche). Vamos ya, les digo, quiero estar ahí a las seis en punto.

Mis tres hijos me voltean a ver sin decir palabra. Caigo enseguida en cuenta de que la experiencia del año pasado los dejo traumatizados. Tanto, que los volvió parte del grupo de los cautelosos. No hay forma de convencerlos. Nos quedamos mamá, ya estamos grandes, vemos una peli. Pídenos pizza y ya. Nos acostamos solitos y bla, bla, bla. Yo dudo, como buena mamá mexicana. Olivier está feliz con la idea. Allez, ma chérie, ¡vamos! Los niños ya están grandes. Cualquier cosa Mateo nos habla y listo. Paseamos un rato y regresamos temprano. Es más, nos vamos con las patinetas (o patinetes, o patines del diablo, o como se diga…) así nos movemos más rápido.

Sí, tiene razón Olivier, me digo. ¡Solitos! Una salida romántica, viendo las luces bajo las estrellas, y sin preocuparme por que nadie apachurre a los niños ¡wow! ¡¡¡Los dos solitos!!!

La emoción va subiendo en mi hasta que acepto. Y nos vamos. Patinetes incluídos.

Hace frío así es que vamos bien abrigados. Olivier olvidó su único gorro en Reims (si…es un hombre y no le gusta gastar en cosas “superfluas” como el dice), así es que agarra el primero que encuentra de Mateo (uno verde medio “fluo” (no crean que superfluo, solo “fluo”)) y se lo pone. Yo escojo dentro de mi colección de cosas de invierno (si, soy mujer y “tienes demasiadas cosas, Lorena, deberías de hacer una selección”…) unas orejeras, que me calientan muy bien mis orejitas, exactamente, para eso sirven, me dirán ustedes…pero que hacen que oiga todo como a lo lejos, como si me hablaran desde otra dimensión.

Y ahí vamos. A la aventura de la fiesta de las luces.

Pequeño problema # 1. No pensamos que las trotinetas (ya, basta de llamarlas patinetas, patinetes o patines del diablo. Mis hijos hispanizaron el nombre francés “trottinette” y así les dicen, y así les digo yo. Y así les diré de ahora en adelante en esta historia porque me desconcentra estar pensando en los otros nombres. Uff…) no avanzan bien al lado del río porque hay piedritas. Ni modo. A caminar. Vamos con la trotineta en una mano y la otra mano en la mano del otro, o sea, dándonos la mano, pues, ‘pa que les sea claro.

Hasta ahora todo bien romántico, exactamente como yo me imaginaba, aunque de vez en cuando la trotineta se me va chueca y me tropiezo con ella, lo cual es medio desesperante.

Pequeño problema # 2. Olivier me platica y yo lo oigo a lo lejos, como un susurro (acuérdense que traigo puestas mis orejeras), lo cual hace todo aún más romántico, me dirán ustedes, solo que a veces el susurro es tan bajito que me tiene que repetir las cosas dos o tres veces. Eso es medio grave, pero no es el VERDADERO pequeño problema número dos. El pequeño problema número dos es que saliendo del río, ya para atravesar el puente hacía la plaza Carnot, el piso de la acera está muy suavecito. Perfecto para andar en trotineta.

Sí. Exacto. Tan perfecto, que Olivier se lanza a toda velocidad como un niño, de esos que se le escapan a sus papás de repente. Sin decir agua va.

Pequeño problema # 3. A partir de ese momento mi lindo “paseo romantique” pasa a ser el juego de “sigue al gorrito verde” (no sé si existe…). Al principio lo logro mal que bien, aunque pareciera que el que trae puestas las orejeras es él, porque por más que le grito que me espere nomás no me oye. Ya por fin cuando lo alcanzo le pregunto que cuál es la idea, que si venimos juntos o no, a lo cual me contesta que claro que venimos juntos pero que “ça glisse trop bien” o lo que es lo mismo, que la trotineta desliza demasiado bien (como diciendo: ¡si, estás casada con un hombre y mi idea del romanticismo no se parece en nada a la tuya!) Con lo cual me deja muda… Seguimos “deslizándonos” hasta llegar a la Place Bellecour, en donde hay un homenaje a Antoine St-Exupéry, autor del Principito. Lo veremos de regreso, le digo (o más bien le grito al gorrito verde que va unos metros adelante), ¡¡¡vamos directo a la Place des Terreaux, a ver si este año si podemos ver algo!!! (el año pasado había tanta gente que no hubo forma de ver nada) ¡¡¡OK!!!, me contesta, siguiéndose de largo sin voltearme a ver siquiera.

Pequeño (o un poco más grande) problema # 3. Digo un poco más grande porque a partir de este momento se me complica bastante la tarea de localizar al gorrito verde (aunque sea “fluo”) en medio de la marea humana que empieza a juntarse a nuestro alrededor. Olivier no solo se desliza, sino que va esquivando perfectamente a todo el que se interpone en su camino. Suena fácil y viéndolo a él hacerlo parece realmente cosa de niños. Pero no lo es. Mientras su estilo natural fluye, el mío para nada. Yo choco con no sé cuantas personas. Medio mato a otras tantas que se tropiezan con mi trotineta mientras yo trato de esquivarlas, y a otras más por poco las atropello mientras atraviesan la calle cuando yo al fin voy agarrando vuelito por lo que tengo que hacer no sé cuantos “aterrizajes” forzosos.

Entre más nos acercamos a la Place de Terreaux más peligrosa se vuelve la hazaña. Por fin logro llegar hasta donde está paradito mi lindo y amoroso marido esperándome tranquilamente y le digo que ni se le ocurra volver a subirse a la endemoniada trotineta mientras estemos en el centro. Voltea a verme y me contesta: ¿Por?

De repente silencio. Y luego colores. Música. Por arte de magia (o más bien de las luces) Los edificios de la Place de Terreaux despiertan de su sueño eterno.

Como si nada mi marido agarra mi trotineta, la pone junto a la suya y me abraza. Ya…¿qué les digo? Todo es maravilloso. No sabemos ni para donde voltear. Por un lado un cuadro. Luces naranjas, rojas, de todos colores. Bailarines, música, flores. Cuadros. Bailarines que salen de los cuadros. Desde música clásica hasta hip-hop se mezclan a las imágenes que nos transportan a otro mundo. A un mundo de fantasía espectacular. Una verdadera obra de arte. Nos encantó.

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De ahí, ya caminando como Dios manda entre la multitud, se acabaron los problemas. Vemos iluminaciones unas más bonitas que las otras. Una lamparita para bebés en la fuente de Jacobins. Una especie de video-juego en Saint Paul. La Catedral de Saint-Jean no sé ni como explicarla…increíbles imágenes de todos colores y sabores. Unas palmeras iluminadas en la iglesia de Sainte-Blandine, gente volando en Bellecour, unas esferas de colores en Confluence (estoy diciendo todo revuelto…) La Básilica de Fourvière toda azul…unos muñequitos blancos que brincan y hacen vibrar todo el edificio de la Opera de Lyon. Flores. Arcos. Y un sin fin de luces más. Ya ni sé.

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De regreso escogemos otro camino. No hay nadie. El suelo  está en su punto.

Creo que con tanto empujón en el centro agarré confianza.

Olivier se lanza y yo junto con él.

¡Deslizamos demasiado bien!

Finalmente, tener un marido “tan romántico” como el mío puede ser muy divertido.

(Por cierto, me atrasé en publicar esto. Hoy es ocho de diciembre, verdadero día de las Luces en Lyon) 

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La Epoca de Navidad

Veinticinco de Noviembre. La época de Navidad empieza oficialmente en Lyon (aunque ya varias tiendas hicieron trampa y estaban adornadas desde antes….).

Ya se sentía venir: primero: el cambio de clima. Segundo: mientras los árboles empiezan poco a poco a desvertirse, nosotros hacemos lo contrario: en Lyon pasamos de estar en manga corta a usar abrigo en un día. No hay clemencia. Lo que provoca, tercero: tener que sacar todo el guardarropa de invierno que teníamos muy bien guardado desde hace meses y que huele a encerrado, por lo que hay que lavar TODO (o por lo menos aerarlo); y, en consecuencia, tener que poner en pausa a nuestros queridos vestiditos y sandalias de verano durante otros varios, demasiados meses…y al mismo tiempo hacer una selección de todo aquello que el próximo año estará demasiado pequeño para utilizarse. Los chicos crecen…Luego, probarles toda la ropa de invierno, porque aunque se escogieron las prendas que uno creía que irían bien, no siempre es cierto. Los chicos crecen a velocidades impresionantes. Lo que nos lleva a, cuarto: tener que salir corriendo a buscar rebajas de último minuto porque: Mateo ya no tiene zapatos. El abrigo de Paola le queda demasiado pegado. Todas las mangas de las playeras de Luca le llegan a la mitad del brazo. Luego, ya cuando tenemos todo bien guardado (que aquí entre nos yo todavía no logro…) resulta que el clima se vuelve medio loco. Todo el mes de octubre y noviembre estamos como jugando en un sube y baja. No se sabe si vamos a amanecer arriba o abajo. Hay que vestirse como cebollitas. Los niños en la escuela tienen calor, en la casa tienen calor, afuera a veces hace mucho frío, a veces húmedo, a veces no tanto…Yo a veces (casi siempre) tengo frío. Todo ese ajetreo nos lleva a, quinto: tener que ir (yo, no los niños) a hacer cola un sábado tempranito durante horas al doctor porque hace tres semanas pensaba que tenía un resfriadito de nada y un viernes ya no podía ni con mi alma, ni con el dolor de cabeza y de oídos, ni con nada más, para el caso. Y el doctor que ve mi historial clínico y me dice: empezamos pronto este año…que vamos a hacer con usted señora. De verdad que no soporta los cambios de clima (¡¡¡a poco!!!….) el año pasado vino a vernos cinco veces en invierno. Vamos a tratar otro tratamiento…y si no tendrá que cambiar de lugar de residencia estos meses porque de plano el frío no le va nada bien (jajaja, bueno su chiste)…¿de qué origen es, ya no me acuerdo? Soy mexicana doctor. Ah! Pues ahí tiene la razón…le falta el sol y el calor…(¡¡¡a poco!!!). En fin…la visita nos lleva a, sexto: tener que tomar antibióticos durante quince días, y una vez pasado eso, tener que ponerme en la naríz un producto durante tres meses (una idea de mi doctorcito para ver si logramos que no me enferme tanto este año) que sabe a demonios. Y luego lo mejor: también tomar aceite de hígado de bacalao, porque resulta que las abuelitas tenían razón, tiene mucha vítamina D, que es justo lo que me falta en estas fechas. Y no solo las abuelitas…mi mamá también tenía razón. En cuanto me dice eso el médico casi me da el soponcio. Inmediatamente me vi corriendo como rata enjaulada junto con mis hermanos en la cocina todas las mañanas mientras mi mamá nos perseguía con la cucharada de aceite de higado de bacalao que iba escurriendo mientras ella avanzaba a grandes pasos. Lo que hacía que la cocina apestaba durante horas y horas a algo indescriptible…horroroso…Cuando porfin nos atrapaba nos tapaba la nariz y nos forzaba a tragar esa inmundicia. Después de hacer toda una serie de ruidos, de querer vomitar en el acto, de gritar que cómo nos podía hacer eso, etc. etc., tomábamos litros de jugo, de agua, comíamos algo y aún así, el mal sabor de boca no se iba. Así es que ya se imaginarán mi reacción cuando oí la noticia. ¡No! Le dije a mi doctor, ni loca voy a tomar eso. Me trae demasiados malos recuerdos. Pero señora, dijo él, esos son tiempos pasados. Ya existen las cápsulas de aceite de hígado de bacalao. ¡Qué! ¡¡Cómo no se les ocurrió antes!! Mi infancia habría sido otra…¡¡¡Benditas cápsulas!!! ¡¡¡Amo las cápsulas!!! otra cosa es que sirvan. ¡¡¡Tengo fe!!! ya les contaré…La historia del médico y de las medicinas nos lleva a, séptimo: que mi esposo se burle discretamente diciendo que igual y lo que me da el médico no son antibióticos, sino un placebo. Que lo que me pone mal es la época, y que de alguna forma yo misma provoco todo lo que me pasa en invierno. Puede ser…en el momento me molesta muchísimo que me lo diga, pero en el fondo creo que tiene razón.

Sencillamente el invierno y yo no somos amigos. Yo diría que somos casi enemigos.

Digo casi porque a partir del 25 de Noviembre cambia (un poco) la cosa.

En la Plaza Carnot empieza el Mercado de Navidad (que dura hasta el 25 de diciembre) y el ambiente de la ciudad cambia. Amo el mercado de Navidad. Aunque acepto que cada vez es más comercial que tradicional, todavía se siente un ambiente especial.

Desde que voy en el autobús se empiezan a ver las casitas de madera. Todas casi igualitas. Primero veo los techos de colores y poco a poco se alcanza a ver el resto. Unas son verdes con techos rojos y otras rojas, con techos verdes. Una vez abajo, camino lentamente, para ir impregnándome del ambiente. Por los altavoces se escuchan los villancicos bien franceses. “Petit Papa Noël”, “Vive le Vent”, “Mon Beau Sapin”…La primera cabaña por la que paso es cada año la misma (yo creo que la ponen justo a la entrada para que te mueras del antojo inmediatamente). Es la de la Tartiflette. En una sartén gigantesca (que se parece a la que se usa para hacer la paella, pero todavía más grande) ponen a cocer papas, tocino, crema, queso reblochon, en su punto. Especias…El olor que se desprende es de otro planeta. Te lo sirven bien calientito en un plato especial de cartón. Y de ahí, te transportas directamente a los Alpes, a la región de Savoie, de donde es originario este platillo.

Sigo mi camino. Los olores van cambiando…papas rellenas de mil sabores, sopa, pan de especies, miel…También hot-dogs y pretzels de la región de Alsacia. Castañas asadas…mis favoritas. Y vino caliente. ESENCIAL para soportar el frío. Aquí hago una pausa. Para los que nunca han tomado un vaso de vino caliente. Tienen que resolver eso. PRONTO. El vino caliente es como viajar a un mundo mejor. Sentirse vivo (Ok, estoy exagerando, pero, ¡realmente vale la pena la experiencia!) Ese sabor a naranja, anis, canela…mezclado al vino tinto, o blanco, depende de la región…es uff…una maravilla. Ya con mi vaso de vino (porque ese si no lo perdono…la tartiflette en realidad es más un viaje de aromas, no es un básico para mi) continúo mi paseo. La gente vende de todo…puede uno reír o llorar con los productos. Encuentras desde cosas bien Navideñas como nacimientos, adornos para el árbol, árboles de Navidad, gorros de Santa Claus, hasta cosas para regalar de TODOS los estilos. Bufandas, chocolates (de todas las formas (y cuando digo todas, son TODAS…usen su imaginación…), colores y sabores), joyería de fantasía, esculturas de madera, juguetes, peluches, figuritas de vidrio, muñecas rusas, un tipi que vende anti-pesadillas (o no sé bien como se llaman en español…), productos canadienses, jabones, velas, etc. etc. Es toda una aventura ir viendo los puestos y el tipo de gente que compra cada cosa.

Después de un buen rato (o menos rato, si de plano hace mucho frío) regreso a mi casa con una sonrisa y me siento mejor.

Esto de la época Navideña nos lleva a, octavo: Lyon está muy cerca de las montañas. A mis hijos y a mi marido les encanta la nieve. A mi también, pero solo de ida y vuelta (creo que ya quedó muy claro que no soporto el frío…). Así es que ya se volvió un ritual de fin de semana coger todo el equipo: botas, ropa para esquiar (aunque en realidad no esquiamos), trineos, pic-nic, etc. Llenar la cajuela del coche y salir tempranito a pasar el día en algún lugar cercano. Los niños se la pasan bomba. Casi siempre hay sol en la montaña, así es que toca llevar lentes de sol y hacer el pic-nic al aire libre y de ahí pasar la tarde caminando y lánzandonos con los trineos una y otra vez. Alguna vez me animaré e iremos más tiempo para que los niños aprendan a esquiar (aunque si tengo la opción…en las vacaciones de febrero mientras todos los francesitos están en eso, ¡¡¡nosotros nos vamos al sooool!!! No me puedo quejar…).

No sé ustedes, pero yo que ya me sentía esta semana en la depre total con este clima gris de mierda, nadamás de escribir y sacar todo ¡me siento mejor! Ya hasta ganas tengo de ponerme ese traje rojo que tengo desde hace años, que con los kilitos que traigo de más ya no me cierra y me tengo que poner el pantalón con el ziper abierto…pero no importa (shhhht no le digan a nadie!!!) y luego cuando camino parezco robot porque no puedo mover bien las piernas…pero, necia yo ¡¡no pienso comprarme otro…ya regresaré un día a mi peso normal…¡¡qué si!!

Aquí les dejo la receta del vino caliente. Ya se las di el año pasado, pero como soy bien buena onda, se las dejo otra vez, ¡’pa que no digan!

Receta Tradicional del Vino Caliente

(Del puesto de té del mercado que vende bolsitas de especias para preparar el vino caliente más delicioso que he probado)

Ingredientes

1,5 litros de un buen vino tinto

150 g de azúcar morena

1 cáscara de limón

1 cáscara de naranja

2 bastoncillos de canela

2 estrellas de anis estrellado

2 clavos

1 un pedazo de gengibre picado

1 punta de cuchillo de nuez moscada rallada.

Preparación

  • Mezclar todos los ingredientes

  1. Poner a calentar a fuego lento,
  2. Dejar hervir 15 minutos,
  3. Servir caliente filtrando con la ayuda de un colador.

¡Salud!

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¡¡¡¡Gracias por leerme!!!! No necesito ir a una terapia…¡¡¡los tengo a ustedes!!!

¡¡¡Besos gigantes!!! y ¡¡¡feliz época de Navidad!!!

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Diciembre- 5 (En Noviembre)

Y en eso que te acercas por atrás muy despacito…así, sin hacer ruido. Pero para eso todavía no éramos novios, solo me gustabas harto, nadamás. Y yo platique y platique con mis amigas y ellas bien calladitas, pero con una sonrisita medio sospechosa, ¿sabes, no? Cómo si quisieran decirme algo pero no lo dicen. Y yo me les quedo viendo así como, pus ¿qué les pasa? Y en eso siento unas manos que me tapan los ojos. No sé si gritar del susto. Del shock me quedo ahí, inmóvil, como cuando jugábamos a las estatuas de marfil…¡uno, dos y tres así, el que se mueva baila el twist! No…ya…en serio, son unas manos medio fríitas, y eso que hace calor. Pongo las mías por arriba y me digo que no tengo idea de quién son. Todo esto pasa en unos segunditos ¿eh?, no creas que así de lento como te lo cuento. Es solo para darle emoción al asunto. Y yo ahí tocando las manos sin saber ni qué y tú derepente, mientras me estás tapando los ojos, me dices al oído: SORPESA. Y ahí sí. Se me cae el corazón al piso. Todito. Y más cuando te acercas y me das un beso en la mejilla. Bien tronado. Y para colmo me llevas una florecita. De esas de las macetas del zócalo, como moraditas, de las chiquititas. Te veo y se me salen las lágrimas. Y así me despierto, llorando. Porque eso. No es más que un maldito sueño.

Hace ya un mes y medio que te fuiste. Un mes y medio Pepe, ¿te das cuenta? Cuarenta y cinco días sin verte, sin tocarte, sin besarte. Sin que me veas, ni me beses, ni me toques. Ya sé que no es para siempre. Ya sé que nos vamos a ver en Navidad, pero me vale. YA NO PUEDO MAS. Llevo llorando desde que abrí los ojos. No lo puedo evitar.

Lo peor es que no lloro nadamás por eso. Es como si todo pasara al mismo tiempo. Como si también San Benito estuviera tristeando. Como de Luto. Esa es la palabra. Ya no sé si debo decirte todo…tú qué…ya estás allá, viviendo otras cosas, disfrutando a tu mamá. Aprendiendo inglés. Yendo a la escuela tranquilito, como si nada. Aquí nada se puede hacer como si nada Pepe…Sí, ya me dirás que ya lo viviste…pero ahora es diferente. Es como si de a una todos lloráramos al mismo tiempo. Como si las lágrimas de unos y otros llenaran poco a poco un vaso invisible hasta que de pronto una gota cae tan fuerte que derrama todo y nos empezamos a inundar. Y si no hacemos nada vamos acabar ahogados.

Ahogados en lágrimas.

Nadie quiere eso. Yo, aunque no entiendo todo lo que pasa, tampoco. Ya mis papás han ido a varias marchas al D.F. Hasta aquí en el pueblo la gente se está rebelando. Todos piden justicia por los jóvenes normalistas. Dicen que va a haber un paro general el 20 de noviembre. No sé bien ni que es eso, pero todo está de cabeza Pepe. Tengo miedo. Todos tenemos. Y con todo y miedo la vida sigue…

Me levanto y como todos los días, lo primero que hago es pensar en tí. Leo una de tus cartas y me imagino como pasas tus días allá. Ya cuando estoy bien entrada viéndote clarito en tu casa o en tu escuela, mi mamá me pega un grito de esos de ultratumba porque ya se me hizo tarde. Así es que corro como una loca para llegar a tiempo a clases. Voy todo el camino a la escuela rezando. Para que no pase nada ese día, ni en el pueblo, ni a nadie de los que quiero.

Ni pa’ que te cuento la vida en la escuela. Ya te la sabes de memoria. Bueno sí. Solo te cuento que la Beatriz y el Chucho ya andan. Tanto que decía ella que no y no y ya ves. La convenció. Se la pasan todo el día pegaditos. Parecen miel de abeja. Ya hasta empalagan… OK, lo acepto. Digo eso porque estoy celosa. No creas…cómo quisiera yo estar así todo el día contigo, como antes. El otro día estaba pensando que ya casi vamos a cumplir un año de novios, qué rapido. Todavía me acuerdo de tu cara cuando te di ese primer beso. Ja, Ja. Pensar que me tuve que animar yo porque tu andabas en la baba total. Me puse tan nerviosa que apenas te lo di y salí corriendo…(quién iba a decir que unos meses después ibas a andar tan besucón… y que hasta antes de que te fueras casi nos cacha tu abuelita atrás de su puesto, en el faje total, ¡qué tal!) Oye, ¡espero que no imprimas mis mails y nunca se los enseñes a nadie ¡eh! Qué mira que si los ve tu mamá ¡¡¡te mato!!! Ya sé, yo sí los imprimí…pero es que los quiero leer diario y no puedo venir todos los días al cyber-café. Para ti es más fácil encontrar donde leerlos allá, así es que ¡no es lo mismo! Qué conste…

Por cierto, hablando de puestos, ayer fui a saludar a tu abue y la vi re bien. Estaba con Don Génaro. Con el susto que nos daba ese Don Génaro y resulta que salió bien perita en dulce. Cómo la quiere y la cuida. Es una bendición para ustedes que ella esté aquí tan bien acompañada. Dice que ella ni muerta se iría al otro lado, que ya está muy vieja. Que aquí está su casa y su lugar. No te preocupes. Iré a verla seguido y ya por fin me prometió que va a venir conmigo la próxima vez para escribirte. Dice que me dicta y yo escribo, que ella no le sabe a estas máquinas. Pero que ni se les ocurra dejar de hablarle cada semana, que no podría vivir sin oír su voz.

Y a mi prométeme que me hablas mañana. Voy a estar aquí desde que salga de la escuela esperando.

¿Cómo va tu mamá? ¿Sigue con su galán? ¿Cómo dices que se llama, Paco creo? ya se me olvidó.

Siento que tu tienes tanto que contar y yo nada…platícame amor, hazme soñar un poquito.

Muero por estar contigo. Voy a contar cada día hasta que nos veamos.

Está lloviendo. Ves…hasta el cielo aquí está triste.

Háblame mañana. Me voy que me voy a empapar. Te amo muchísimo.

Lolita

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La Calaverita

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Estaba la tilica y flaca
papaloteando por un callejón.
Bien contenta se pavoneaba
cuando se encontró a un jetón.

¿Pero qué te pasa?,
le preguntó la calaca,
ni que te fuera a llevar.

Si nomás me ando paseando.
Hoy es mi día de asueto;
así es que yo, descansando.

El peatón la miraba,
sin miedo, ni nada de nada.
Eso si, la pinta de malos amigos, no quitaba.

Qu’est ce que vous avez
à me regarder comme ça ?
Vous ne voyez pas qu’il fait froid ?

De a ocho se quedó la huesuda
cuando escuchó hablar francés.

Era la primera vez
que alguien le contestaba,
así con tan mala cara.
Y en una lengua tan rara.

Pos ora, que le pasa a este.
Mira que si me enfado,
aunque esté de pinta, chicharrón lo hago.

Que se le queda viendo y le dice,
¿qué te traes tú con tu mal genio?
No tienes de que quejarte,
tu ciudad parece obra de arte.

Bien bonita, con sus dos ríos.
Tantos puentes,
y sus paredes pintadas,
tan bien coloreadas.

El otro no contestaba.
Titiriteando, apenas de reojo,
la observaba…
La muerte se quedó pensando.

Ya caigo, dijo de repente.
Aquí lo que falta es calor,
de ese que tenemos en México,
que llena el alma de amor.

Al más allá se llevó al frío.
Y de paso hasta el mal humor
comenzó a alistarse.
Listo estaba para marchitarse.

Y desde entonces en Lyon
solo brilla la alegría.
¡Ya no hay renegón alguno
que eche a perder el día!

Un año ya…

Feliz-cumpleaños-para-facebook

¡¡¡Vivo aquí pero soy de allá cumple un año!!!

Día especial y mágico, hoy dos de noviembre. Día en que la vida y la muerte se reúnen. Y festejan. Y se apapachan muy fuerte.

Yo empiezo por agradecer y abrazar a mis abuelas, quienes siguen siendo tan importantes en mi vida. Abuelita Cuca y Abuelita Chella, este blog lo hice por y para ustedes. Están conmigo hoy y siempre.

Y ahora paso a dar gracias a los los vivos. Primero que nada, a Olivier Rhoné. Sin tu apoyo este blog no sería posible. Gracias amor. Y a Mateo, Paola y Luca. Los amo. Simplemente.

A mi mamá, Irma Perez, que estaba aquí el año pasado echándome porras cuando dudaba. Y que está aquí este año. Y entre tanto ha leído y comentado cada uno de mis relatos con tanto amor y dedicación. Gracias ma. Love U!

A todos y cada uno de ustedes. Por hacer realidad mi sueño. Por sus sonrisas cuando me leen. Por todos sus comentarios. Porque gracias a Vivo aquí, pero soy de allá ha conocido a gente tan linda, talentosa y positiva.

A mi familia, mi papá y mis hermanos por su apoyo. A mi tía Celia, siempre lista para leer mis relatos. A mis amig@s, a mis hermosas LEGS, y en particular, millones de gracias:

A Ana Laura Martinez. Por ser mi primer fan. Y porque seguiría escribiendo aunque fueras la única. Te adoro.

A Silvia González y Mar Ramos.  Sin ustedes mi vida en Lyon sería completamente insípida. Gracias por estar ahí, siempre. Las quiero!

A Victor Ortiz, Cynthia Clavel Sànchez, Luz Patterson. Por ser de mis primeros lectores. Sus comentarios me ayudaron a seguir. A ir agarrando confianza. A aprender.

A Isabelle Josseaume, a Ruth Benitez H, a Marisa Quezada, a Iliana Pérez, a Claudia Simon G Por decir siempre presente. Gracias amigas adoradas!

A Gloria Navarrete Sama. Me siento honrada de tener una lectora asidua de la familia!! Gracias.

A Leonidess Crespo y Alberto M. Correa. Simplemente GRACIAS. Sus comentarios me dan alas. Tenerlos como lectores es un honor.

A Lilia Galindo, millones de gracias por creer en mi. Participar en tu programa Cafe con Leche, Radio Talk Show alegra mi día. Me encanta leer mis historias y platicar contigo, eres una maravillosa persona.

Al Chef Carlos Rguez Oficial. y a MaJo S Ch. Gracias infinitas por invitarme a participar en sus páginas. Es un placer para mi compartir mis historias con ustedes.

A Isabel Núñez, gracias por tu blog. Y por tu talento.

Me falta tanta gente…gracias, millones de gracias a todos. Esto no se acaba aquí. Tengo tantos proyectos y ganas de escribir más y más…Espero me sigan acompañando.

Y ahí le paro, no los quiero aburrir más! LOS QUIERO!!! Seguimos!!