Un año ya…

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¡¡¡Vivo aquí pero soy de allá cumple un año!!!

Día especial y mágico, hoy dos de noviembre. Día en que la vida y la muerte se reúnen. Y festejan. Y se apapachan muy fuerte.

Yo empiezo por agradecer y abrazar a mis abuelas, quienes siguen siendo tan importantes en mi vida. Abuelita Cuca y Abuelita Chella, este blog lo hice por y para ustedes. Están conmigo hoy y siempre.

Y ahora paso a dar gracias a los los vivos. Primero que nada, a Olivier Rhoné. Sin tu apoyo este blog no sería posible. Gracias amor. Y a Mateo, Paola y Luca. Los amo. Simplemente.

A mi mamá, Irma Perez, que estaba aquí el año pasado echándome porras cuando dudaba. Y que está aquí este año. Y entre tanto ha leído y comentado cada uno de mis relatos con tanto amor y dedicación. Gracias ma. Love U!

A todos y cada uno de ustedes. Por hacer realidad mi sueño. Por sus sonrisas cuando me leen. Por todos sus comentarios. Porque gracias a Vivo aquí, pero soy de allá ha conocido a gente tan linda, talentosa y positiva.

A mi familia, mi papá y mis hermanos por su apoyo. A mi tía Celia, siempre lista para leer mis relatos. A mis amig@s, a mis hermosas LEGS, y en particular, millones de gracias:

A Ana Laura Martinez. Por ser mi primer fan. Y porque seguiría escribiendo aunque fueras la única. Te adoro.

A Silvia González y Mar Ramos.  Sin ustedes mi vida en Lyon sería completamente insípida. Gracias por estar ahí, siempre. Las quiero!

A Victor Ortiz, Cynthia Clavel Sànchez, Luz Patterson. Por ser de mis primeros lectores. Sus comentarios me ayudaron a seguir. A ir agarrando confianza. A aprender.

A Isabelle Josseaume, a Ruth Benitez H, a Marisa Quezada, a Iliana Pérez, a Claudia Simon G Por decir siempre presente. Gracias amigas adoradas!

A Gloria Navarrete Sama. Me siento honrada de tener una lectora asidua de la familia!! Gracias.

A Leonidess Crespo y Alberto M. Correa. Simplemente GRACIAS. Sus comentarios me dan alas. Tenerlos como lectores es un honor.

A Lilia Galindo, millones de gracias por creer en mi. Participar en tu programa Cafe con Leche, Radio Talk Show alegra mi día. Me encanta leer mis historias y platicar contigo, eres una maravillosa persona.

Al Chef Carlos Rguez Oficial. y a MaJo S Ch. Gracias infinitas por invitarme a participar en sus páginas. Es un placer para mi compartir mis historias con ustedes.

A Isabel Núñez, gracias por tu blog. Y por tu talento.

Me falta tanta gente…gracias, millones de gracias a todos. Esto no se acaba aquí. Tengo tantos proyectos y ganas de escribir más y más…Espero me sigan acompañando.

Y ahí le paro, no los quiero aburrir más! LOS QUIERO!!! Seguimos!!

 

 

La Visita- 4

Doña Irene se levantó muy temprano. Se incorporó. Se sentía como una niña a punto de tener un juguete nuevo. Emocionada y nerviosa a la vez.

Le aguardaba un largo camino, así es que se arregló y se puso en marcha. A pesar de su edad se movía al ritmo del viento, que no soplaba tan despacito…

Llegó al lugar de la cita temprano. Normalmente no le gustaba ser la primera, pero ese día estaba tan contenta que se puso a tararear su canción favorita mientras esperaba.

Poco a poco, todos los que iban a San Benito fueron llegando. Amigos, conocidos, jóvenes, niños y hasta varios bebés se alistaban.

Cuando estuvieron listos comenzaron el gran viaje.

Al principio todos platicaban, cantaban, contaban historias. A doña Irene le encantaba escuchar los cuentos de todos, cada quién tenía su especialidad.

Al acercarse al pueblo, cada uno iba tomando su propio camino. Algunos se quedaban en las afueras, cerca del llano; otros, en algún rancho y algunos más entraban hasta el centro.

Ese fue el caso de Irene. Concentrándose, se dejó llevar por la fragancia de los suyos: una mezcla del perfume de las flores más deliciosas con el amor, la ilusión y la esperanza de su familia.

Muy pronto vio las luces que la guiarían hasta ellos. El camino de pétalos de cémpasuchil llegaba hasta la calle, e inmediatamente supo que había llegado a su destino.

Se acercó muy despacio, para no asustar. Por la ventana vio a su amado esposo, Javier, a su hija, María, a Ramiro, su yerno y a Juanito, su nieto. Los cuatro rezaban juntos y esperaban tomados de la mano, como cada año.

Nada podría hacerla más feliz que ese momento. Poder verlos, tocarlos, hablarles. Tenía esta oportunidad solo una vez al año y pensaba disfrutar cada segundo.

Sintiendo que ya no podía más, entró a la casa. Al instante, todos dejaron de respirar. La paz y tranquilidad que se sentían en el ambiente en ese momento eran totales. Sabían que había llegado.

Se acercó a ellos y sin decir palabra, los abrazó muy fuerte, con todo el amor que traía guardado desde hacía un año.

Podrían haberse quedado así, entrelazados, pero las ganas de festejar y la felicidad que sentían todos hicieron que se separaran y pasaran el resto de la noche riendo, cantando y celebrando la vida y la muerte que esa noche eran una misma.

 

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El niño habla con determinación. No se alcanza a oír lo que dice pero se ve que tiene una conversación animada. Se ríe.

Solo que frente a él no hay nadie.

O eso dirán los escépticos. Porque los otros, los que creen, esos, pueden escuchar y hasta ver claramente a una abuela platicando con su nieto, en el cementerio:

-Te lo dije, Juanito, te dije que los jóvenes de ahora ya no son románticos. Cántale, ya verás que eso sí funciona. Llévale serenata y te prometo que cae redondita.

-Chale abue, ya ves como eres…¿Qué, a ti si te cantaba mi abuelo?

-¿Qué si me cantaba? ¡Me canta! Anda, ve por él. ¡Ya verás qué bien le salen las rancheras! 

 

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La Visita- 3

La casa está iluminada. Bien bonita.

Vas a ver que te va a gustar, abuelita. Mi mamá se fue bien tempranito a hacer el pan. Y papá trajo las flores más bellas, de colores. Para ti. Yo fui a comprar las calaveritas. Ya el papel picado lo teníamos preparado.

Ayer hicimos tamales, y mole poblano, que tanto te gusta. Y no abuelita, esta vez no se nos olvidó el tequila, ni las alegrías.

Mamá escogió una foto en donde sales rete guapa, jovencita. Y otra ya de más mayor, con tu chal azul, ese tan calientito con el que me arropabas cuando era chiquito, ¿te acuerdas?

Al rato vamos por mi abuelito, que también quiere venir a verte, aunque dice que ya pronto te va a alcanzar, que ya está cansado y viejo. Nosotros ni lo escuchamos, porque bien que todavía está puesto para jugar al dominó los domingos, y la misa no se la pierde. Ya lo verás, ¡todavía falta para que te lo lleves!

Estoy tan contento de verte abuelita, te extraño. Y te quiero, así de mucho. Cómo me gustaba contarte mis cosas… A veces todavía lo hago, porque sé que me escuchas, pero no es lo mismo que cuando te tengo enfrente, por eso voy a aprovechar hoy. Ya le pedí a todos que me dejen un momentito a solas contigo, porque ¿sabes? Te tengo que contar algo… No me atrevo ni a contarle a mis papás, luego me regañan, dicen que solo pienso en tonterías, que a mi edad no debería de andar pensando en mujeres. Pero no son pensamientos cochinos, no abuelita, te lo juro. Es algo serio, de verdad. Creo que estoy enamorado. Pero ella no me hace caso. O eso digo yo. Ya guardé la carta que me dio para enseñártela y a ver que opinas. No te vayas a reír, me lo prometes. 

No te digo más, lo dejo para esta noche. Ya me urge que llegues y veas qué lindo que quedó todo abuelita, ¡y el festín que nos vamos a dar, te va a encantar!

 

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La Visita- 2

Hace un año que no los veo. No puedo de la emoción. Un año entero es mucho tiempo. La última vez que estuve con ellos Juanito había crecido tanto… Y mi Javier, parecía cansado; cómo lo extraño…Estaban ahí, todos sentaditos, calladitos, como rezando, esperándome.

El camino tomó varias horas. Por suerte no estaba sola. Venía con Don Ramiro, y la Vero. También Eva y la señora Betina. Y algunos otros; éramos un grupo bastante grande. Todos ilusionados, veníamos cantando, me acuerdo. Luego cada quien contaba sus historias, unas tristes y otras bien chuscas, como esa que contó Rosita, de cuando se le salió la gallina del corral y tuvo que perseguirla durante horas, y luego la otra, la del Poncho, que la novia lo dejó vestido y alborotado, esperándola en el altar de la iglesia. Y cuantas otras.

Y ahora habrá nuevos que hagan el viaje, siempre más.

Qué ganas tengo de verlos.

De dejarme guiar por su camino de luz, por el aroma de los pétalos de flores que ellos escogieron, con tanto amor, en los que dejaron plasmado un pedacito de su alma que me acompañará hasta llegar a su presencia.

Y de abrazarlos muy fuerte; y de contarles, y de que me cuenten todo lo que han hecho, que me hagan reír con sus ocurrencias, con sus chistes.

Quiero probar los deliciosos platillos que tanto me gustan, el rico mole, y los tamalitos verdes y de dulce. Y el pan. ¡Y un buen tequila!

Disfrutar la fiesta, como si nada, como ayer, como mañana, como siempre.

Y hacer el camino de vuelta con ellos, que me acompañen, juntitos, platicando, soñando, como si fuera un paseo, pero que no se termina nunca.

 

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No tema. No llore. No sufra.

 Sonría, que estamos de fiesta. Y conviva, que para eso vino. No este triste. Hoy no. Platique, ande, no sea tímido, que ya verá que se le calma el acongojo y le viene la paz.

 Y sobre todo. No dude. Actúe.

 Puede que no vea nada, solo sienta. Con el corazón. Con el alma bien despierta. Solo los que aman de verdad y creen, sienten.

 Y solo los que sienten, escuchan… y hasta ven.

 Si escuchó, creyó, y si no, pues no. Puede que sí, como puede que no.

camino de luz

La Visita – 1

Estamos acercándonos al Día de Muertos, lo que significa que “Vivo aquí, pero soy de allá” está a punto de cumplir un año de vida.

Podrá sonar paradójico, pero no lo es. El dos de noviembre, para los que creen, es el día en que se festeja la vida, en el que los de “aquí y los de allá” se reúnen y festejan juntos.

Tomando en cuenta que “allá” tengo gente indispensable para mi vida, me pareció lo más natural publicar mi blog por primera vez ese día, y así, hacerlos partícipes de mi sueño.

La visita”, primera serie de relatos oficial del blog, es una de mis historias favoritas y quiero volver a compartirlos con todos ustedes de una manera especial.

Cada semana publicaré uno hasta llegar a nuestro día de cumpleaños.

Aquí les dejo entonces La Visita – 1. Disfruten.


 

La nostalgia no cabe en la fiesta. Solo el júbilo.

Cada año María y Ramiro comienzan los preparativos al alba. La felicidad los invade. Hoy es el día. María se dirige a la panadería y Ramiro va de prisa al mercado. El fresco aire de la mañana le trae de regalo el aroma de las flores. Desde lejos puede ver los colores. Naranja, amarillo y rojo. Y el blanco, para los niños.

Las más frescas son las mejores.

Apresura el paso.

-¿A cómo el cempasúchil, marchanta?

-A diez el manojo, jefe. Está bien bonita.

-Déme cuatro. ¿Y la nube?

 -La nube está a cinco. Llévese también la de terciopelo, baratita. Se la dejo a cinco, igual.

 -Gracias mi seño, me llevo seis manojos de nube y tres de terciopelo, de la roja. Aquí tiene, quédese con el cambio, gracias.

 

Satisfecho, acompañado de la estela aromática más deliciosa, Ramiro sigue su camino. Se detiene un poco más lejos, en el puesto de las veladoras. Compra veinte. Iluminar es indispensable.

Regresa a casa a tiempo y listo para comenzar.

Primero acomoda la mesa. Dos pisos este año. El cielo y la tierra.

Con el papel picado multicolor que prepararon el día anterior empieza la decoración. Juanito trajo las calaveras de azúcar y floreros muy grandes para adornar.

Pone las fotos en primer plano, y dos vasos de agua; el viaje es largo y se llega cansado. Y mucha luz.

La cruz y el camino de pétalos de flores, hasta la calle, para que no se pierda.

María vuelve con el pan. Justo a tiempo. Los platillos están listos. Mole, frijolitos negros y tamales. Sin olvidar los dulces típicos y el tequila, claro está.

El copal y el incienso también toman su lugar. Acompañarán la oración y la espera.

Todo está listo. La familia, llena de ilusión y esperanza, se acomoda alrededor del altar.

Tomándose de las manos, rezan. El ambiente se llena de paz. La festejada está a punto de llegar.

 noviembre 033

C’est La Rentrée (o, el Regreso a Clases)

La noche anterior

Mateo

Uno, dos, tres, probando, probando…No, ya sé, mejor cuento borreguitos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…esto está muy aburrido. ¿Con quién me tocará? Seis, siete, ocho, nueve, ojalá me toqué con mis amigos. Aunque sea uno… Uno. No tengo ganas. Qué bien me la pasé en las vacaciones. Me encantó todo. Y aunque al principio no quería quedarme en Noirmoutier con papi (prefería ir a España con mis papás…) Paola insistió y qué bueno porque estuvo súper. Bueno y si no me toca ninguno, pues ni modo. Aunque preferiría que sí…Ojalá mi mamá quiera pagar lo del canal Bein, me encantaría ver todos los partidos de foot. Ahora ya no puedo ver más que los que pasan en TF1, que no son muchos. Por cierto, ya debe de haber salido la nueva revista, la tengo que comprar. Qué cosa, no me puedo dormir. Y mi mamá que no me deja prender la luz. Es que no estoy cansado. Le digo y le digo y ella instiste en que me tengo que dormir temprano, que mañana es la rentrée. Qué ya no estamos de vacaciones. YA SÉ que ya no estamos de vacaciones. Lleva una semana con eso. Qué lata. Me pudo dejar tranquilo la última semana. Pero no. Y además tiene como un radar. Cada vez que trato de prender mi ipod y jugar un ratito se aparece. Magia. Hoy hasta me lo quitó. Directamente vino y se lo llevó. Grrr. Y ahora estoy aquí sin poder dormir. Pero con quién diablos me va a tocar. Ya quiero saber. Y al mismo tiempo no quiero. Pero que raro. No estoy nervioso. Comparado con el año pasado, nada. La cinquième va a ser cualquier cosa. Fácil. Ya domino esto de la secundaria. Ja. Pobre Paola. Lo que le espera. No, lo único que tengo es que no puedo dormir, pero nervios, nada.

Paola

Estoy muy nerviosa. No puedo ni cerrar los ojos. Secundaria. No estoy lista para secundaria. Aunque Matéo dice que es “cool” y podemos salir más temprano. Y regresar solos a la casa. Wow…eso sí que está buenísimo. Ya ser grande. Pero luego dice que hay miles de “controles” todas las semanas. No tengo nada de ganas. ¿Cómo voy a hacer con todo? ¿Me tocará con quién? ¡Qué hago si me toca sola! No me puede tocar sola, me muero. No, porque si me separan de mis amigas no es justo. Ellas van a poder hacer todo juntas y yo qué. Ahí sin poder hablar con nadie. ¿Y si me toca con Penelope? No me puede tocar con ella. No la soporto, desde que me dijo que le robé a sus amigas ya no la aguanto. Se siente lo máximo. Y su pelo. Piensa que es como una estrella de cine, pero no. Es fea y además tiene una voz horrible. Por favor Diosito, que no me toque con ella. Te lo suplico. Pero si que me toque con él. Ya sabes de quién hablo. Es un secreto. Y esa tonta de Penelope que se atrevió a decirme que disque “salieron juntos”. Ja, ja, ja. Me río mil veces. Yo se perfecto que no es cierto. La que sí va a salir con él soy yo. Algún día. Seguro. Pero bueno, eso no me importa tanto ahorita…lo que quiero de verdad es estar con mis amigas. Siento como una cosa rara en el pecho. No puedo respirar muy bien. Pero ¿qué me pasa? Si ayer estaba muy bien. Odio la escuela. No quiero ir mañana a la escuela. Tan bien que estaba en las vacaciones. Correr como loca, subir y bajar escaleras todo el día. Y el casillero. ¿Si se me olvidan las cosas? Mateo perdió las llaves del candado tres veces el año pasado. No me puede pasar eso. Ni de chiste. ¿Y ahora por qué estoy así? Estoy llorando. ¿Se me salen las lágrimas por qué no quiero perder las llaves del casillero?

-¡Mamá! ¿Puedes venir?

-¡Ven mamá porfa!

-Ya voy Paola, ¿Qué pasa amor? Pero estás llorando…¿qué tienes?, ¿por qué lloras chiqui?

-Ma…creo que tengo miedo mamá…¿Es normal?

Luca

¡Yupi! ¡¡¡¡Mañana es la rentrée!!!! ¡¡¡¡Voy a ver a mis amigos!!!! Ya quiero ver a todos mis amigos y mi mamá me prometió que voy a poder invitarlos a dormir este año! Porque eso si no es normal. Mateo y Paola siempre invitan amigos y yo nunca. No es justo. Ya tengo mis cartas pokémon más fuertes listas para cambiarlas. Lo único que de verdad te pido Diosito, por piedad, que no me toque con la maestra Alice. Porfa, porfa, porfa. Grita y es malísima. Nadie la quiere. Porfis, que me toque con esa que es súper linda que no me acuerdo como se llama, ya sabes, esa del pelo cortito que siempre está riendo. ¡¡¡Estoy súper feliz!!! ¡¡¡Ya los voy a ver!!! Hasta mañana Diosito…y acuérdate… Alice no.

El mero día

¡¡¡Uff!!! Parece que soy yo la que va a regresar a clases…Qué mal dormí…Mi pobre Paolita que tenía miedo…Me pasé una hora hablando con ella anoche, hasta que por fin se quedó dormida…Y Mateo no dijo nada pero estoy segura que la cabeza le daba mil vueltas…quién sabe a que hora se dormiría. Y mi Luqui. Qué suerte tengo de tener todavía a mi chiquito. Qué rápido crecen los niños en Francia…diez añitos y mi Paola ya se va a secundaria. No lo puedo creer…la veo tan pequeña todavía. Pero podrá. Volará poco a poco con sus propias alas. Y Matéo ya a segundo (o lo que se llama aquí “la cinquième”…) qué cosa, cómo sufrió el año pasado para organizarse. Gracias a Dios que las mamás de sus amigos son mis amigas adoradas y que estuvieron juntos. ¿Y ahora con quién les tocará? Bueno, ¡qué nervios! Y mi Luqui con su “por piedad”…me mata de risa. Los veo tan formalitos con sus mochilas caminando por la calle. Quisieran volar para llegar al colegio. Ya casi.

Nos acercamos y parece que regalan algo. Hay ganga, ¡seguro! La puerta de la primaria sigue cerrada y el hormiguero de gente no nos deja pasar. Todos quieren saber. Las listas están pegadas afuera, por toda la reja. Para descubrir en dónde está la de CE1 (o lo que es lo mismo, segundo de primaria) está en chino. Mando a Paola a buscar de un lado y a Mateo del otro y yo trato de escabullirme con Luca para ver por enfrente. Por fin Paola la encuentra. Cuatro clases. Veo primero la de la maestra Alice. Ahí con todas sus letras está el nombre de mi niño: Rhôné, Luca. Se me cae el corazón al piso. Al mismo tiempo busco los nombres de sus mejores amigos y veo a varios. Luca me mira con su carita ilusionada.

-Amor, no pasa nada. Te tocó con Alice pero ya lo hablamos. No te preocupes. Seguro te va a ir increíble.

La carita ilusionada cambia rápidamente a una carita des-ilusionada…triste, muy triste. Los ojitos de mi Luqui se llenan de lágrimas.

-Pero Luqui, no llores chiquito, ¡te tocó con todos tus amigos! Ve, están todos, ¡¡¡wow!!! Eso está genial, ¿no?

Luca se queda pensando unos segunditos…

La carita des-ilusionada vuelve a ser una carita ilusionada.

-Vamos mamá, rápido, ¡¡vamos a buscar mi clase, ya quiero ver a mis amigos!!

La maestra Alice está en el olvido…por lo pronto por lo menos.

Todas las maestras están distribuidas alrededor del patio del colegio. Conozco muy bien a la dichosa maestra Alice pues también le tocó a Mateo. Aunque sí que tiene mala fama, Mateo sobrevivió y tuvo un buen año. Me hago a la idea de que con Luca será igual.

La encontramos y en efecto, ahí están todos los amiguitos. Qué alivio.

Luca se queda más que feliz.

Ahora los grandes.

El patio del “college” es mucho más pequeño, así es que la multitud parece peor. Todos los papás y niños de primero de secundaria están moviéndose desesperados tratando de entender algo. Yo ya no soy primeriza, ja! Me siento tranquila por eso pero con los nervios de punta por mi niña. En cuanto llegamos Paola ve a dos de sus amigas que le informan gentilmente que ellas dos están juntas y que no saben en dónde está ella. Las quiero matar. Vamos entre el gentío y diez minutos después (durante los cuales mi hija estuvo a punto de tener una crisis de angustia) la encuentro. En el mismo salón de las otras dos. ¡Las quiero matar más! Paola corre a buscarlas y las tres se abrazan.

-Solo vimos nuestros nombres y no nos fijamos más abajo en la lista…

En fin…Paola está feliz. La acompaño un rato a su clase y conocemos a su profesor principal que parece simpático. La dejo en buenas manos.

Ya solo falta uno.

Mateo no tiene tanta suerte. Agarraron a todos los nombres de los alumnos de primero de secundaria, los pusieron en una licuadora a máxima velocidad y luego hicieron las listas de segundo. El resultado es una mezcla más que perfecta. Nadie conoce a nadie.

Yo me siento súper mal por él. El no sé como se siente. Dice que está bien, que sí hay algunos compañeros de su clase del año pasado. Qué todo estará bien.

Estoy hablando con alguna mamá cuando me doy cuenta de que ya no está Mateo. Ni él, ni su clase. Ni me dijo adiós ni nada. Se fue. Sin más.

Segundo de secundaria. O la mariposa que empieza a salir del capullo.

Regreso a la casa caminando con una sensación extraña. Orgullosa, y sobre todo feliz, muy, muy feliz, por ellos…y por mí, porque los amo con todo mi corazón, están bien y

¡¡¡POR FIN empiezan mis vacaciones!!!

                                   * * * * * * * *

-Mamá ¿sabes? Alice no es tan mala…No grita, en realidad solo habla muy fuerte.

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Noirmoutier

Esa que se ve de lejos. Sí, la que camina unos metros atrás de los demás, que se pregunta qué está haciendo ahí, vestida con un rompe vientos amarillo y botas de plástico. La que se resbala cada dos minutos al caminar entre fango, algas y piedras y que no entiende cómo puede estar paseando en pleno Océano Atlántico, donde normalmente debería haber agua y peces, pero no hay, esa, soy yo.

Desde dónde estoy se ve todo.

Estamos en octubre. Es mi segunda vez.

Llegamos anoche. Hubiera querido estar en otra parte. O aquí, pero solos los dos, como la primera vez. Como ese fin de semana de mayo. Un mes después de mi llegada a Francia. Venimos en tren. Me pareció llegar al paraíso. Las casitas blancas con persianas de madera pintadas de azul. Las flores, las callecitas…El castillo que parecía salido directamente de una película. La iglesia. El puerto. Y la casa en pleno centro. Una casita minúscula. Para los dos. Con el jardín más lindo que he visto. Esa pared de piedras con flores colgantes y ese árbol. Fin de semana perfecto. Dos enamorados en Noirmoutier.

Esta vez estamos todos. Amigos solteros y en pareja. La casita diminuta y tan romántica se convirtió en campamento de verano. En lugar de hacer el amor por la mañana vamos por el pan para todos. Y a pasear.

Afuera hace frío. Todo está gris. Las flores de mayo han desaparecido. Y con ellas el mar. Podemos caminar kilómetros mar adentro. Es la gran marea. Ellos parecen estar pasándola bomba. Yo no. Nunca había visto un espectáculo tan desolador. El mar sin mar. Me quedo atrás y nadie se da cuenta. Igual mejor. De todas formas no entiendo nada de lo que dicen. Estoy triste. Y extraño a mi México. Al sol. A mis amigos, a mi gente.

Resbalo varias veces y me caigo. El olor penetrante a algas y yodo me marea. Decido regresar. El viento helado no me deja avanzar. Quiero desaparecer.

Por fin Olivier voltea y ve que no estoy. Me sigue corriendo tranquilamente como si estuviera en un campo de hierba fresca. Quiero desaparecer todavía más. Lloro. Nos abrazamos. Odio Noirmoutier en octubre.

Desde dónde estoy se ve todo.

Primavera, Otoño.

Primer verano. Mi francés es todavía bastante mediocre, pero me defiendo. La casita se transforma en casa de vacaciones familiares. Olivier y yo dormimos en una cama sencilla, en un cuarto al que llegas una vez que atraviesas la habitación en la que duermen sus papás (el mismo que fue nuestro nido de amor en mayo y nuestro camping en octubre). En realidad hay literas. Da igual. Ni de chiste dormiremos en camas separadas. Ambiente romántico: cero. Ambiente familiar: especial.

Noirmoutier se vive. O más bien, la familia francesa vive Noirmoutier. Visten Noirmoutier, comen Noirmoutier, de alguna manera se transforman en Noirmoutier. Siempre guardando horarios, eso sí.

Me explico.

Reglas básicas:

Primera. No usar el coche en Noirmoutier: Todo se hace en bici. Entre más “vintage”, mejor.

Segunda: Vestir estilo Noirmoutier: Usar ropa de marinero: los zapatos, los pantalones, sin olvidar las camisetas a rayas, los rompe vientos, las botas de plástico, etc.

Tercera: Los martes y los viernes por la mañana, todos al mercado. Por supuesto, comprar sal de Noirmoutier, papas de Noirmoutier, de las chiquitas, las que vienen en una caja de madera con letras verdes, que son las buenas. Y pescado, para asarlo a la plancha. Sardinas y caballa. Por supuesto, la “salicorne”, una especie de plantita verde que crece al lado de las salinas y se come en vinagre, como pepinillos. No olvidar la brioche de Vendée, importantísima para el desayuno. Untarle a la brioche mantequilla hecha con sal de Noirmoutier, claro está.

Cuarta: Nunca poner música en el jardín. O si lo haces, poner el volúmen lo más bajo posible. Estamos en comunidad y hay que respetar a los vecinos.

(Solo los del camping cercano tienen derecho a compartir su música súper fuerte con el resto de los habitantes de Noirmoutier. Todos los jueves y viernes por la tarde oyes al señor con su micrófono invitando a todos a participar en el concurso de “mejor balarín del camping” o “Miss camping”, entre otros. Ese ruido, extrañamente, no les molesta. O no sé…igual ya se acostumbraron).

Quinta: Un verdadero conocedor, nunca camina por las calles. Domina los caminos a través de las salinas, o cerca de la playa. No importa si se toma más tiempo para llegar a destinación, estamos de vacaciones.

Sexta: En Noirmoutier no hay alberca, para bañarse está el mar. Pequeña precisión: el agua está a máximo 20º grados centígrados. O lo que es lo mismo: ULTRA HELADA, pero refrescante, diría la familia francesa: «Ça fait du bien». Playas hay de dónde escoger, estamos en una isla. Ir al mar por la mañana, o por la tarde. Nunca todo el día. Para evitar la multitud, ir por la mañana, pero regresar a tiempo para comer a la casa. Si es por la tarde, ir a partir de las 5:00 p.m., pero regresar a tiempo para cenar a la casa.

Séptima: Después de cenar, todos al Café Noir a tomar algo. De ahí regresar a la casa, o ir a bailar. Depende.

Cuando digo todos, son todos. En verano en Noirmoutier no estamos solos. Además de la familia francesa están los amigos, los primos, los vecinos…todos. La casita minúscula siempre está abierta. Entra y sale gente todo el día. Perece hecha en boligoma. Se estira y se agranda según la cantidad de personas que vienen a visitar. En la ciudad nunca se atreverían a llegar sin invitación. En Noirmoutier, si. Aunque claro, no a la hora de la comida o la cena. Esos son momentos sagrados. Máximo se toman un aperitivo, platican un ratito y se van.

Octava: Amar Noirmoutier, es amar las actividades marítimas. Por lo menos la pesca (a pie o con la red, según la marea) y la vela (navegar es indispensable, desde chiquitos).

Novena: Si quieres evitar ser atacado salvajemente por miles de bestias voladoras que te devoran sin piedad, usar ropa de manga larga y pantalones para estar en el jardín por la noche. Sobre todo una vez que se va el sol. En Francia también hay mosquitos…y muchos.

Confieso que pude sobrevivir saltándome algunas reglas básicas. Por lo menos al principio. Con eso de que soy «la extranjera» o «la novia mexicana de Olivier» ese primer verano me salvé de vestirme de marinera.

Pero sí que navegué. O hice el intento. Por lo menos me subí al velero.

OK. me bajé cinco minutos después. No es mi culpa si me mareo luego luego…

Cómo nadie se quiso bajar conmigo (lógico, en la familia francesa todos son verdaderos marinos), pude visitar la isla como una turista y conocer el Castillo.

Desde dónde estoy se ve todo.

La noticia nos llegó de repente. Ya no más casita que se moldea al gusto del cliente. Ya estamos casados y supongo que los suegros piensan en sus nietos.

-No cabemos todos. Siempre es un relajo. Queremos una casa más grande.

Nos costó encariñarnos. La nueva casa nos parecía impersonal. Sin vida propia. En lugar de jardín con pared de piedras con flores colgantes había una selva.

La viejecita que vivía ahí se había quedado viuda y deprimida. Se fue dejando todas sus pertenencias. Muebles, artículos de cocina, cubiertos, vasos, platos, etc.

Lo que hizo que mucho tiempo hubo todo en doble.

La nueva casa está más cerca de la playa, pero más lejos del centro.

Lo que hizo que me perdiera no se cuántas veces antes de encontrar mi camino de regreso. Porque para ser sincera, la regla básica número cinco, nunca la he podido aplicar cómo se debe.

Cuando estoy acompañada todo bien. Pero yo sola ya cambia la cosa. Acepto que soy despistada (los que me conocen sabrán perfectamente de lo que hablo…), pero créanme cuando les digo que todas las calles se parecen en Noirmoutier. Pues sí. Si todas las casas están pintadas igual…Y todos los caminos son idénticos. Por todos lados hay salinas y campos de papas. Y playas. Claro, estamos en una isla.

Así es que nada. Tampoco nos íbamos a quejar demasiado. Ya bastante suerte tenemos de poder disfrutar de una casa en la playa como para que nos pusiéramos difíciles.

Matéo tenía un mes la primera vez que vino. Paola y Luca casi igual. A seguir los pasos de su padre y de su abuelo. A respirar Noirmoutier.

Para ellos la casa nueva es “la casa de papi y mamie de Noirmoutier”.

Cada verano la misma pregunta.

-¿Vamos a ir a Noirmoutier este año?

Si la respuesta es sí, todo bien. Si la respuesta es no, son caritas tristes durante varios días.

El único destino que prefieren a Noirmoutier es México. Pero esa es otra historia…

Y cada vez que vamos:

Marea alta. O lo qué es lo mismo, ¿podemos ir a pescar papá?

Marea baja. O lo qué es lo mismo, ¿podemos ir a pescar papá?

Desde chiquitos entendieron la diferencia.

No tuvieron que pasar por el bochornoso momento (aunque todo sucedió en mi cabeza, fue bochornoso igual) de llegar al puerto en plena marea baja y preguntarme ¿qué curiosa situación…cómo diablos hicieron para poner los barcos ahí…en pleno fango? Y no decir nada a nadie porque a todos les perece lo más normal. Y cinco minutos después captar que simplemente es marea baja y nunca había visto el fenómeno tan marcado y entrar en un ataque de risa nerviosa yo sola mientras todos los francesitos me ven cómo: ¿Estás bien?

Estoy bien. Más que bien.

Desde dónde estoy se ve todo.

Los momentos inolvidables entre papá e hijos. Porque cómo bien se imaginan, no hay lugar en el mundo en dónde Olivier se sienta más cómodo. Realmente en casa. El y los niños pueden pasar todo el día fuera viviendo aventuras (y bueno, sí, a veces participo yo también…no crean…).

Y regresar con una cubeta llena de pececitos ya medio muertos para comerlos. Porque eso sí, nada de matar por matar, si no es para comer, se regresa al agua.

O llegar contando historias de todos los cangrejos, conchas y diferentes criaturas maravillosas que encontraron y soltaron.

O pasar el día entero paseando en bici. Recolectando moras.

O simplemente quedarse en el jardín. Jugando ping-pong. Viendo comer a las cochinillas de india, comiendo tomates directamente de la planta, leyendo…

Parada en mis recuerdos puedo verlo todo. Ayer, cómo si fuera hoy. Yo novia, yo casada, yo mamá.

Noirmoutier: Tantos sentimientos encontrados.

Sentimientos…y tiempo. Para ser.

Simplemente.

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Junio, o lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

Una página en blanco. O no precisamente. Solo se ve una especie de pequeña línea negra vertical que parpadea de forma intermitente esperando a que las letras lleguen a ella. Que te invita, luego te incita y al final parece que te grita que necesita de tí. De tu imaginación, de tus palabras.

Porque eso. Las letras deben formar palabras que a su vez forman oraciones que deben tener algún sentido. Transmitir. Hacer sentir.

Y pasan las horas y los días y nada. La pequeña línea sigue parpadeando, vacía, triste. Sola.

Y mientras ella espera paciente, o no tan pacientemente, tu corres.

Dicen que un verdadero escritor lo trae en las tripas. Que se aisla del mundo y crea. Que es una necesidad. Qué a lo mejor no es lo tuyo, qué no es tan fácil.

Lo dicen porque seguramente no conocen un mes de junio en Lyon. O lo que es lo mismo: Cómo poner en pausa la inspiración de una escritora durante 30 días. O lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

Ya me imagino que se mueren por conocer la respuesta. Aquí les va la historia.

Todo empezó el día en que decidimos Olivier y yo que queríamos tener hijos activos. Aceptamos que la infancia de hoy en día no tiene nada que ver con la que vivimos nosotros. Sobretodo teniendo en cuenta que vivimos dentro de la ciudad y no en el campo, o en los suburbios. No se puede tener todo. Vivir cerca del colegio era una prioridad máxima para nosotros. Tener hijos bilingües también. Así es que muy fácil. La escuela internacional de Lyon está en el barrio de Gerland. Vivimos en Gerland. Punto. Los niños van y vienen caminando. O más bien: Mateo camina solo (puesto que ya está en secundaria). Yo acompaño a Luca y a Paola.

Hasta ahí todo bien. Colegio por la mañana, actividades extra-escolares por la tarde.

Mateo, Paola y Luca siempre han nadado. Otra gran prioridad para nosotros como padres de familia. Aprendieron a nadar. Muy bien. Una vez a la semana. Los dos grandes iban juntos y cuando Luca empezó logré encontrar horarios para los tres la misma tarde. Pasábamos los jueves en la piscina. No importa. Un día.

Pero luego una vez que aprenden bien ¿qué pasa? Que en Francia (y supongo que así será también en otros países, no sé…) te invitan amablemente a inscribir a tus hijos a la natación en competición…

O….a sacarlos del club. Tu decides. Y gracias por participar.

Después de haber pasado todos los jueves por la tarde 6 años de mi vida en la piscina esperando niños definitivamente no tengo ganas de que dejen de nadar. Y ellos tampoco. Ya le agarraron gusto. Pues sí. Lógico.

Mateo decide seguir la natación. Pero Paola quiere cambiar. Probar algo nuevo. La natación sincronizada. Wow, me digo, qué padre, con lo bonito que es ese deporte, me va a encantar llevarla. ¿Por qué no?, tratemos.

Solo que pequeño problema…ya no es la misma piscina. Pero sí casi los mismos días, y los mismos horarios. No importa. Yo puedo. Va.

Ahí va Mateo, martes, jueves y viernes a la piscina de Oullins (si, como lo oyen. Pasamos de una a tres veces por semana).

Ahí va Paola martes, miércoles y jueves a la piscina de Vaise (o lo que es lo mismo, al otro lado de la ciudad). Más los lunes a su clase de baile (que toma desde que llegamos a Lyon, pero es en frente de la casa, así es que no cuenta…tanto).

Y mi Luqui va los jueves (en el mismo horario y a la misma piscina de Mateo, uff). Más los miércoles a su clase de teatro.

Mi vida a principios del año escolar se resume a volverme loca todas las tardes como sigue:

a) 4:30 p.m. Mal estacionada frente al colegio los recojo a los 3 (menos el lunes que se regresan en autobús).

b) 4:35 p.m. Deposito a Mateo y Luca en la casa (o casi los aviento del coche…)

c) 4:35-5:10 p.m. Más o menos. En el tráfico para atravezar el tunel de Fourvière y llevar a Paola a su bendita clase de natación sincronizada (que dicho sea de paso, yo pensaba ver un poco los avances de mi niña pero resulta que está prohibido entrar a las gradas…). La dejo en la puerta y salgo volada.

d) 5:30 p.m. Regreso a la casa. Tareas, merienda y lo que se ofrezca con Mateo y Luca.

e) 6:00 p.m. De vuelta al coche con los dos niños. “Rapidito” a dejar a Matéo a su piscina (tenemos que atravesar el puente “Pasteur” y a esa hora hay un p…. tráfico que ni paqué les cuento…).

f) 6:30 p.m. Si es jueves se quedan los dos. Pero a las 5:30 p.m., lo que hace que suprimimos los puntos b), d) y e) (es decir, todos vamos a dejar a Paola a Vaise y de ahí todos nos vamos a Oullins y yo me espero ahí una hora). Si es martes, solo se queda Mateo y aplican todos los puntos.

g) 6:45 p.m. De regreso a la casa. Baño de Luca más tele o lo que sea. Luca cena.

h) 7:30 p.m. De vuelta OTRA VEZ al coche con Luca en pijama. Vamos por Paola a Vaise. La esperamos a veces hasta las 8:30 p.m. porque a la señorita le gusta platicar y secarse el pelo tranquilita.

i) 8:30 p.m. Al coche. Todos a Oullins a recoger a Mateo que termina a las 9:00 p.m. (y sale a más tardar a las 9:05…porque él a lo que va…baño mega veloz, se pasa la toalla a medias y se viste en friega…a veces sale todavía con agua escurriéndole por las orejas).

j) 9:15 p.m. Más o menos. De regreso a la casa. Mateo y Paola cenan. Lavada de dientes los 3 y a dormiiiiiiir…y yo a veces con ellos…

Y eso era toodddooos los días (menos los miércoles), que para los que no saben, en Francia hasta este año escolar en primaria no había clases los miércoles (para mayor información sobre este día, refiéranse a mi relato “Amo los Miércoles”).

Hasta que en mi vida aparecieron Isabelle y David. (¡Benditos sean!)

Antes de explicarles quiénes son Isabelle y David, tengo que hacer una pausa. Porque seguramente algunos de ustedes (los más perspicaces…) se estarán preguntando en dónde está mi lindo maridito mientras yo hago todos esos malabares todas las tardes y noches de la semana. Claro que si estuviera en Lyon me ayudaría. Por supuesto. Solo que no está. Pues sí. Como lo oyen. Olivier trabaja (hasta nuevo aviso) toda la semana fuera de Lyon. Así es la vida. Ni modo. Nos aguantamos porque hay que comer y la cosa en estos momentos no está fácil en ningún lado. Ya cambiará la situación algún día.

En fin. Les decía que a mi vida llegó una pareja de franceses y entre los dos me salvaron de acabar internada en un manicomio antes de tiempo.

O más bien no llegaron. Yo los encontré.

En este país he aprendido que la montaña definitivamente no va a venir a mí. Pero yo si puedo ir hacia ella. Y puedo hasta escalarla y llegar a la cima, si quiero.

Además de ir tres veces por semana a entrenar, Paola tiene que hacer prácticas unos días durante las “pequeñas vacaciones” (que dicho sea de paso, de pequeñas no tienen nada. Duran quince días y son cada mes y medio. O sea, empiezan las clases en septiembre; a mediados de octubre hay quince días de vacaciones (?). Luego a mediados de diciembre, para Navidad (suena lógico, OK), luego, a mediados de febrero (?), en marzo-abril (semana santa-pascua…OK) y finalmente las vacaciones largas en julio y agosto).

Iban a empezar las vacaciones de octubre cuando “sin querer” escuché una conversación entre una mamá y la entrenadora (durante ese mes y medio mi relación con los otros papás había sido nula, tomando en cuenta que yo no tenía mucho tiempo que digamos para entablar una conversación y que los franceses no son lo que se llama extremadamente abiertos a platicar si no te conocen…).

Le decía que su hija no iba a poder participar a la práctica pues ellos (ella y su esposo) tenían un viaje planeado desde hacía mucho tiempo y la abuela se iba a encargar de la niña pero que no conocía Lyon y bla, bla, bla y no me pregunten como pero de repente me vi frente a ella diciéndole:

-Perdón pero, ¿en dónde viven?

Y ella con una cara de ¡qué te importa!:

-En Gerland.

Y yo pensando no puede ser…¡¡vive en mi barrio!!:

-Yo también vivo en Gerland. Si le puedo ayudar en algo (hablándole de usted, aunque se veía más joven que yo o por lo menos de mi edad…pero para no asustarla) será con gusto. Yo no trabajo durante las vacaciones (soy profesora) y puedo llevar a las niñas y traerlas sin ningún problema.

Y ella MUY sorprendida, sin saber bien qué decir o qué hacer:

-Muy amable. La verdad es que no nos conocemos y no podría yo dejarle a mi hija así como así. Lo tendría que platicar con mi esposo.

Y yo:

-Tiene usted toda la razón. No nos conocemos y yo tampoco le dejaría a alguien así como así a mi hija, pero eso se puede resolver. Todavía falta una semana para la práctica. Venga con su esposo a tomar un aperitivo a mi casa y después lo platican y me dicen que opinan.

Para no hacerles el cuento largo, me dio su teléfono, le hablé, quedamos y vinieron a la casa. Traían una botella de un vino espumoso sabor a frambuesa que yo nunca había probado, bastante deliciosa. Acabamos (después de un rato, por supuesto) hablándonos de tú, tomando vino espumoso sabor a frambuesa con un guacamole que yo había preparado y platicando como si nos conociéramos de toda la vida.

Por fin llevé y traje a su hija a la práctica y después de eso nos pusimos de acuerdo y nos dividimos los trayectos a la piscina (ella trabaja y también se le complicaban horrible las idas y venidas).

Encontré una gran ayuda y una gran persona al mismo tiempo.

En estos meses hemos aprendido a conocernos; hemos compartido los nervios de mamás que ven a sus hijas en sus primeras competencias; nos hemos reído, nos hemos muerto de calor en la piscina mientras esperamos a que pase el equipo de nuestras chiquitas. Hemos roto todas las barreras culturales. Hemos bailado y cantado como adolescentes en el concierto de la Voz en Lyon (me da un poco de penita decirlo…pero ella y yo gritamos como quinceañeras mientras nuestros hijos nos veían con cara de “no las conozco”). Nos hemos hecho muy buenas amigas. Y eso no tiene precio.

David e Isabelle son unas de las personas más lindas y simpáticas que he conocido en Francia. Y no son mi único ejemplo. Uno siempre piensa que no es fácil conocer a los franceses, que son muy cerrados, que esto, que lo otro. Yo pensaba igual cuando llegue a Francia. Ahora estoy convencida de que no es cierto. Todo es cuestión de acercarse a los demás. De dar el primer paso. De abrirse, de romper esas barreras. De ir hacia la montaña y escalarla.

Siguiendo con mi cuento, les cuento que para el año nuevo (2014) ya estaba yo muy organizada. Con mi blog funcionando. Haciendo lo que me gusta por las mañanas (es decir, escribir) y trabajando dando mis clases y por las tardes ocupándome tranquilamente de mis tres hijos.

Hasta que llegó junio.

Y con él el Mundial de fútbol. Y el espéctaculo de canto de la clase de CM2 (quinto de primaria) de Paola, y la salida de fin de año de Luca (a la que estuve cordialmente invitada) y la última competición de Mateo. Y la competencia inter-regional de Paola, y el espectáculo del coro de la escuela, y el espectáculo de la clase de teatro. Y el de la clase de baile. Y la fiesta de la sección española de la escuela. Y la kermesse, en donde estuve toda la tarde haciéndola de médico en el hospital loco. Y el concierto de La Voz del que hablé más arriba. Y la fiesta del cumpleaños numéro 12 de Matéo en el karting con sus amigos. Y la fiesta del cumple número 7 de Luca en la casa con sus amigos. Y los partidos de fút por las tardes y las noches que me encantan. Y las pláticas por whatsapp con mis amigas de México en donde comentamos cada partido de mi México, Lindo y Querido (y desde que perdió México todos los partidos en general) y que no me las pierdo por nada del mundo porque son lo máximo. Y todas las fiestas a las que estuvieron invitados los niños.

Me la pasé más que increíble. Y doy gracias por tener a tanta gente hermosa en mi vida y tener tantas invitaciones y tantas cosas pero de verdad…ahora si acabé ¡¡¡AGOTADA!!! y hasta ahora puedo regresar tranquilamente al blog.

Iba a poner esta imagen para describir mi mes de junio, pero no aplica. En mi casa Olivier es el que lava la ropa (aunque desde que no está entre semana también me toca a mi) pero eso es lo suyo. Su área de predilección y así queremos que se quede.

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Así es que mejor escogí esta (aunque eso de los tacones no se me da muy bien, la imagen es muy propicia).

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El domingo nos vamos a Noirmoutier (para los que están en Francia -vean la peli “Les Vacances du petit Nicolas” – ahí la filmaron) y desde allá les estaré dando noticias y escribiendo historias.

¡¡FELICES VACACIONES!! a los que tienen…y a los que no…pues no.

Historia de un descenso

Si te avientas acostada agarras más velocidad.

Es curioso, porque la primera vez no sabes lo que te espera. Tu crees que sí, pero no. Y te dices, es cualquier cosa, ni nervios me dan. Y estas ahí esperando tu turno, impaciente. Y ves el semáforo ponerse rojo, y después de varios segundos, verde. Y luego rojo. Y verde otra vez. Hasta que por fin te toca. Y ahí vas. Con el vuelito de la salida…tranquila. Ja. Como un juego de niños. Llegas a la primera curva y te das cuenta que vas más rápido, y más y más. Tu corazón empieza a latir más fuerte. Y en una de esas la velocidad llega a ser tal que sientes que un poquito más y te sales volando. Y no sabes si reír o llorar. Más bien gritas. Y otra vuelta y gritas más fuerte. Y te sientas. Lo que hace que inmediatamente vayas más despacio hasta llegar al punto que te tienes que empujar con las manos y cuando llegas al final caes al agua como un bulto que hace “splash” sin ninguna gracia. Y toda tu familia está viéndote muerta de risa.

-Mamá, pero ¿qué fue eso? ¡Hiciste plof muy chistoso! Está increíble ¿no? ¡Va eso rapidísimo, está súper divertido!

Cómo no quieres confesar que te dio miedo, solo contestas:

-No sé…no logré ir muy rápido. Vamos otra vez.

Y ahora con conocimiento de causa regresas. Y te vuelve a pasar exactamente lo mismo. Mucha adrenalina. Cero disfrute. Mucha frustración.

Pasas el día entre una piscina y otra. Pensando. Hasta que decides antes de irte subir otra vez. Sola. Sin testigos. Muy macha haces más de veinte minutos de cola (porque dicho sea de paso, por la mañana cuando llegaste al lugar no había nadie, y después de comer se dejó venir la muchedumbre…cómo siempre pasa en Francia…tema a tratar en algún otro relato…) y por fin llegas.

Tomas la barra con tus dos manos y estás lista. Más que lista. El semáforo se pone verde. Te empujas con todas tus fuerzas y te acuestas. Te dejas llevar por la corriente del agua y vas agarrando más y más fuerza. Llega la dichosa curva y sientes que ahora si te sales. Y gritas. Pero esta vez de emoción. Disfrutas de cada segundo como si fuera el último y cuando llegas hasta abajo vuelas varios metros antes de caer al agua de una forma espectacular.

Nadie te vio. No importa. Estás orgullosa de tu logro.

Y gracias a la historia de un tobogán, vuelves a sentarte frente a tu computadora y escribes. Llevabas casi tres semanas sin publicar nada. Porque justo en la curva en dónde empezó la máxima velocidad te sentaste.

Pero no más. Ahora a volver a la fila y a aventarse. Con todo. Por ti.

Para ti.

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