C’est La Rentrée (o, el Regreso a Clases)

La noche anterior

Mateo

Uno, dos, tres, probando, probando…No, ya sé, mejor cuento borreguitos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…esto está muy aburrido. ¿Con quién me tocará? Seis, siete, ocho, nueve, ojalá me toqué con mis amigos. Aunque sea uno… Uno. No tengo ganas. Qué bien me la pasé en las vacaciones. Me encantó todo. Y aunque al principio no quería quedarme en Noirmoutier con papi (prefería ir a España con mis papás…) Paola insistió y qué bueno porque estuvo súper. Bueno y si no me toca ninguno, pues ni modo. Aunque preferiría que sí…Ojalá mi mamá quiera pagar lo del canal Bein, me encantaría ver todos los partidos de foot. Ahora ya no puedo ver más que los que pasan en TF1, que no son muchos. Por cierto, ya debe de haber salido la nueva revista, la tengo que comprar. Qué cosa, no me puedo dormir. Y mi mamá que no me deja prender la luz. Es que no estoy cansado. Le digo y le digo y ella instiste en que me tengo que dormir temprano, que mañana es la rentrée. Qué ya no estamos de vacaciones. YA SÉ que ya no estamos de vacaciones. Lleva una semana con eso. Qué lata. Me pudo dejar tranquilo la última semana. Pero no. Y además tiene como un radar. Cada vez que trato de prender mi ipod y jugar un ratito se aparece. Magia. Hoy hasta me lo quitó. Directamente vino y se lo llevó. Grrr. Y ahora estoy aquí sin poder dormir. Pero con quién diablos me va a tocar. Ya quiero saber. Y al mismo tiempo no quiero. Pero que raro. No estoy nervioso. Comparado con el año pasado, nada. La cinquième va a ser cualquier cosa. Fácil. Ya domino esto de la secundaria. Ja. Pobre Paola. Lo que le espera. No, lo único que tengo es que no puedo dormir, pero nervios, nada.

Paola

Estoy muy nerviosa. No puedo ni cerrar los ojos. Secundaria. No estoy lista para secundaria. Aunque Matéo dice que es “cool” y podemos salir más temprano. Y regresar solos a la casa. Wow…eso sí que está buenísimo. Ya ser grande. Pero luego dice que hay miles de “controles” todas las semanas. No tengo nada de ganas. ¿Cómo voy a hacer con todo? ¿Me tocará con quién? ¡Qué hago si me toca sola! No me puede tocar sola, me muero. No, porque si me separan de mis amigas no es justo. Ellas van a poder hacer todo juntas y yo qué. Ahí sin poder hablar con nadie. ¿Y si me toca con Penelope? No me puede tocar con ella. No la soporto, desde que me dijo que le robé a sus amigas ya no la aguanto. Se siente lo máximo. Y su pelo. Piensa que es como una estrella de cine, pero no. Es fea y además tiene una voz horrible. Por favor Diosito, que no me toque con ella. Te lo suplico. Pero si que me toque con él. Ya sabes de quién hablo. Es un secreto. Y esa tonta de Penelope que se atrevió a decirme que disque “salieron juntos”. Ja, ja, ja. Me río mil veces. Yo se perfecto que no es cierto. La que sí va a salir con él soy yo. Algún día. Seguro. Pero bueno, eso no me importa tanto ahorita…lo que quiero de verdad es estar con mis amigas. Siento como una cosa rara en el pecho. No puedo respirar muy bien. Pero ¿qué me pasa? Si ayer estaba muy bien. Odio la escuela. No quiero ir mañana a la escuela. Tan bien que estaba en las vacaciones. Correr como loca, subir y bajar escaleras todo el día. Y el casillero. ¿Si se me olvidan las cosas? Mateo perdió las llaves del candado tres veces el año pasado. No me puede pasar eso. Ni de chiste. ¿Y ahora por qué estoy así? Estoy llorando. ¿Se me salen las lágrimas por qué no quiero perder las llaves del casillero?

-¡Mamá! ¿Puedes venir?

-¡Ven mamá porfa!

-Ya voy Paola, ¿Qué pasa amor? Pero estás llorando…¿qué tienes?, ¿por qué lloras chiqui?

-Ma…creo que tengo miedo mamá…¿Es normal?

Luca

¡Yupi! ¡¡¡¡Mañana es la rentrée!!!! ¡¡¡¡Voy a ver a mis amigos!!!! Ya quiero ver a todos mis amigos y mi mamá me prometió que voy a poder invitarlos a dormir este año! Porque eso si no es normal. Mateo y Paola siempre invitan amigos y yo nunca. No es justo. Ya tengo mis cartas pokémon más fuertes listas para cambiarlas. Lo único que de verdad te pido Diosito, por piedad, que no me toque con la maestra Alice. Porfa, porfa, porfa. Grita y es malísima. Nadie la quiere. Porfis, que me toque con esa que es súper linda que no me acuerdo como se llama, ya sabes, esa del pelo cortito que siempre está riendo. ¡¡¡Estoy súper feliz!!! ¡¡¡Ya los voy a ver!!! Hasta mañana Diosito…y acuérdate… Alice no.

El mero día

¡¡¡Uff!!! Parece que soy yo la que va a regresar a clases…Qué mal dormí…Mi pobre Paolita que tenía miedo…Me pasé una hora hablando con ella anoche, hasta que por fin se quedó dormida…Y Mateo no dijo nada pero estoy segura que la cabeza le daba mil vueltas…quién sabe a que hora se dormiría. Y mi Luqui. Qué suerte tengo de tener todavía a mi chiquito. Qué rápido crecen los niños en Francia…diez añitos y mi Paola ya se va a secundaria. No lo puedo creer…la veo tan pequeña todavía. Pero podrá. Volará poco a poco con sus propias alas. Y Matéo ya a segundo (o lo que se llama aquí “la cinquième”…) qué cosa, cómo sufrió el año pasado para organizarse. Gracias a Dios que las mamás de sus amigos son mis amigas adoradas y que estuvieron juntos. ¿Y ahora con quién les tocará? Bueno, ¡qué nervios! Y mi Luqui con su “por piedad”…me mata de risa. Los veo tan formalitos con sus mochilas caminando por la calle. Quisieran volar para llegar al colegio. Ya casi.

Nos acercamos y parece que regalan algo. Hay ganga, ¡seguro! La puerta de la primaria sigue cerrada y el hormiguero de gente no nos deja pasar. Todos quieren saber. Las listas están pegadas afuera, por toda la reja. Para descubrir en dónde está la de CE1 (o lo que es lo mismo, segundo de primaria) está en chino. Mando a Paola a buscar de un lado y a Mateo del otro y yo trato de escabullirme con Luca para ver por enfrente. Por fin Paola la encuentra. Cuatro clases. Veo primero la de la maestra Alice. Ahí con todas sus letras está el nombre de mi niño: Rhôné, Luca. Se me cae el corazón al piso. Al mismo tiempo busco los nombres de sus mejores amigos y veo a varios. Luca me mira con su carita ilusionada.

-Amor, no pasa nada. Te tocó con Alice pero ya lo hablamos. No te preocupes. Seguro te va a ir increíble.

La carita ilusionada cambia rápidamente a una carita des-ilusionada…triste, muy triste. Los ojitos de mi Luqui se llenan de lágrimas.

-Pero Luqui, no llores chiquito, ¡te tocó con todos tus amigos! Ve, están todos, ¡¡¡wow!!! Eso está genial, ¿no?

Luca se queda pensando unos segunditos…

La carita des-ilusionada vuelve a ser una carita ilusionada.

-Vamos mamá, rápido, ¡¡vamos a buscar mi clase, ya quiero ver a mis amigos!!

La maestra Alice está en el olvido…por lo pronto por lo menos.

Todas las maestras están distribuidas alrededor del patio del colegio. Conozco muy bien a la dichosa maestra Alice pues también le tocó a Mateo. Aunque sí que tiene mala fama, Mateo sobrevivió y tuvo un buen año. Me hago a la idea de que con Luca será igual.

La encontramos y en efecto, ahí están todos los amiguitos. Qué alivio.

Luca se queda más que feliz.

Ahora los grandes.

El patio del “college” es mucho más pequeño, así es que la multitud parece peor. Todos los papás y niños de primero de secundaria están moviéndose desesperados tratando de entender algo. Yo ya no soy primeriza, ja! Me siento tranquila por eso pero con los nervios de punta por mi niña. En cuanto llegamos Paola ve a dos de sus amigas que le informan gentilmente que ellas dos están juntas y que no saben en dónde está ella. Las quiero matar. Vamos entre el gentío y diez minutos después (durante los cuales mi hija estuvo a punto de tener una crisis de angustia) la encuentro. En el mismo salón de las otras dos. ¡Las quiero matar más! Paola corre a buscarlas y las tres se abrazan.

-Solo vimos nuestros nombres y no nos fijamos más abajo en la lista…

En fin…Paola está feliz. La acompaño un rato a su clase y conocemos a su profesor principal que parece simpático. La dejo en buenas manos.

Ya solo falta uno.

Mateo no tiene tanta suerte. Agarraron a todos los nombres de los alumnos de primero de secundaria, los pusieron en una licuadora a máxima velocidad y luego hicieron las listas de segundo. El resultado es una mezcla más que perfecta. Nadie conoce a nadie.

Yo me siento súper mal por él. El no sé como se siente. Dice que está bien, que sí hay algunos compañeros de su clase del año pasado. Qué todo estará bien.

Estoy hablando con alguna mamá cuando me doy cuenta de que ya no está Mateo. Ni él, ni su clase. Ni me dijo adiós ni nada. Se fue. Sin más.

Segundo de secundaria. O la mariposa que empieza a salir del capullo.

Regreso a la casa caminando con una sensación extraña. Orgullosa, y sobre todo feliz, muy, muy feliz, por ellos…y por mí, porque los amo con todo mi corazón, están bien y

¡¡¡POR FIN empiezan mis vacaciones!!!

                                   * * * * * * * *

-Mamá ¿sabes? Alice no es tan mala…No grita, en realidad solo habla muy fuerte.

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Noirmoutier

Esa que se ve de lejos. Sí, la que camina unos metros atrás de los demás, que se pregunta qué está haciendo ahí, vestida con un rompe vientos amarillo y botas de plástico. La que se resbala cada dos minutos al caminar entre fango, algas y piedras y que no entiende cómo puede estar paseando en pleno Océano Atlántico, donde normalmente debería haber agua y peces, pero no hay, esa, soy yo.

Desde dónde estoy se ve todo.

Estamos en octubre. Es mi segunda vez.

Llegamos anoche. Hubiera querido estar en otra parte. O aquí, pero solos los dos, como la primera vez. Como ese fin de semana de mayo. Un mes después de mi llegada a Francia. Venimos en tren. Me pareció llegar al paraíso. Las casitas blancas con persianas de madera pintadas de azul. Las flores, las callecitas…El castillo que parecía salido directamente de una película. La iglesia. El puerto. Y la casa en pleno centro. Una casita minúscula. Para los dos. Con el jardín más lindo que he visto. Esa pared de piedras con flores colgantes y ese árbol. Fin de semana perfecto. Dos enamorados en Noirmoutier.

Esta vez estamos todos. Amigos solteros y en pareja. La casita diminuta y tan romántica se convirtió en campamento de verano. En lugar de hacer el amor por la mañana vamos por el pan para todos. Y a pasear.

Afuera hace frío. Todo está gris. Las flores de mayo han desaparecido. Y con ellas el mar. Podemos caminar kilómetros mar adentro. Es la gran marea. Ellos parecen estar pasándola bomba. Yo no. Nunca había visto un espectáculo tan desolador. El mar sin mar. Me quedo atrás y nadie se da cuenta. Igual mejor. De todas formas no entiendo nada de lo que dicen. Estoy triste. Y extraño a mi México. Al sol. A mis amigos, a mi gente.

Resbalo varias veces y me caigo. El olor penetrante a algas y yodo me marea. Decido regresar. El viento helado no me deja avanzar. Quiero desaparecer.

Por fin Olivier voltea y ve que no estoy. Me sigue corriendo tranquilamente como si estuviera en un campo de hierba fresca. Quiero desaparecer todavía más. Lloro. Nos abrazamos. Odio Noirmoutier en octubre.

Desde dónde estoy se ve todo.

Primavera, Otoño.

Primer verano. Mi francés es todavía bastante mediocre, pero me defiendo. La casita se transforma en casa de vacaciones familiares. Olivier y yo dormimos en una cama sencilla, en un cuarto al que llegas una vez que atraviesas la habitación en la que duermen sus papás (el mismo que fue nuestro nido de amor en mayo y nuestro camping en octubre). En realidad hay literas. Da igual. Ni de chiste dormiremos en camas separadas. Ambiente romántico: cero. Ambiente familiar: especial.

Noirmoutier se vive. O más bien, la familia francesa vive Noirmoutier. Visten Noirmoutier, comen Noirmoutier, de alguna manera se transforman en Noirmoutier. Siempre guardando horarios, eso sí.

Me explico.

Reglas básicas:

Primera. No usar el coche en Noirmoutier: Todo se hace en bici. Entre más “vintage”, mejor.

Segunda: Vestir estilo Noirmoutier: Usar ropa de marinero: los zapatos, los pantalones, sin olvidar las camisetas a rayas, los rompe vientos, las botas de plástico, etc.

Tercera: Los martes y los viernes por la mañana, todos al mercado. Por supuesto, comprar sal de Noirmoutier, papas de Noirmoutier, de las chiquitas, las que vienen en una caja de madera con letras verdes, que son las buenas. Y pescado, para asarlo a la plancha. Sardinas y caballa. Por supuesto, la “salicorne”, una especie de plantita verde que crece al lado de las salinas y se come en vinagre, como pepinillos. No olvidar la brioche de Vendée, importantísima para el desayuno. Untarle a la brioche mantequilla hecha con sal de Noirmoutier, claro está.

Cuarta: Nunca poner música en el jardín. O si lo haces, poner el volúmen lo más bajo posible. Estamos en comunidad y hay que respetar a los vecinos.

(Solo los del camping cercano tienen derecho a compartir su música súper fuerte con el resto de los habitantes de Noirmoutier. Todos los jueves y viernes por la tarde oyes al señor con su micrófono invitando a todos a participar en el concurso de “mejor balarín del camping” o “Miss camping”, entre otros. Ese ruido, extrañamente, no les molesta. O no sé…igual ya se acostumbraron).

Quinta: Un verdadero conocedor, nunca camina por las calles. Domina los caminos a través de las salinas, o cerca de la playa. No importa si se toma más tiempo para llegar a destinación, estamos de vacaciones.

Sexta: En Noirmoutier no hay alberca, para bañarse está el mar. Pequeña precisión: el agua está a máximo 20º grados centígrados. O lo que es lo mismo: ULTRA HELADA, pero refrescante, diría la familia francesa: «Ça fait du bien». Playas hay de dónde escoger, estamos en una isla. Ir al mar por la mañana, o por la tarde. Nunca todo el día. Para evitar la multitud, ir por la mañana, pero regresar a tiempo para comer a la casa. Si es por la tarde, ir a partir de las 5:00 p.m., pero regresar a tiempo para cenar a la casa.

Séptima: Después de cenar, todos al Café Noir a tomar algo. De ahí regresar a la casa, o ir a bailar. Depende.

Cuando digo todos, son todos. En verano en Noirmoutier no estamos solos. Además de la familia francesa están los amigos, los primos, los vecinos…todos. La casita minúscula siempre está abierta. Entra y sale gente todo el día. Perece hecha en boligoma. Se estira y se agranda según la cantidad de personas que vienen a visitar. En la ciudad nunca se atreverían a llegar sin invitación. En Noirmoutier, si. Aunque claro, no a la hora de la comida o la cena. Esos son momentos sagrados. Máximo se toman un aperitivo, platican un ratito y se van.

Octava: Amar Noirmoutier, es amar las actividades marítimas. Por lo menos la pesca (a pie o con la red, según la marea) y la vela (navegar es indispensable, desde chiquitos).

Novena: Si quieres evitar ser atacado salvajemente por miles de bestias voladoras que te devoran sin piedad, usar ropa de manga larga y pantalones para estar en el jardín por la noche. Sobre todo una vez que se va el sol. En Francia también hay mosquitos…y muchos.

Confieso que pude sobrevivir saltándome algunas reglas básicas. Por lo menos al principio. Con eso de que soy «la extranjera» o «la novia mexicana de Olivier» ese primer verano me salvé de vestirme de marinera.

Pero sí que navegué. O hice el intento. Por lo menos me subí al velero.

OK. me bajé cinco minutos después. No es mi culpa si me mareo luego luego…

Cómo nadie se quiso bajar conmigo (lógico, en la familia francesa todos son verdaderos marinos), pude visitar la isla como una turista y conocer el Castillo.

Desde dónde estoy se ve todo.

La noticia nos llegó de repente. Ya no más casita que se moldea al gusto del cliente. Ya estamos casados y supongo que los suegros piensan en sus nietos.

-No cabemos todos. Siempre es un relajo. Queremos una casa más grande.

Nos costó encariñarnos. La nueva casa nos parecía impersonal. Sin vida propia. En lugar de jardín con pared de piedras con flores colgantes había una selva.

La viejecita que vivía ahí se había quedado viuda y deprimida. Se fue dejando todas sus pertenencias. Muebles, artículos de cocina, cubiertos, vasos, platos, etc.

Lo que hizo que mucho tiempo hubo todo en doble.

La nueva casa está más cerca de la playa, pero más lejos del centro.

Lo que hizo que me perdiera no se cuántas veces antes de encontrar mi camino de regreso. Porque para ser sincera, la regla básica número cinco, nunca la he podido aplicar cómo se debe.

Cuando estoy acompañada todo bien. Pero yo sola ya cambia la cosa. Acepto que soy despistada (los que me conocen sabrán perfectamente de lo que hablo…), pero créanme cuando les digo que todas las calles se parecen en Noirmoutier. Pues sí. Si todas las casas están pintadas igual…Y todos los caminos son idénticos. Por todos lados hay salinas y campos de papas. Y playas. Claro, estamos en una isla.

Así es que nada. Tampoco nos íbamos a quejar demasiado. Ya bastante suerte tenemos de poder disfrutar de una casa en la playa como para que nos pusiéramos difíciles.

Matéo tenía un mes la primera vez que vino. Paola y Luca casi igual. A seguir los pasos de su padre y de su abuelo. A respirar Noirmoutier.

Para ellos la casa nueva es “la casa de papi y mamie de Noirmoutier”.

Cada verano la misma pregunta.

-¿Vamos a ir a Noirmoutier este año?

Si la respuesta es sí, todo bien. Si la respuesta es no, son caritas tristes durante varios días.

El único destino que prefieren a Noirmoutier es México. Pero esa es otra historia…

Y cada vez que vamos:

Marea alta. O lo qué es lo mismo, ¿podemos ir a pescar papá?

Marea baja. O lo qué es lo mismo, ¿podemos ir a pescar papá?

Desde chiquitos entendieron la diferencia.

No tuvieron que pasar por el bochornoso momento (aunque todo sucedió en mi cabeza, fue bochornoso igual) de llegar al puerto en plena marea baja y preguntarme ¿qué curiosa situación…cómo diablos hicieron para poner los barcos ahí…en pleno fango? Y no decir nada a nadie porque a todos les perece lo más normal. Y cinco minutos después captar que simplemente es marea baja y nunca había visto el fenómeno tan marcado y entrar en un ataque de risa nerviosa yo sola mientras todos los francesitos me ven cómo: ¿Estás bien?

Estoy bien. Más que bien.

Desde dónde estoy se ve todo.

Los momentos inolvidables entre papá e hijos. Porque cómo bien se imaginan, no hay lugar en el mundo en dónde Olivier se sienta más cómodo. Realmente en casa. El y los niños pueden pasar todo el día fuera viviendo aventuras (y bueno, sí, a veces participo yo también…no crean…).

Y regresar con una cubeta llena de pececitos ya medio muertos para comerlos. Porque eso sí, nada de matar por matar, si no es para comer, se regresa al agua.

O llegar contando historias de todos los cangrejos, conchas y diferentes criaturas maravillosas que encontraron y soltaron.

O pasar el día entero paseando en bici. Recolectando moras.

O simplemente quedarse en el jardín. Jugando ping-pong. Viendo comer a las cochinillas de india, comiendo tomates directamente de la planta, leyendo…

Parada en mis recuerdos puedo verlo todo. Ayer, cómo si fuera hoy. Yo novia, yo casada, yo mamá.

Noirmoutier: Tantos sentimientos encontrados.

Sentimientos…y tiempo. Para ser.

Simplemente.

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Junio, o lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

Una página en blanco. O no precisamente. Solo se ve una especie de pequeña línea negra vertical que parpadea de forma intermitente esperando a que las letras lleguen a ella. Que te invita, luego te incita y al final parece que te grita que necesita de tí. De tu imaginación, de tus palabras.

Porque eso. Las letras deben formar palabras que a su vez forman oraciones que deben tener algún sentido. Transmitir. Hacer sentir.

Y pasan las horas y los días y nada. La pequeña línea sigue parpadeando, vacía, triste. Sola.

Y mientras ella espera paciente, o no tan pacientemente, tu corres.

Dicen que un verdadero escritor lo trae en las tripas. Que se aisla del mundo y crea. Que es una necesidad. Qué a lo mejor no es lo tuyo, qué no es tan fácil.

Lo dicen porque seguramente no conocen un mes de junio en Lyon. O lo que es lo mismo: Cómo poner en pausa la inspiración de una escritora durante 30 días. O lo que es lo mismo: Cómo agotar a una madre de familia a la que para colmo, le gusta el fútbol.

Ya me imagino que se mueren por conocer la respuesta. Aquí les va la historia.

Todo empezó el día en que decidimos Olivier y yo que queríamos tener hijos activos. Aceptamos que la infancia de hoy en día no tiene nada que ver con la que vivimos nosotros. Sobretodo teniendo en cuenta que vivimos dentro de la ciudad y no en el campo, o en los suburbios. No se puede tener todo. Vivir cerca del colegio era una prioridad máxima para nosotros. Tener hijos bilingües también. Así es que muy fácil. La escuela internacional de Lyon está en el barrio de Gerland. Vivimos en Gerland. Punto. Los niños van y vienen caminando. O más bien: Mateo camina solo (puesto que ya está en secundaria). Yo acompaño a Luca y a Paola.

Hasta ahí todo bien. Colegio por la mañana, actividades extra-escolares por la tarde.

Mateo, Paola y Luca siempre han nadado. Otra gran prioridad para nosotros como padres de familia. Aprendieron a nadar. Muy bien. Una vez a la semana. Los dos grandes iban juntos y cuando Luca empezó logré encontrar horarios para los tres la misma tarde. Pasábamos los jueves en la piscina. No importa. Un día.

Pero luego una vez que aprenden bien ¿qué pasa? Que en Francia (y supongo que así será también en otros países, no sé…) te invitan amablemente a inscribir a tus hijos a la natación en competición…

O….a sacarlos del club. Tu decides. Y gracias por participar.

Después de haber pasado todos los jueves por la tarde 6 años de mi vida en la piscina esperando niños definitivamente no tengo ganas de que dejen de nadar. Y ellos tampoco. Ya le agarraron gusto. Pues sí. Lógico.

Mateo decide seguir la natación. Pero Paola quiere cambiar. Probar algo nuevo. La natación sincronizada. Wow, me digo, qué padre, con lo bonito que es ese deporte, me va a encantar llevarla. ¿Por qué no?, tratemos.

Solo que pequeño problema…ya no es la misma piscina. Pero sí casi los mismos días, y los mismos horarios. No importa. Yo puedo. Va.

Ahí va Mateo, martes, jueves y viernes a la piscina de Oullins (si, como lo oyen. Pasamos de una a tres veces por semana).

Ahí va Paola martes, miércoles y jueves a la piscina de Vaise (o lo que es lo mismo, al otro lado de la ciudad). Más los lunes a su clase de baile (que toma desde que llegamos a Lyon, pero es en frente de la casa, así es que no cuenta…tanto).

Y mi Luqui va los jueves (en el mismo horario y a la misma piscina de Mateo, uff). Más los miércoles a su clase de teatro.

Mi vida a principios del año escolar se resume a volverme loca todas las tardes como sigue:

a) 4:30 p.m. Mal estacionada frente al colegio los recojo a los 3 (menos el lunes que se regresan en autobús).

b) 4:35 p.m. Deposito a Mateo y Luca en la casa (o casi los aviento del coche…)

c) 4:35-5:10 p.m. Más o menos. En el tráfico para atravezar el tunel de Fourvière y llevar a Paola a su bendita clase de natación sincronizada (que dicho sea de paso, yo pensaba ver un poco los avances de mi niña pero resulta que está prohibido entrar a las gradas…). La dejo en la puerta y salgo volada.

d) 5:30 p.m. Regreso a la casa. Tareas, merienda y lo que se ofrezca con Mateo y Luca.

e) 6:00 p.m. De vuelta al coche con los dos niños. “Rapidito” a dejar a Matéo a su piscina (tenemos que atravesar el puente “Pasteur” y a esa hora hay un p…. tráfico que ni paqué les cuento…).

f) 6:30 p.m. Si es jueves se quedan los dos. Pero a las 5:30 p.m., lo que hace que suprimimos los puntos b), d) y e) (es decir, todos vamos a dejar a Paola a Vaise y de ahí todos nos vamos a Oullins y yo me espero ahí una hora). Si es martes, solo se queda Mateo y aplican todos los puntos.

g) 6:45 p.m. De regreso a la casa. Baño de Luca más tele o lo que sea. Luca cena.

h) 7:30 p.m. De vuelta OTRA VEZ al coche con Luca en pijama. Vamos por Paola a Vaise. La esperamos a veces hasta las 8:30 p.m. porque a la señorita le gusta platicar y secarse el pelo tranquilita.

i) 8:30 p.m. Al coche. Todos a Oullins a recoger a Mateo que termina a las 9:00 p.m. (y sale a más tardar a las 9:05…porque él a lo que va…baño mega veloz, se pasa la toalla a medias y se viste en friega…a veces sale todavía con agua escurriéndole por las orejas).

j) 9:15 p.m. Más o menos. De regreso a la casa. Mateo y Paola cenan. Lavada de dientes los 3 y a dormiiiiiiir…y yo a veces con ellos…

Y eso era toodddooos los días (menos los miércoles), que para los que no saben, en Francia hasta este año escolar en primaria no había clases los miércoles (para mayor información sobre este día, refiéranse a mi relato “Amo los Miércoles”).

Hasta que en mi vida aparecieron Isabelle y David. (¡Benditos sean!)

Antes de explicarles quiénes son Isabelle y David, tengo que hacer una pausa. Porque seguramente algunos de ustedes (los más perspicaces…) se estarán preguntando en dónde está mi lindo maridito mientras yo hago todos esos malabares todas las tardes y noches de la semana. Claro que si estuviera en Lyon me ayudaría. Por supuesto. Solo que no está. Pues sí. Como lo oyen. Olivier trabaja (hasta nuevo aviso) toda la semana fuera de Lyon. Así es la vida. Ni modo. Nos aguantamos porque hay que comer y la cosa en estos momentos no está fácil en ningún lado. Ya cambiará la situación algún día.

En fin. Les decía que a mi vida llegó una pareja de franceses y entre los dos me salvaron de acabar internada en un manicomio antes de tiempo.

O más bien no llegaron. Yo los encontré.

En este país he aprendido que la montaña definitivamente no va a venir a mí. Pero yo si puedo ir hacia ella. Y puedo hasta escalarla y llegar a la cima, si quiero.

Además de ir tres veces por semana a entrenar, Paola tiene que hacer prácticas unos días durante las “pequeñas vacaciones” (que dicho sea de paso, de pequeñas no tienen nada. Duran quince días y son cada mes y medio. O sea, empiezan las clases en septiembre; a mediados de octubre hay quince días de vacaciones (?). Luego a mediados de diciembre, para Navidad (suena lógico, OK), luego, a mediados de febrero (?), en marzo-abril (semana santa-pascua…OK) y finalmente las vacaciones largas en julio y agosto).

Iban a empezar las vacaciones de octubre cuando “sin querer” escuché una conversación entre una mamá y la entrenadora (durante ese mes y medio mi relación con los otros papás había sido nula, tomando en cuenta que yo no tenía mucho tiempo que digamos para entablar una conversación y que los franceses no son lo que se llama extremadamente abiertos a platicar si no te conocen…).

Le decía que su hija no iba a poder participar a la práctica pues ellos (ella y su esposo) tenían un viaje planeado desde hacía mucho tiempo y la abuela se iba a encargar de la niña pero que no conocía Lyon y bla, bla, bla y no me pregunten como pero de repente me vi frente a ella diciéndole:

-Perdón pero, ¿en dónde viven?

Y ella con una cara de ¡qué te importa!:

-En Gerland.

Y yo pensando no puede ser…¡¡vive en mi barrio!!:

-Yo también vivo en Gerland. Si le puedo ayudar en algo (hablándole de usted, aunque se veía más joven que yo o por lo menos de mi edad…pero para no asustarla) será con gusto. Yo no trabajo durante las vacaciones (soy profesora) y puedo llevar a las niñas y traerlas sin ningún problema.

Y ella MUY sorprendida, sin saber bien qué decir o qué hacer:

-Muy amable. La verdad es que no nos conocemos y no podría yo dejarle a mi hija así como así. Lo tendría que platicar con mi esposo.

Y yo:

-Tiene usted toda la razón. No nos conocemos y yo tampoco le dejaría a alguien así como así a mi hija, pero eso se puede resolver. Todavía falta una semana para la práctica. Venga con su esposo a tomar un aperitivo a mi casa y después lo platican y me dicen que opinan.

Para no hacerles el cuento largo, me dio su teléfono, le hablé, quedamos y vinieron a la casa. Traían una botella de un vino espumoso sabor a frambuesa que yo nunca había probado, bastante deliciosa. Acabamos (después de un rato, por supuesto) hablándonos de tú, tomando vino espumoso sabor a frambuesa con un guacamole que yo había preparado y platicando como si nos conociéramos de toda la vida.

Por fin llevé y traje a su hija a la práctica y después de eso nos pusimos de acuerdo y nos dividimos los trayectos a la piscina (ella trabaja y también se le complicaban horrible las idas y venidas).

Encontré una gran ayuda y una gran persona al mismo tiempo.

En estos meses hemos aprendido a conocernos; hemos compartido los nervios de mamás que ven a sus hijas en sus primeras competencias; nos hemos reído, nos hemos muerto de calor en la piscina mientras esperamos a que pase el equipo de nuestras chiquitas. Hemos roto todas las barreras culturales. Hemos bailado y cantado como adolescentes en el concierto de la Voz en Lyon (me da un poco de penita decirlo…pero ella y yo gritamos como quinceañeras mientras nuestros hijos nos veían con cara de “no las conozco”). Nos hemos hecho muy buenas amigas. Y eso no tiene precio.

David e Isabelle son unas de las personas más lindas y simpáticas que he conocido en Francia. Y no son mi único ejemplo. Uno siempre piensa que no es fácil conocer a los franceses, que son muy cerrados, que esto, que lo otro. Yo pensaba igual cuando llegue a Francia. Ahora estoy convencida de que no es cierto. Todo es cuestión de acercarse a los demás. De dar el primer paso. De abrirse, de romper esas barreras. De ir hacia la montaña y escalarla.

Siguiendo con mi cuento, les cuento que para el año nuevo (2014) ya estaba yo muy organizada. Con mi blog funcionando. Haciendo lo que me gusta por las mañanas (es decir, escribir) y trabajando dando mis clases y por las tardes ocupándome tranquilamente de mis tres hijos.

Hasta que llegó junio.

Y con él el Mundial de fútbol. Y el espéctaculo de canto de la clase de CM2 (quinto de primaria) de Paola, y la salida de fin de año de Luca (a la que estuve cordialmente invitada) y la última competición de Mateo. Y la competencia inter-regional de Paola, y el espectáculo del coro de la escuela, y el espectáculo de la clase de teatro. Y el de la clase de baile. Y la fiesta de la sección española de la escuela. Y la kermesse, en donde estuve toda la tarde haciéndola de médico en el hospital loco. Y el concierto de La Voz del que hablé más arriba. Y la fiesta del cumpleaños numéro 12 de Matéo en el karting con sus amigos. Y la fiesta del cumple número 7 de Luca en la casa con sus amigos. Y los partidos de fút por las tardes y las noches que me encantan. Y las pláticas por whatsapp con mis amigas de México en donde comentamos cada partido de mi México, Lindo y Querido (y desde que perdió México todos los partidos en general) y que no me las pierdo por nada del mundo porque son lo máximo. Y todas las fiestas a las que estuvieron invitados los niños.

Me la pasé más que increíble. Y doy gracias por tener a tanta gente hermosa en mi vida y tener tantas invitaciones y tantas cosas pero de verdad…ahora si acabé ¡¡¡AGOTADA!!! y hasta ahora puedo regresar tranquilamente al blog.

Iba a poner esta imagen para describir mi mes de junio, pero no aplica. En mi casa Olivier es el que lava la ropa (aunque desde que no está entre semana también me toca a mi) pero eso es lo suyo. Su área de predilección y así queremos que se quede.

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Así es que mejor escogí esta (aunque eso de los tacones no se me da muy bien, la imagen es muy propicia).

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El domingo nos vamos a Noirmoutier (para los que están en Francia -vean la peli “Les Vacances du petit Nicolas” – ahí la filmaron) y desde allá les estaré dando noticias y escribiendo historias.

¡¡FELICES VACACIONES!! a los que tienen…y a los que no…pues no.

Historia de un descenso

Si te avientas acostada agarras más velocidad.

Es curioso, porque la primera vez no sabes lo que te espera. Tu crees que sí, pero no. Y te dices, es cualquier cosa, ni nervios me dan. Y estas ahí esperando tu turno, impaciente. Y ves el semáforo ponerse rojo, y después de varios segundos, verde. Y luego rojo. Y verde otra vez. Hasta que por fin te toca. Y ahí vas. Con el vuelito de la salida…tranquila. Ja. Como un juego de niños. Llegas a la primera curva y te das cuenta que vas más rápido, y más y más. Tu corazón empieza a latir más fuerte. Y en una de esas la velocidad llega a ser tal que sientes que un poquito más y te sales volando. Y no sabes si reír o llorar. Más bien gritas. Y otra vuelta y gritas más fuerte. Y te sientas. Lo que hace que inmediatamente vayas más despacio hasta llegar al punto que te tienes que empujar con las manos y cuando llegas al final caes al agua como un bulto que hace “splash” sin ninguna gracia. Y toda tu familia está viéndote muerta de risa.

-Mamá, pero ¿qué fue eso? ¡Hiciste plof muy chistoso! Está increíble ¿no? ¡Va eso rapidísimo, está súper divertido!

Cómo no quieres confesar que te dio miedo, solo contestas:

-No sé…no logré ir muy rápido. Vamos otra vez.

Y ahora con conocimiento de causa regresas. Y te vuelve a pasar exactamente lo mismo. Mucha adrenalina. Cero disfrute. Mucha frustración.

Pasas el día entre una piscina y otra. Pensando. Hasta que decides antes de irte subir otra vez. Sola. Sin testigos. Muy macha haces más de veinte minutos de cola (porque dicho sea de paso, por la mañana cuando llegaste al lugar no había nadie, y después de comer se dejó venir la muchedumbre…cómo siempre pasa en Francia…tema a tratar en algún otro relato…) y por fin llegas.

Tomas la barra con tus dos manos y estás lista. Más que lista. El semáforo se pone verde. Te empujas con todas tus fuerzas y te acuestas. Te dejas llevar por la corriente del agua y vas agarrando más y más fuerza. Llega la dichosa curva y sientes que ahora si te sales. Y gritas. Pero esta vez de emoción. Disfrutas de cada segundo como si fuera el último y cuando llegas hasta abajo vuelas varios metros antes de caer al agua de una forma espectacular.

Nadie te vio. No importa. Estás orgullosa de tu logro.

Y gracias a la historia de un tobogán, vuelves a sentarte frente a tu computadora y escribes. Llevabas casi tres semanas sin publicar nada. Porque justo en la curva en dónde empezó la máxima velocidad te sentaste.

Pero no más. Ahora a volver a la fila y a aventarse. Con todo. Por ti.

Para ti.

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El primer día

Se acercó despacito, sin hacer ruido.

La puerta estaba entreabierta. Con mucho cuidado la empujó un poquito, lo suficiente para poder deslizarse.

Una vez dentro, avanzó paso a pasito, con movimientos lentos, pero seguros; elegantes.

Esquivó la silla que, cómo un árbol plantado a la mitad de una calle de baldosa, desentonaba con el resto de la modesta habitación. Encima de ella estaba aventada sin ningún orden la ropa del día anterior: las medias, el vestido y la ropa interior.

Pasó de largo y, una vez que encontró lo que buscaba, se quedó inmóvil varios minutos, observando con detenimiento y curiosidad.

Normalmente a esta hora ya tenía que haber desayunado, y debía estar paseando tranquilamente fuera, visitando amigos y haciendo nuevas conquistas.

Pero hoy no. Algo raro pasaba y eso lo intrigaba. Sabía que tenía prohíbido entrar, y aún así ahí estaba, paradito como una estatua, tratando de delucidar la extraña situación.

En esas andaba, cuando un movimiento brusco frente a él lo hizo perder toda la concentración y postura. Sin pensarlo, se subió a la cama de un brinco y cayó justo donde no debía.

-¡¡¡Ahhhh!!! Dios de mi vida, ¡¡¡Benito!!!, ¡pero qué susto me pegaste! ¡¿Qué te pasa Benito?! ¿De cuándo acá entras en mi cuarto y te subes así a mi cama, me caíste encima cómo poseído, ¿hay un ladrón?, ¡algo grave debe estar pasando!…contéstame Benito…No, pero bueno, ¿ya viste la hora qué es? Son las diez de la mañana Benito, y tu ahí, viéndome como si nada…me tenías que haber despertado antes, ahora sí se me hizo tardísimo. Ah…Ya caigo…eso estabas haciendo ¿verdad picarón? Me estabas despertando. Buen chico, ese es mi Benito, por eso te quiero tanto. Por suerte la clase empieza hasta las once. Vamos chiquito, te doy tu desayuno y corro. Deben de ser los nervios. Tanto me tardé en dormir ayer piense y piense en mi clase de hoy que ni oí el despertador. Hoy es mi primera clase con los estudiantes extranjeros. Te conté el mes pasado, seguro ya ni te acuerdas… me pidieron que tomará las clases de la señora Sofía que se retiró. Ya estaba grande y cansada. Por eso hablaron conmigo. Saben que yo soy joven y dinámica. Y bueno, además en este pueblo no hay muchas opciones de maestras de español, para ser sinceros. Quién sabe a quién se le ocurrió poner cursos para extranjeros. Sí, ya sé, es para atraer a los turistas. Yo les dije bien clarito que nunca he dado clases de idiomas, pero me aseguraron que era fácil, que disque tienen un nivel muy alto y es solo cuestión de platicar y enseñarles cosas de México. Así es que acepté. Ten mi Benito, come y vete a vivir tu vida, ya nos veremos más tarde.

Y ahí va Benito, ‘pa fuera.

Pero no se va lejos, sino que espera.

Varios minutos después sale ella, con mucha prisa. Casi corriendo atraviesa el patio y llega a la calle. Camina muy rápido sin darse cuenta de que unos pasos más atrás, su fiel compañero la sigue hasta llegar a la escuela. Ella entra y él se dispone a buscar un sitio en donde instalarse para no perder detalle.

En la clase varios estudiantes esperan. La ventana está abierta. Perfecto.

La puerta se abre y como una aparición hace su entrada triunfal la maestra. Bella, con su vestido floreado y sus tacones. Abre y cierra sus grandes ojos color marrón moviendo sus largas pestañas rizadas en lo que mira uno a uno a sus alumnos. Cinco muchachas y dos muchachos que la observan sin parpadear.

-Bien. Buenos días a todos. Soy la señorita Guadalupe López, pero me pueden decir Lupita. Aquí en México la costumbre es que la gente se hable de tú, así es que si no les importa, les llamaré por su nombre y todos nos podemos tutear, ¿les parece? (Okay, como nadie contesta supongo que es un sí...) Primero me voy a presentar yo y luego se presentan ustedes. Cómo les dije, me llamo Lupita. Soy maestra de ciencias sociales desde hace tres años que terminé mis estudios en la escuela secundaria que está aquí a la vuelta. Es la primera vez que doy clases a extranjeros, estoy muy emocionada y feliz de estar aquí con ustedes. Tengo muchas ideas y haremos cosas muy divertidas e inter-activas. Me dice la Directora que vienen de Francia, así es que podrán platicarme de su país y me gustará mucho conocer su cultura, así como espero enseñarles la nuestra. México es un país muy grande y tiene muchas tradiciones y una cultura muy rica y heterogénea. Así es que empecemos con las presentaciones. Tú, aquí adelante, ¿cómo te llamas? (Ninguna reacción. Será que son tímidos o no se esperaban tener una maestra tan dinámica y los dejé anonadados…O no sé, igual y en su país no se usa presentarse. O ya sé…estoy hablando muy rápido. Debe ser eso. No están acostumbrados a mi acento). Parece que estoy hablando muy rápido, ya. Les repito todo otra vez, más lento. (Dios mío échame una manita…haz que me entiendan, porfis…) Ho-la. M-e ll-a-m-o L-u-p-i-t-a. A-qu-í, en Mé-xi-co l-a c-o-s-tum-b-r-e es (¡¿qué?!, ¿qué les pasa?…quiten esas caras, se los suplico, parece que están en un velorio…)

hmm, Madame…excusez-moi…

(Ora sí, ya chafeó esto. Madame, pero en que cosa me está hablando…)

-No español, francés, No parlamos espagnol…

(¡Qué! ¡No hablan español! Pero no puede ser, la directora me juró que tenían un nivel avanzado y yo nunca he dado clases y ahora que hago y la voy a matar, pinche vieja, la mato, y yo que no hablo ni jota de francés, ni de inglés para empezar…no pero va a oírme esta babosa, cómo se le ocurre hacerme esto, la mato, te lo juró que la mato…qué ridícula me veo toda floreadita y perfumada parada aquí como una tonta…)

-¿No español? No, ¿nada de nada? Nothing?

-No, Madame, nothing. Rien…

-Okay nada de nada…¿y ahora qué diablos hago? ¡¡Benito!!, ¡¡¿pero que haces ahí Benito?!! ¡Bájate de ahí por Dios Santo Benito! No lo puedo creer Benito, ven aquí, acércate…no te caigas Benito, por favor, no te vayas a caer…

-Madame, votre chat?

-Es mi gato, si chat? M-i g-a-t-o.

-Bonito gato Madame.

-Deja de decirme Madame, Lupita, me llamo Lupita. Y me voy, que mi gato me necesita. G-A-T-O.

-Ya casi te tengo Benito, diles hola Benito, y vámonos de aquí, que ‘pa luego es tarde…

-Come back, Ok? Directora talk, Benito c-a-s-a.

De la que me salvaste Benito, mi buen Benito…

Span si no entiendes

Luca

Una bomba de tiempo a punto de explotar. Así me sentía.

El 17 de agosto de 2007 Luca estaba a punto de venir a este mundo. Yo era la mamá mas feliz y dichosa, pero también la más desesperada e impaciente.

En el espejo veía a una ballena con patas. No podía dar un paso sin que me doliera algo. Cómo mi bebé estaba muy grande, el doctor decidió que ese era el día. Por la mañana tuve cita en el hospital y me hizo una especie de estimulación del cuello del útero (que más la sentí como una violación a mi intimidad que otra cosa…) y dijo que más o menos a las 6 de la tarde regresaría al hospital con contracciones.

Así que ahí estaba, esperando…Todos estábamos esperando.

Luca es mi tercer hijo.

Todo alrededor de mi embarazo fue sorprendente:

1. Una vez se nos olvidó el preservativo. UNA.

Acabábamos de regresar a Francia después de vivir dos años en México. Un día si y al otro también me arrepentía de haber tomado esa decisión. Me sentía fatal. Deprimida, sola, triste…muy triste. ¿Cómo no tuve el coraje de quedarme en mi país, de buscar trabajo, de hacer algo por mí misma, de luchar por lo que quería? ¿Cómo me dejé convencer por algo tan patético cómo la seguridad social y la escuela gratuita? ¿Por qué fui tan mediocre? Todos los días me convertía en una víctima que se quejaba y se quejaba y se quejaba…

Mi marido mientras tanto buscaba trabajo. Sus días también giraban alrededor de la desdicha y la depresión.

Una de esas noches en que nos compadecíamos de nosotros mismos, hicimos el amor con más ganas y más fuerza que de costumbre, como si todo lo que quedara en el mundo fuéramos él y yo. Estábamos tan metidos en sentir y en olvidar, que también se nos olvidó que yo no puedo tomar hormonas y que nos cuidamos con preservativos.

Un mes y medio después ya no me acordaba de ese “pequeño olvido” y estaba en una entrevista de trabajo.

PAUSA. Aquí tengo que decir que siempre he salido de las depresiones luchando como una fiera conmigo misma. Decidí que no había vuelta atrás. Estábamos de regreso en Francia y punto. Eso y el hecho de que toda la familia francesa y los amigos nos empezaran a ver como los pobrecitos que tuvieron que regresar a Francia con la cola entre las patas porque no les salió bien su “gran aventura mexicana”, hizo que me tragara mi tristeza y me pusiera yo también a buscar trabajo y a hacer todo lo posible por salir adelante en Francia.

Ahí estaba entonces en mi entrevista de trabajo cuando me empezaron a dar unas náuseas y un dolor de cabeza espantosos. Tan mal me sentía que tuve que salir corriendo del lugar sin dar más explicaciones que:

-perdón, me tengo que ir.

Esa misma tarde me enteré que estaba embarazada gracias a una prueba de orina de la farmacia. ¡No lo podía creer! ¡Yo, Lorena!, yo… Embarazada por UNA VEZ que no me cuidé…Yo, a la que le costaron cuatro años y varios tratamientos de infertilidad tener a su primer hijo. Bueno, Paola (mi segunda niña) vino muy rápido, justamente porque pensaba que me iba a tardar mucho, empezamos a tratar cuando Mateo tenía 6 meses y un mes después estaba embarazada. Estoy de acuerdo, fue rápido, y una GRAN sorpresa, pero lo estábamos buscando…Esto sobrepasaba mil veces esa y otras muchas sorpresas que he tenido en mi vida…

Otro hijo..cuando estaba por fin decidida a buscar trabajo. Ya que Mateo y Paola estaban creciendo y en la escuela, que tenía más tiempo para mí….Y al mismo tiempo, nunca me imaginé que a mi me pudiera pasar algo así, un regalo tan maravilloso. No me acosté con el vecino en una noche de copas. Este embarazo era el fruto del amor. Definitivamente. Del amor y la desesperación de dos personas que han decidido estar juntas pase lo que pase. Así es que aunque fue difícil integrar el hecho de que otra vez mi vida como “individuo” quedaba en pausa, aceptar que un pequeño ser iba a venir a llenar nuestra vida de amor y alegría fue instantáneo. Ser mamá es lo mejor que me ha pasado.

2. Todo el embarazo fue muy fácil:

Fuera de que vomitar fue el único objetivo en mi vida durante 3 meses y en lugar de subir de peso, bajé, todo lo demás fluyó tranquilamente. Con Mateo y Paola viví en la angustia constante de perderlos (antes de Mateo tuve dos abortos, tuve sangrados, ultrasonidos todas las semanas, acabé en cama los últimos meses). Mateo llegó un mes y medio antes. Paola no, pero estuve en cama dos meses. Y Luca, nada. Yo insistía con el médico para que me pusiera en cama, diciéndole todos los problemas que había tenido en mis otros embarazos, recitándole todo lo que mi otra ginecóloga me había dicho (Mateo y Paola nacieron en Paris y Luca en Reims). El me escuchaba pero nunca entró en mi juego, simplemente me decía que él no veía nada raro, que no tenía porque ponerme en cama. Punto. Así es que otra vez, el embarazo de Luca (y las reflexiones del médico) me obligaron a verme como una persona “normal”. Una mamá esperando un bebé. No una bola de nervios que con cada paso siente que algo está mal, que va varias veces (muchas veces) al día a hacer pipí solo para verificar que no está sangrando.

3. El final del embarazo…y el parto…

Todo iba normal, menos mi cuerpo…que cada día se transformaba en algo irreconocible. Mi vientre era tan voluminoso que no me dejaba moverme. Esté bebé era mucho más grande que los otros dos y me lo hacía notar…Yo sentía cada movimiento. Podía sentir sus manos, sus pies…casi podía tocar su cuerpecito cuando se movía.

Mis pies estaban hinchados, mi cara parecía un globo lleno de helio a punto de volar por los aires. No dormía. Estaba literalmente agotada. Me sentía feliz de tener la oportunidad otra vez de ser madre y al mismo tiempo odiaba lo que estaba pasando con mi cuerpo, conmigo. Me urgía dar a luz.

Por eso cuando el doctor dijo que era el día me sentí tan aliviada. No tenía miedo del parto. Solo unas ganas enormes de ver a mi bebé. Después de todo era mi tercer bebé, qué podía salir mal…Los otros partos (comparados con los embarazos) salieron muy bien…(Nunca pensé que como en todo lo demás, este parto también me iba a sorprender…y a enseñarme mucho…).

Cómo si el doctor fuera un gurú, alrededor de las 6 de la tarde empecé a sentir las contracciones. Dejamos a Mateo y Paola en casa de unos amigos y nos fuimos al hospital alegremente a recibir a nuestro Luca.

El doctor se rió cuando me vio llegar al hospital. Cómo sabía que era mi tercero su broma era que tenía una cena y quería llegar rápido a su casa. Me lo repitió varias veces al mismo tiempo que le pedía a la enfermera que me pusiera el estimulante de contracciones para que todo fuera más rápido…

Luca nació a las 11:44 p.m. Con todo y estimulantes, bromas pesadas y machismo del médico (que no tengo en mi alta estima, después de ese día), Luca se tomó el tiempo y vino cuando EL quiso. Yo ya no podía ni con mi alma. No me sentía como una persona, más bien como un bulto al que estaban tratando de sacarle el contenido.

Mi marido estuvo a mi lado todo el tiempo, me ayudó en el parto, lloró conmigo de emoción cuando vimos la carita de nuestro hijito, me besó, lo besó, estaba en las nubes.

La enfermera le pidió que la acompañara a otra habitación para ocuparse de Luca. Se fueron y no los volví a ver hasta muchas horas después…

…porque mientras él se ocupaba de nuestro bebé yo me estaba desangrando.

¿Quién iba a pensar que en lugar de estar en su cena tranquilamente, el médico iba a estar hasta las 3 de la mañana tratando de salvarme la vida?

Tres horas de la peor angustia que he vivido en mi vida, en dónde pasé (otra vez) de ser una persona a ser un paciente más. Un paciente al que hay que salvar, sin importar nada. Sin importar su miedo, su dolor, su historia.

Sin dar la más mínima explicación. Todo tan lento y tan rápido. Gritos, enfermeras, el médico haciéndome una especie de masaje en el útero que me dolía hasta el alma. Yo preguntando que me estaba pasando sin obtener respuesta. Dolor. Miedo, gritos. Muy cerca. Laboratorio. Transfusión de sangre. Más gritos, cada vez más lejos y después todo negro…solo yo y mis recuerdos. Solo yo pensando que era mi final. Que vi a mi bebé un minuto. Que mis dos hijos que me esperaban en casa no me volverían a ver. Que ya no podría abrazarlos ni besarlos más, decirles cuánto los amo…Solo yo.

Vi pasar mis recuerdos de la infancia. Mi mamá y yo cuando nos vestíamos igual para salir a la calle, mi papá contándome historias sobre sus rodillas, mis hermanos y yo jugando a star wars con el control remoto de la tele, mi abuelita con nosotros en el parque de Chapultepec. En las bicis. Mis amigas, mis muñecas, mi escuela. Mi pánico cuando tenía que hablar frente a mis compañeros. Mi primer amor, mi primer beso. La primera vez que salí a bailar con mis amigas. Olivier: nuestro encuentro, mi llegada a Francia, nuestra boda… Yo mamá, yo esposa, yo hija, yo hermana, yo amiga. Tantos recuerdos, tanto amor, tanto… y otra vez mis pequeños. Mi recién nacido..Mi Mateo y mi Paola. Veía sus caritas y sentía sus manos calientitas sobre las mías como cuando caminábamos por la calle. Reviví sus primeros pasitos, su primer “mamá”…sentí su primer beso mojado en mi mejilla, escuché su primer “te quiero”. Su primera caída, su primer dibujo. Su risa.

Ahí, en la cama de hospital, con las piernas abiertas que me temblaban como gelatinas, con un frío que me llegaba hasta los huesos, creyendo que eran mis últimos minutos de vida, me di cuenta que lo que más quería en el mundo era volver a escuchar esas risas.

Y tenía miedo.

Luego nada…

Desperté varias horas después, no sé cuantas. Lentamente y con dificultad, sin entender gran cosa, miré a mi alrededor dándome cuenta de que estaba en una habitación de hospital casi vacía, solo algunas máquinas la decoraban tristemente. El dolor de mi brazo me hizo realizar que tenía un catéter. Sentía la boca completamente seca. Seguí observando a mi alrededor sin poder moverme.

Así fue como mis ojos se toparon con la cunita.

Dentro de ella estaba Luca, durmiendo plácidamente.

– Estoy aquí. Estoy viva. Soy mamá…nada más importa.

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El Lobo Feroz

Feliz día del Niño a todos….DISFRUTEN!!

Había una vez, un lobo que vendía pólizas de seguros. Contra incendios, contra desastres naturales, contra terremotos…Todos los seguros capaces de lograr que los propietarios de las viviendas vecinas vivieran tranquilos y en paz.

Era un muy buen vendedor. Tanto, que ya llevaba ganados varios premios del “vendedor del mes” en la empresa en la que trabajaba. Gracias a esos premios, había viajado por el mundo y conocido lugares maravillosos. Viajar era su máximo placer.

Ese mes, el ganador recibiría un viaje a Australia. A Sydney, para ser exactos. Su gran sueño.

Además de conocer un país que le parecía sencillamente mágico, podría visitar a su primo el canguro y pasear con su amigo el koala, que era tan simpático.

En fin, nuestro lobo quería a toda costa ganar el premio. Desgraciadamente, en esta ocasión, no había logrado vender todos los seguros que necesitaba para triunfar. En tiempo normal, el lobo no se habría preocupado, pero en ese momento en particular, el país estaba en crisis y la gente no quería gastar.

Para su suerte, tres nuevos habitantes acababan de llegar a la ciudad. Unos hermanos cerditos que estaban construyendo sus casas en los suburbios, no muy lejos de donde él vivía. Decidió que esa era su gran oportunidad, tendría que convencer a los cerditos aunque fuera lo último que hiciera. Con esas tres ventas, Australia estaba asegurada, ¡qué experiencia le esperaba!

El lobo se encaminó hacia el barrio en donde había oído que los cerditos estaban construyendo sus casas. Desde lejos los escuchó cantando y los vio trabajando, felices de la vida. Se quedó mirándolos un buen rato. No podía creerlo, ¡ese era sin duda su día!, las casas de los cerditos eran tan frágiles, que no le costaría nada persuadirlos de la importancia de comprar un seguro para protegerlas de cualquier intemperie. Solo la casa de uno de ellos se veía más estable y bien construida, pero a eso el lobo no le temía, por algo lo llamaban “el lobo feroz”. No había nadie mejor que él para convencer a los clientes indecisos.

Muy seguro de sí mismo, se acercó hasta donde se encontraban las construcciones de los tres cerditos. La primera casa que vio estaba hecha de paja. Se rió para sus adentros.

-¡Esto será cosa de niños! -pensó.

El cerdito más pequeño estaba fuera de su casa, jugando. El lobo se fue acercando y cuando ya estaba a punto de llegar, el cerdito lo vio y empezó a correr a toda velocidad.

-¡Cerdito, no te vayas, solo quiero hablar contigo unos minutos! -Le gritó el lobo, preguntándose que le habría picado al cerdo para huir de esa manera.

Como el cerdito no contestaba, el lobo comenzó a correr detrás de él. No lo podía dejar escapar, tenía que convencerlo como fuera.

Al llegar a la entrada de su casa, el cerdito se metió y dio un portazo tan fuerte que casi destruye la puerta.

El lobo comenzó a explicarle a gritos la razón de su presencia, las ventajas de su seguro y lo tranquilo que se sentiría una vez que lo hubiera comprado.

Se pasó varios minutos hablando solo. No obtuvo por respuesta más que un:

-¡Vete lobo, no pienso abrirte la puerta!

El lobo trató de persuadirlo diciéndole de la manera más suave posible:

-Pero cerdito…entiende…tu casa es muy frágil. Estoy seguro que puedo demostrártelo. Verás que si soplo, tu casa se desplomará, y entonces me creerás y un seguro necesitarás.

-¡Pues ni aunque soples te abro, vete de mi casa lobo!

Al lobo no le quedó otro remedio, que demostrárselo con la acción. Tenía la certeza de que cuando el cerdito se diera cuenta de lo frágil que era su casa, tomaría su oferta sin chistar.

Así que el lobo sopló, y sopló, y la casita del cerdito, derrumbó.

Ahí quedó el cerdito, parado en medio de los escombros de su casita de paja.

Se quedó unos minutos inmóvil, llorando, y cuando vio que el lobo se acercaba a él, salió como un cohete hacía la casa de su hermano, una casa hecha de palitos de madera.

-¡Cerdito, no corras! Lo siento, de verdad lo siento. Te ayudaré a reconstruir tu casa, por favor…solo necesito que me escuches!

El cerdito, en lugar de detenerse, aceleró su carrera y en un dos por tres, llegó a la casa de su hermano.

-¡Abre la puerta hermano, es un emergencia! -gritó.

La puerta se abrió. El cerdito entró velozmente y cerró con llave detrás de él lo más rápido que pudo.

El lobo no entendía nada de nada…Su técnica era infalible. ¿Qué habría pasado? No lograba comprender por qué razón el cerdito no quería escucharlo. Fuese lo que fuese, no se iba a desanimar, tenía que seguir tratando.

Así que, gritando, volvió a explicar el motivo de su presencia, se volvió a disculpar y pidió a los cerditos de la manera más cordial posible que le abrieran la puerta y lo dejarán entrar.

-¡No te vamos a abrir la puerta lobo! ¡Vete de nuestra casa! -le gritaron los cerditos.

-Pero esta casa también es muy frágil… necesitan uno de mis seguros para protegerla. Ya verán que si soplo, también cae desplomada -trataba de explicarles el lobo.

Al no obtener respuesta, el lobo volvió a soplar, y a soplar y, aunque esta vez tuvo que soplar un poco más fuerte, acabo por tirar también la casita de palitos de madera.

-Ahora sí me escucharán, pensaba.

Muy equivocado estaba. Los dos cerditos corrieron despavoridos a la casa del hermano mayor, una casa de cemento que se encontraba un poco más lejos, sobre una colina.

El cerdito mayor trabajaba en su jardín cuando los dos hermanos lo cogieron del brazo y lo llevaron dentro de la casa sin más explicación.

El lobo los seguía difícilmente. Le faltaba el aliento. No estaba acostumbrado a hacer tanto ejercicio y menos a perseguir cerditos que parecían locos de atar.

En esta casa había un timbre. Así es que respiró profundamente y lo tocó, esperando que el hermano mayor tuviera un poco más de sensatez que los menores.

Después de varios minutos oyó una voz:

-Sé que eres tú, lobo. Dime de una vez que quieres y vete.

El lobo suspiró y se lanzó a explicar paso a paso al cerdito mayor todo lo que no había logrado hacer entender a sus hermanos. Los diferentes seguros que vendía, la fragilidad de sus casas y la importancia de protegerlas. Explicó el derrumbe de las dos casas y dijo que estaba dispuesto a ayudarles a reconstruirlas.

Cuando el lobo terminó de hablar, la puerta se abrió y los tres cerditos salieron a su encuentro. El cerdito mayor reía y los otros dos no sabían qué hacer. Estaban escondidos atrás de su hermano.

En efecto, explicó el cerdito al lobo, todo había sido un gran malentendido.

Al partir a la ciudad, la madre de los tres hermanos les había aconsejado no hablar, ni abrir la puerta de sus casas a extraños. Era la primera vez que vivían solos y toda la situación les había hecho entrar en pánico. Lo que los pequeños no sabían era que el mayor ya había oído hablar del lobo y pensaba contactarlo.

Dicho esto, el cerdito invitó al lobo a pasar y tomar un té con ellos para hablar del problema.

Después de un rato, el lobo salió de la casa sonriendo.

-¡Australia, aquí voy!, se dijo satisfecho. Su reputación de “lobo feroz” seguía intacta.

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El Pequeño Paseo Digestivo

Ya, ahora si me concentro y participo. ¿Qué fuiste a Barcelona de vacaciones? Perfecto. Conozco Barcelona. Por lo menos entendí Barcelona. ¡Ja! No es tan difícil…Je connais, si, eso, yo conozco Barcelona, bien. Ahorita lo digo, va. Me lanzo.

-Je connais Barcelona.

Silencio total en la mesa. Siete caras me miran sin saber que hacer. Sonrisita a medias. Sophie se atreve y me dice algo. ¿Sobre qué? ¿Qué dice? ¿Qué hay muchas cosas que hacer? ¿O qué hizo muchas cosas? Ya no entendí, espérame tantito, deja pienso una respuesta y te contesto. Demasiado tarde…ya está hablando con Pierre…No importa. Oui, si. Bien. Il y a. Hay, muchas. Beaucoup. ¿Será que tengo que decir beaucoup o más bien trop, demasiadas? No, yo creo que beaucoup está bien. Il y a beaucoup des choses à faire à Barcelona. Cosas que hacer. Perfecto. No, pero espérame, ya no oigo que estén hablando de Barcelona…¿qué dijo? ¿Que mañana qué? Si, oí demain. Mañana. De eso estoy segura, ¿pero luego qué dijo? ¿Qué hay un concierto? ¿O qué sí es cierto? Mierda, ya me perdí otra vez…pero que bien me la pasé con Mark el otro día. Estuvo súper divertido, la verdad. ¡Cómo me cae bien! Caminamos como locos, pero valío la pena. Me encantó visitar el Père Lachaise. Todas esas tumbas de gente famosa…wow…es un poco como entrar en la intimidad de alguien sin pedir permiso. Directo vas y conoces su última morada. O por lo menos la última morada de sus cuerpos, porque sus espíritus quién sabe en dónde estarán. Yo sí creo que hay otra dimensión, una energía, algo…

-¿Oui? Oui, merci.

Gracias, si quiero más vino. Y qué rico está esto. ¿Será la tradición aquí comer cordero en pascua? Está realmente delicioso. Suavecito…tiene como miel y una hierba que no distingo muy bien pero creo que es tomillo. ¿Por qué diablos te sentaron hasta allá, Pierre? No bueno, un poco más lejos y te sientan en la cocina…¿qué costumbres son esas de separar a las parejas en la mesa?…y esas papitas al horno y los ejotes envueltos en tocino…¡qué cosa!

-Mmm…très bon. Merci.

Me salió del alma. Ni lo pensé. Y ahí tienes a la mamá de Pierre que se lanza a explicarme no se cuánto. Entiendo algo así como que es la receta de la abuela. Eso. Dijo grande-mère. Y que todos los años ¿qué? Y que está contenta. OK. Contenta. Heureuse. No, más bien quiere decir feliz. ¿Pero feliz de qué? Patricia. Acaba de decir mi nombre…¿Feliz de Patricia? Ah! Feliz de que Patricia, o sea, yo, esté aquí hoy. Creo…Sigue en su monólogo y de repente la tía Marie Claire, una viejita hermana del abuelito, con la voz más fuerte que puede le dice, o más bien, le grita, a mi suegra:

-Parle doucement, elle ne comprend rien !

Eso. Justamente eso, lo entendí perfectamente. Tiene razón la viejita. No entiendo nada y nadie, y cuando digo nadie, es nadie, está haciendo el más mínimo esfuerzo por hablarme despacio. O ya de perdis un poquito en inglés…

Y mi suegra se queda con cara de WHAT? Y yo le sonrío, y ella le explica a la tía que ya llevo tres meses tomando clases de francés y que tengo que hacer un esfuerzo para entender y no sé que más y POR FIN Pierre decide tomar cartas en el asunto y se pone a discutir con su mamá y cinco minutos después la mamá me voltea a ver y vuelve a repetir lo que había dicho pero ahora como si fuera protagonista de una película que está pasando en camara lenta y menos le entiendo y quiero gritar y mandarla muy lejos y mandar a Pierre junto con los demás también muy lejos y por qué no estoy en México, carajo, con mi familia, comiendo unas buenas tostadas de camarones con un clamato y una chela en el jardín de la casa de mis papás y todos me ven como esperando a que empiece mi espectáculo y lo único que se me ocurre es dar las gracias y muchas gracias. Y no volver a abrir la boca más que para deleitarme de su bendito cordero receta de la abuelita.

Después del plato fuerte seguimos con la ensalada verde. Y el queso. Desde que traen la charola a la mesa huele por toda la pieza. Por más que Pierre a tratado no logro acostumbrarme. Ya que los pruebo me gustan…pero ese olor tan fuerte de plano me penetra hasta lo más profundo del cerebro. Entre eso y el vino, más la champaña del aperitivo…empiezo a sentir que despego…y viajo por las nubes…cada vez más lejanas. El francés me parece el canto de los pajaritos que me topo en el camino. Y esos mismos pajaritos me sirven postre y…chocolates. De todas las formas…conejitos, huevitos, pollitos, pececitos, y más conejitos…que me guían hacía la luna. Y cuando estoy elevándome más y más, casi a punto de llegar, todos se levantan de la mesa. De un jalón.

Del susto regreso a tierra firme. Aterrizaje forzoso. ¡¿Pero qué está pasando?! ¿Alguien se siente mal? ¿Hay algún problema? Busco a Pierre y le pido que me explique tan extraña situación. No ha pasado nada. Nadie se siente mal. Simplemente es hora del “pequeño paseo digestivo”.

Los franceses caminan.

Sí si, oyeron bien. En lugar de hacer sobremesa, caminan.

¡Los franceses caminan!

No hay sobremesa.

¿No hay sobremesa?

¡¡NO HAY SOBREMESAAAAA!!

¡Soy tan feliz! Si pudiera te besaría…¡y te abrazaría muy, muy fuerte! Te amaré por siempre “pequeño paseo digestivo”.

Mi propia campana personal. 

pajaros cantando

La Poción Mágica de la Abuelita

-¡Ya aquí está bien!, más alto me da miedo…

-¡Qué miedo ni que nada, ándale Rosita, no te rajes…dijiste que ahora sí te ibas a atrever…

-Bueno…dos ramas más arriba y ya, que si me caigo me doy un buen guamazo. Solo porque ahí hay unos bien buenos.

Desde aquí arriba dominamos el mundo…comemos los mejores mangos recién cortados…y podemos observar la ventana de la cocina de casa de la abuelita sin ser vistos.

Porque es bien sabido que los niños no podemos entrar a la cocina…Cada fin de semana tratamos y cada fin de semana es lo mismo…Los niños, a fuera, al jardín.

A las compras si fuimos…Tempranito nos despertó mi mamá para ir al mercado. Córranle, nos dijo, vamos que después hay que ir a misa. Así es que rápidito nos vestimos y nos preparamos. Por suerte que mi abuelita vive cerquita.

Primero a la carnicería. Mamá dice que la de Don Paco tiene la mejor calidad. Compramos chambarete, empuje, agujas y huesos de tuétano. ¡Nomás de oir los nombres, a Jano y a mí nos dió un ataque de risa! Quién sabe que estén planeando…dice mamá que la abuelita nos tiene una sorpresa…

Luego de ahí con Doña Jacinta.

Mamá trae la lista en su cabeza y en las bolsas que le da la señora va metiendo las verduras que escoge una a una, hablando bajito, como rezando para ella misma: zanahorias, chayotes, calabacitas y ejotes. También varios elotes, bien tiernitos. Y unas ramitas de epazote, chiles anchos y chiles pasilla. Cebollas y ajos tenemos, no hay que comprar. ¡Ah! Y limones, no pero ahí en el árbol hay, tampoco compramos.

Por último pasamos al puesto de fruta. Con el Memo. Ahí mi mamá pide algo que ahora si Jano y yo nos quedamos con los ojos cuadrados. Xoconostles. Le dan cuatro tunas.

No, sea lo que sea que piensan cocinar, suena de lo más extraño… combinar todos esos nombres chistosos de carne, con verduras, chiles y tunas…algo muy raro están tramando. Esta vez tenemos que espiarlas, eso es seguro.

Así es que después de la misa nos pusimos luego luego en posición, y aquí estamos.

Desde esta altura vemos perfecto a mi abue y a mamá que se mueven como si estuvieran bailando en la cocina. Su sincronización es perfecta. Una lava y corta la verdura. En pedazos grandecitos. La otra se ocupa de la carne. Mientras hacen todo eso, hablan. No sé de qué, pero el pico no les para. En esas están cuando, de repente, mi mamá, qué está picando cebolla…llora, a mares. Y mi abue en lugar de preocuparse, se ríe. Dejan de hacer lo que están haciendo y se abrazan. Y mi mamá llora, y mi abue ríe…y mi mamá llora y ríe.

Jano y yo que estamos comiendo nuestros mangos con unos miguelitos que nos compramos hace rato, nos volteamos a ver, vemos hacia la ventana, nos volteamos a ver otra vez sin saber ni qué, y en eso Jano me dice:

-Ya ves Rosita, con razón no nos dejan entrar…más que cocineras parecen brujas…

Ya cuando terminan con ese ritual de la risa y el llanto meten la verdura a cocer de un lado en una olla chiquita, y la carne aparte en una olla enorme, junto con los xoconostles, la cebolla, el ajo y las ramas de epazote. Y empieza otra vez el cotorreo.

Con la masa de las tortillas hacen unas bolitas chiquitas, del mismo tamañito todas. Entre las dos en unos minutitos acaban y las ponen en la olla de la carne.

El chile lo tienen remojando en agua caliente, hasta acá arriba se ve el humo. Y luego con todo y el agua lo ponen en la licuadora con un pedacito de cebolla (ya esta vez nadie llora), y lo sazonan con sal y unos cubitos de caldo de res. Lo muelen muy bien y luego ponen la verdura que estaba en la olla chiquita en la olla grande y le echan el chile molido y le bajan a la lumbre.

Sacan dos cervezas del refrigerador, las abren, brindan y esperan con una gran sonrisa en los labios.

Jano y yo seguimos observando sin chistar.

Unos minutos después de esa ventana se desprende el aroma más delicioso que existe.

La mezcla de todos los sabores y especias hacen efecto como por arte de magia y nos transportan a otro mundo.

En ese momento entendemos todo. La risa, el llanto, el abrazo, el brindis, la sonrisa, todo…

-¡A darle, grita la abuela, que es mole de olla!

brujas

No estaba muerta, andaba de parranda

 

Por mi ventana se ve un gran Eucalipto.

Cada mañana al abrir mis persianas es lo primero que veo. Le robo unos minutos a mi día mientras lo observo y me lleno de él, de su energía. Respiro profundo y ya. Lista para empezar.

Son las cinco y media de la mañana. Oigo a mi hermano en la regadera. Agarro rapidito mi ropa y me meto al baño del cuarto de mi mamá. Ella y yo lo compartimos desde siempre. Abro el agua, me quito la pijama, me meto a la regadera y sigo mi ritual que es este: shampoo, acondicionador y mientras hace efecto me lavo el resto del cuerpo. Me enjuago, apago el agua y me seco. Una toalla en la cabeza como turbante y con la otra me seco bien lo demás. Me visto, me desenredo el pelo y me pongo mousse. Me maquillo poquito. Me seco el fleco y con un peine me lo esponjo. Qué quede bien paradito.

Ya lista bajo corriendo las escaleras, agarro mis cosas, le grito a mi hermano que se apure y me salgo al coche. Sin desayunar, ya habrá tiempo más tarde.

Hoy le toca a él manejar.

– – – – – – – – – – – – –

Estoy impaciente. Lo único que quiero es llegar. Todo lo que voy a hacer…cómo lo voy a disfrutar. Todavía no lo puedo creer…es como un sueño. Tantas cosas en la cabeza durante los últimos días…

Tuve que pelear para salir tan temprano; no quiero que ningún imprevisto se interponga con mis planes. Ya falta poco. Quiero gritar de emoción pero me aguanto…

– – – – – – – – – – – – –

Periférico…por suerte no hay mucho tráfico. Mi hermanito avanza con muchísima precaución.

-Ya vete metiendo a la derecha, es en la próxima salida.

-Si, si, ya sé, ya, déjame, ya conozco el camino.

Ok. ya conoce el camino pero no cambia de carril, y si no cambia de carril nos vamos a pasar y si nos pasamos tenemos que ir a dar un vueltón que no te cuento…

-Gabo, cámbiate ya, se te va a pasar la salida.

-¡Ya voy! ¿Qué no ves que vienen muchísimos coches? ¡No me dejan pasar!

-Pon la direccional y vete metiendo…pero ya…¡ya Gabriel! ¡Cámbiate de carril ya!

Pone la direccional pero no cambia de carril.

-¡Carajo, me voy a pasar, ya casi llegamos a la salida, no me puedo pasar… ¡me paso!, ¡te digo que me paso! Me tengo que cambiar a tiempo, pinches coches, me paso, no puedo…ya me voy a pasar, ahorita me cambio…, ¡ya casi me paso!¡saca la mano! Ya, ya va, voy, me lanzo…no pude, puta madre, no me pude cambiar de carril…me pasé, ya me pasé, ¿ya viste? ¡Me pasé! No lo puedo creer…¡me pasé! ¿Por qué no me avisaste a tiempo?, ¡carajo! ¿Y ahora qué? Ya me pasé…

– – – – – – – – – – – – –

Tranquila, no te enojes que no sirve de nada…paciencia, que entre más se ponga nervioso, más tarde vas a llegar…

-Si, si ya vi que te pasaste, pues ni modo, tenemos que ir a dar la vuelta hasta la próxima salida.

Pero ya apúrate por Dios Santo…necesito llegar a tiempo…llevo preparándome para este día desde hace semanas…imaginando cada segundo, cada abrazo…La sonrisa que llevo puesta desde que supe que iba a ir me delata…por suerte que salimos con tiempo…no pasa nada, solo he perdido unos minutos…

– – – – – – – – – – – – –

Por milagro hubo un espacio de varios segundos sin coches en el carril de la derecha y pudimos cambiarnos despacito, con mucha calma, minutos antes de que llegara la próxima salida.

Sí. Gabriel lleva apenas unas semanas manejando. Adivinaron. Y se pone bastante nerviosito al volante.

Hay que tratarlo con pinzas porque si no puede ser fatal. Y queremos llegar a tiempo. Los dos.

El tendrá sus razones. Las mías son bastante obvias… Voy a ver a mis amigas.

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Finalmente llegamos. A tiempo.

Diez días en México. Sola. Desde que nacieron mis tres hijos nunca he viajado sola tanto tiempo. Con mi marido unos días. Qué también se agradecen. Con los niños vamos para arriba y para abajo, y no me quejo, me encanta viajar con mis hijos, pero sola, lo que se dice S-O-L-A, más de unos días, es la primera vez.

Diez días que para algunos será muy poco. Para mí es un lujo. Una eternidad que pienso disfrutar al tope.

Así es que llegando al aeropuerto me despido de todos rapidito, les digo que los amo y los voy a extrañar (que es cierto…) y me voy a empezar mi viaje.

Paso migración sin chistar. Ni me importa quitarme los zapatos, la chamarra, todo…¿qué mas quiere señorita? ¿Un besito joven?

¡Estoy feliz! Me siento a desayunar en “La Brioche Dorée”. Es tan temprano que finalmente tengo tiempo. Con todo y que Olivier se equivocó de salida llegué con mucha anticipación.

El aeropuerto de Lyon es chiquito y súper agradable. Hay gente pero no haces horas de colas en ningún lado, como en Paris o en Frankfurt, mi próxima escala.

Veo a todo el mundo como desde una pantalla de tele…están pero no están. Yo floto, ellos caminan. Yo canto, ellos hablan. Yo suspiro, ellos respiran. Yo amo a mi prójimo…ellos, no sé. Quiero abrazarlos a todos y contarles mi vida; la suerte que tengo de tener a un suegro que se pudo quedar con mis hijos, que él y su novia ya no trabajen es una bendición para mí. Que aunque no es para nada el momento en lo que a finanzas se refiere y Olivier tiene trabajo para dar y regalar, entendió perfecto mi necesidad de ir a México en este momento. Que tuve que organizar mi trabajo, las actividades de los niños, cancelar y cambiar citas, dejar una lista gigante por día de lo que cada uno de los tres hace (y deshace)…uff, señor, no se imagina todo lo que hice para estar aquí hoy sentada en la mesa de al lado a la de usted y sus colegas; porque seguro ustedes viajan por negocios, se les nota a leguas, pero yo no, yo viajo por el puro placer, porque una de mis grandes amigas de la infancia se casa y voy a la boda junto con todas mis amigas porque fíjese que no hemos estado todas reunidas desde hace veinte años. Sí, le cuento que yo vivo en Francia, y luego otra vivía en Inglaterra, y hay una que vive en Austin, en Estados Unidos, y otra en Cuernavaca, y así, no hemos logrado coincidir todas en México… ¿cómo? ¿ya, tan rápido se van? Pero si no he terminado mi historia…uy, qué mal, y usted, señora de allá con los dos chiquitos…buena suerte querida…la entiendo perfecto, aunque me vea aquí solita y sonriente, tengo tres hijos y créame que tengo experiencia en eso de los viajes con niños…y la viejita de allá con esa carota…¡sea feliz señora!

Estoy echando el chal tan a gusto conmigo misma que ni cuenta me doy que el tiempo pasa y ahora si tengo que correr a encontrar mi sala y subirme al avión…

Qué llegue con bien, qué no me pase lo de Malaysia Airlines, qué no se pierda mi avión en medio del océano. Qué no pase nada de nada. Qué los niños no se enfermen mientras yo esté en México, qué se porten bien. No bueno, ya cállate y deja de pensar tonterías, por Dios, disfruta y ya.

El primer vuelo ni lo siento. Llego a Frankfurt y tengo que caminar (entre un olor penetrante a salchichas y pretzels gigantes) las dos horas que me quedan (estoy exagerando, pero sí caminé un buen…) para ir a tomar el otro vuelo.

Aprovecho para mandarle un mensajito a Olivier: Sigo viva, todo bien. Estoy en Frankfurt. Los Quiero, Lo.

Por fin entro al avión que me llevará directo a mi México, Lindo y Querido…

-Good Morning.

-Good Morning Madam, straight and then to the right. Thank You, have a good flight.

-Thank You!

Sí. No voy en el segundo piso…Voy en el primero, con los de economy class, con los que van aplastados. Sí, ahí. Y la señorita azafata habla inglés porque es de Lufthansa, que fue lo que encontré más “economy”. Me vale. Tengo un lugar en pasillo, y eso es lo más importante.

Ya con poderme levantar cuando yo quiera sin tenerle que pedir al gordo de al lado que se levante, pero pequeño problema, está dormidote roncando o a la señora que babea y se te echa encima, o étcera étcera… ya es más que perfecto.

Soy claustrofóbica. Y no crean, ya me ha pasado, en mis épocas de timidez (que gracias al cielo se fueron muy lejos hace ya varios años) estar encerrada entre dos seres sospechosos que duermen tranquilamente todo el vuelo mientras que yo tengo que hacer malabares para saltarlos o me tengo que parar (si, parar) en el asiento para tomar aire y hacer respiraciones para tranquilizarme cuando me dan mis ataques…Ya con los niños no me pasa tanto, aún cuando he viajado sola con ellos en varias ocasiones pues ya somos cuatro…casi siempre nos dan toda la fila de en medio, o dos y dos…aunque en ese caso si he tenido problemas… Me pasó una vez que me dieron ventanilla y el de en medio y Mateo y Paola estaban como cinco filas más atrás (también en ventanilla y en medio) y la señorita que iba sentada en el pasillo no me quiso cambiar porque según ella no dormía y se levantaba mucho…y en cuánto despegó el avión ella no dormía…roncaba, y de lo lindo. La odié.

En fin, esta vez es diferente…tengo pasillo y estoy sola. ¡Yes! ¡Y por obra del espíritu santo no tengo a nadie al lado! ¡Doble YES!

El avión despega y yo ¡a gusto! Puedo ver la peli que yo quiera, sin interrupciones…me puedo dormir, puedo leer, pensar, hacer nada…todo al mismo tiempo…¡decido yo solita! ¡Ja!

-Something to drink?

-Yes please…Some red wine please. (¿Podrá usted por favor dejarme toda la botella? Es broma…)

-Thank You.

Vinito. Comida, hasta eso, pasable. ¿Más vino?, muy amable, un poquito más, si. ¿Un baileys? Si, nos lo echamos, ¿por qué no? Té, si también, gracias.

Una siestecita, órale, gracias, estoy cansadita…ya luego veré películas.

-Yes, Madam, please, your seat, we are about to land.

-¿Qué? ¡Mateo, déjame dormir!, ¿qué haces? ¿Dónde está Luca? ¿Y Paola?

-Madam, your seat, please…

¡Ay, Chihuahua! ¿Pero dónde estoy? ¿Quién es ese? No pero bueno, si estoy en el avión, ¡me quedé profunda! ¡Qué cosa!

-Yes, yes, thank you.

No vi pelis, ni leí, ni nada de nada. Dormí. Me puse jarra celebrando yo solita y me dormí. Todo el vuelo. NO LO PUEDO CREER…Nadie me habló, me pidió que le cambiara el canal de la tele o la película, que le pusiera un juego, que lo llevara al baño, que “x”, “y” o “z”. Nada…WOW…

Tengo la suerte de tener el pasaporte francés y el mexicano. Mientras los mexicanos hacían cola en Frankfurt, yo pasé rapidito migración por la ventanilla de los “Europeos” con mi pasaporte francés, y mientras los franceses hacen una cola enorme en migración en México yo paso rapidito con mi pasaporte mexicano…

Perdón…ya se que suena muy mamón…¡pero lo tenía que decir!…

En dónde si me tardé horas fue en recuperar mi maleta…Creo que fue la última en salir…Todo el tiempo que me ahorré con lo del pasaporte lo perdí en la espera…Ni modo. Eso me pasa por presumida.

Le entrego el papel de la aduana a la señorita, le aprieto al botón (para los que no saben, en México hay que apretar un botón antes de salir con tu equipaje: si te toca verde sales sin revisión y si te toca rojo ya te fregaste porque te van a abrir todo…un desmadre…) y me toca verde…uff!!

Y ahora a encontrar a mi santa madre entre todo el mar de gente que hay afuera esperando…

Tienen que saber que al mismo tiempo que llega el vuelo de Lufthansa, llega también el de British, el de Iberia y varios de Estados Unidos y otros no se cuántos más…Lo que hace que ya para entregar el dichoso papelito de la aduana a veces haces horas de cola y luego hay millones de personas esperando afuera. Algunos con globos, carteles, flores, porras de bienvenida…toda una experiencia salir del aeropuerto de la Ciudad de México.

Por fin la encuentro y como puedo me acerco a ella. Le doy un abrazo apretado (entre el gusto de verla y el apretón de las otras miles de gentes que quieren salir al mismo tiempo que yo) y nos vamos al estacionamiento.

Ni idea tenía de que llegaba en un puente (el lunes no se trabaja) Hoy es viernes, son las ocho de la noche y no hay tráfico. Increíble…México me recibe con los brazos abiertos.

Llegué una semana antes de la boda para recuperarme del cambio de horario y estar como nueva ese día, así es que tengo planes mañana, tarde y noche casi toda la semana. Pienso aprovechar cada segundo y ver al máximo de gente que pueda. Tengo un poco de gripa que me queda de la semana pasada, pero da igual, nada me va a impedir disfrutar mi viaje al máximo…

Sábado

Desperté tempranito con el canto de los pajaritos mexicanos…qué bien.

Desayuno con mi mamá en San Angel. Salimos de su casa a buena hora, no hay mucha gente en la calle. Las jacarandas están en flor. Amo México. Amo las jacarandas. Quiero bajar y abrazarlas…Hace años que no las veía así. Emoción total.

Llegamos a San Angel. Uno de mis barrios favoritos de la Ciudad de México. Es lo primero que escogí hacer para que me caiga el veinte de que aquí estoy. En mi país, con mi gente. Con sus calles empedradas y sus construcciones coloniales. Más jacarandas. Hermosas, bellísimas jacarandas. Están montando los puestos del mercado. Se empiezan a ver los colores y texturas de las diferentes y tan variadas artesanías mexicanas. La gente se moviliza para que todo esté listo a tiempo. Nosotras desayunamos sin prisa en una terraza. Fruta: mango, papaya, sandía…jugo fresco de naranja con zanahoria. Pan dulce: una concha, mi favorito. Ya no puedo más cuando me traen unos sopes de la abuelita que no tienen abuelita…Me los como ya sin hambre…puro antojo del bueno…

Después de un buen desayuno mexicano, un paseo aún mejor. Caminar entre los puestos, curiosear, comprar dos o tres cositas por el placer, entrar y salir de tienditas una más linda que la otra, qué mas se puede pedir…

El tiempo vuela y tenemos que regresar a casa. Mamá planeó comida con toda su familia. También vienen mi hermano Hari y su novia Liz.

Compartí con muchísimo cariño esa tarde con primos y primas, tíos y tías a los que no veo casi nunca, pero a los cuales me dio muchísimo gusto ver. Cada quién contó un poco lo que hace, como está. Mi vida es tan diferente a la de ellos. Es rara la sensación de escuchar historias con las que no te identificas pero que vienen de gente que es familia.

Ahí dejamos a la familia y me toca teatro. Con Hari y Liz voy a ver la obra de teatro de Ursula, mi querida U. Me tocó la suerte de que tenga una obra en cartelera y hoy es el único día que la puedo ver. Así es que vamos. Empiezo a sentir los estragos del cambio de horario y del viaje, pero no importa. Seguimos. Llegamos temprano a la Colonia Roma. Qué maravilla. La Colonia Roma. Transformación total. No había visto todos esos restaurantes de moda, las tiendas, los edificios restaurados…una pasada!

La obra es en un teatrito nuevo que se llama El Bicho. Es una preciosidad. De ambiente totalmente íntimo (tanto, que podrías tocar a los actores) Como ya les dije, soy claustrofóbica y al entrar sí que entre un poco en pánico. Pero no… hay lugar suficiente para respirar, aunque si te dan ganas de hacer pipí entre tanto, olvídalo…

En fin. La obra se llama “La velocidad del zoom del horizonte”. Desde ahí dices un poco “what?” es una obra de ciencia ficción, me dice mi hermano, medio locochona, está padrísima. Ok. Va, ya había visto a U actuar varias veces y siempre me ha encantado lo que hace, así es que ni me cuestiono. Va.

No voy a hacer una reseña de la obra. No es para nada la intención. Solo diré que no sé si me gustó. O no. O sí. No sé. Ya estaba cansada. Uno. No soy una persona que se considera muy intelectual. Dos. No entendí muy bien lo que estaba pasando.Tres.

Hablando de tres. Saliendo de ahí Hari dijo que era la tercera vez que la veía y que está vez le habían cambiado algo y le había parecido UFF. Los actores dijeron que no le habían cambiado gran cosa. Yo creo que se necesita ver la obra tres veces para al fin entenderla toda. Lástima que no me dio tiempo de verla otras dos veces. Por lo pronto entendí una tercera parte. Buu.

Me reí, me encantó la puesta en escena. Pero también hubo momentos de sufrimiento casi insoportable, lo admito. En partes me sentí que la que estaba en un ovni era yo, como si estuvieran hablando en marciano y yo fuera un ser humano demasiado terrenal. Felicidades por tu actuación mi U, estuviste genial.

Y ya, después de ahí unas buenas chelas en Yubán… No me acuerdo del nombre de la que probé, pero sabía como a miel…un sabor muy, muy delicado y delicioso. Buena noche entre familia con botanas oaxaqueñas espectaculares…

Domingo

Día con papá. Ultra feliz de verlos. Lástima que el novio de mi hermana Clau estaba en el hospital…casi no la vi, pero al final se mejoró y eso es lo importante…Mis sobrinitos hermosos y de lo más chistosos…

Comí, comí, tomé cubitas y comí más…creo que voy a explotar y acabo de llegar…

Lunes y Martes

Querétaro

Fuerte experiencia. Maravilloso compartir, hablar, llorar, reír, caminar, entender…Lo necesitaba. Gracias. Querétaro hermoso, sus plazas, su gente, sus restaurantes…Probé la mejor ensalada de mango con nueces de la india con un aderezo que no sé que tenía pero te transportaba al paraíso. Parte esencial de mi viaje. No sé como ponerlo en palabras. Te quiero preciosa.

Lo que sí puedo decir es que durante el mini viaje dentro del viaje entendí dos cosas:

Una: Pasé de ser una mujer casada, independiente con tres hijos a una hija de familia y…definitivamente no se pueden tomar taxis. Mi mamá prefirió llevarme a la estación del Norte que queda hasta dónde el viento da vuelta a que me fuera en un taxi (era día festivo y no había ni una mosca en la calle, pero igual…). NO se pueden tomar taxis. Tú ya no conoces la ciudad, me dijo varias veces. Ya no es el México que tú conociste, México está muy peligroso, ni taxi de sitio. Solo los taxis que ella conoce, porque se los mandan de su seguro (¡los taxis seguros del seguro!). Te llaman y te dan el número de placa y el nombre del señor, pero mucho cuidadito con hablar de más…ni se te ocurra. Después de la primera vez que me subí con el bendito señor, tuve derecho a un interrogatorio: ¿Qué le dijiste?, ¿De qué hablaron? Bueno mamá, no sé, le dije que vivo en Francia y vine a una boda…¿Y qué más? Pues ya nada más, hablamos de cualquier cosa mamá…¿Pero por qué le dijiste cosas personales? No le dije nada mamá…no le di mi teléfono, si a eso te refieres…Qué chistosita ¿Sabes qué tiene mi dirección? No puedes hablar con él señor, por favor mi hijita…Pero es el taxi de tu seguro mamá…No importa, no le dices nada y punto. La siguiente vez que me tocó el mismo señor me preguntó cómo me había ido con mis amigas en la cena del día anterior y yo: Bien, gracias y punto. El resto del camino me fui viendo por la ventana…yo creo que pensó que estaba yo re loca. Y creo que sí. Entender esta ciudad si está de locos. Yo veo a todos viviendo su vida normalmente, con miedo, y al mismo tiempo como si nada…pero todos me trataron como la extraterrestre a la que hay que proteger porque no entiende nada ni sabe nada de nada…

Agrego que no me pasó absolutamente nada anormal durante el viaje, ni a mi, ni vi a nadie a quien le pasara algo…Pero tu vienes muy poco tiempo, no es lo mismo venir de viaje que vivir aquí…Tienes razón mamacita…Yo ya no soy de aquí…ni de allá.

Dos: Mi panza ya no es la de antes. Tanto chile y fritanga en tan solo 3 días casi me matan. Llegando a Querétaro pensé que me moría. Creo que llevo 3 kilos extras. Al paso que voy mi vestido va a explotar (o más bien yo voy a explotar el vestido de la boda…) uff…

Regresé de Querétaro casi sin voz, pero ya sin dolor de estómago. Me dirán que ya estoy vieja y achacosa y tienen toda la razón. Estoy muy enojada conmigo misma. ¿Cómo puede ser qué en MI viaje me pasen estas cosas?

Aún así el mismo martes vi a otras dos de mis grandes amigas.

Primero visita de una exposición de un amigo de la adolescencia del cual yo ya no me acordaba en el Club de Industriales (¿querían un lugar más extraño para reencontrarme con mis amigas del alma?- no se me ocurre otro…) Si. Muy divertido, pero extraño.

Luego cena en un restaurante abierto tipo terraza en Polanco. No me acuerdo del nombre. Muy padre, con música en vivo. Yo gritando toda la noche contándoles mi vida. Vodka tónic con mucho hielo. Risas, chisme, plática deliciosa…y gritos y hielo.

Miércoles

Despierto muy bien. Sin nada de voz, pero muy bien.

¡Qué! ¡Me quedan tres días para la boda y no tengo voz! Nada, niet, rien…NO VOZ.

¡Mamá! Necesito un doctor urgente…Imagínense decir eso, pero sin voz…díficil…

Mi mamá que es como maga, se saca rápidamente una doctorcita de la manga que me puede recibir inmediatamente…gracias Diioosss….y así casi en pijama me voy con ella a verla. Me recibe y me manda antibióticos y un jarabe y reposo y ya. Sí. Dije reposo. Lo cual significa no salir….vine a salir, a ver gente, a hablar…noooo….no quiero reposooooooo…..

Ese día todavía me fui a la Ciudadela de compras (que para los que no conocen, es EL mercado de artesanías de la Ciudad de México), así malita como estaba y a comer con Hari y Liz otra vez al Yubán (bueno, okay, el Yubán es el restaurante de mi hermano…y siendo muy objetiva, está realmente muy, muy delicioso, es Oaxaqueño y está en la Roma y está padrísimo y vayan todos!!!! 😉 ) y comí un mole amarillito maravilloso, tomé agua de pitaya -una variedad de tuna – SIN hielos y un postre de mamey con chocolate que te mueres…y luego después de eso yo sí que me estaba muriendo. Una migraña horrible y dolor en todo el cuerpo. No por la comida, que quede claro, si no por las malditas bacterias latosas y por no hacerle caso a la doctorcita. Así es que directito a casa de mi mamá a cancelar mi cena de esa noche…buu…no pude ver a mis amigas de la Universidad y sigo enojada por eso…

Por el whatsapp les platiqué a mis otras amigas de mis males y entre todas me dieron varias recetas que resultaron buenisísimas para recuperar fuerzas y defensas.

El jueves temprano directito al Superama a comprar la bomba atómica de vitaminas y de una vez todas las delicias que quería traer de regreso a Francia para los niños y Olivier.

El Superama es el mejor súper que existe. Este es nuevo y está muy bonito y lo mejor es que está en la esquina de casa de mi mamá. En la entrada tiene una charola enorme con jícamas, naranjas, manzanas, melón y mango cortados en pedacitos con limón y salsa valentina o chile en polvo…Me daban ganas de comerme todo pero solo probé un mango porque se me hacía agua la boca…no pude resistir la tentación tampoco en la panadería que tenían un panqué de zanahoria delicioso para probar. También en la salchichonería unas charolas llenas de rollitos de jamón y diferentes quesos…La gente muy bien portada probaba de a poquito…no lo podía creer, casi que puedes ir y hacer una comida completa con todo lo que te dan…

Lo que sí es que se me hizo que México está muy caro. Se me ocurrió comprarle a los niños las playeras oficiales de México del Mundial y cuando me dijeron el precio casi me desmayo. También los libros, los restaurantes y todo en general. Claro que encuentras todavía cosas más baratas que en Francia, pero si me pareció muy caro comparado con la última vez que estuve con los niños.

Bueno, sigo con mi historia. Total que me eché el coctél molotov y créanme o no pero al otro día ya me sentía mucho mejor y me había regresado casi por completo la voz. Ese jueves comí con mi papá y Alicia (la esposa de mi papá) en un lugar buenísimo un molcajete con arrachera, chicharrón, nopalitos, cebollitas asadas, chiles toreados…y una limonada SIN hielo. Platiqué muchísmo como pude con ellos. En la tarde me sentía fatal y tuve que cancelar mi plan de la noche otra vez…grr…tampoco pude ver a Rossana… Me dormí como doce horas seguidas y el viernes como por milagro les digo que ya me sentía casi bien.

Y llegó lo mejor del viaje…o lo que es lo mismo, para lo que vine a México en primer lugar.

Para empezar, ver a mis amigas de Televisa para comer ese viernes fue algo increíble. Me dio más que muchísimo gusto verlas. Me divertí de lo lindo en la comida, chicas, me hicieron reír como hace mucho no me reía. Maravilloso recordar viejos tiempos e historias…son una parte muy importante en mi vida y las quiero mucho…nos vimos poquito pero valió la pena…no dejemos pasar tanto tiempo…seguimos en contacto.

Y de ahí a casa de los papás de Ele.

Para pasar el fin de semana con mis amigas de toda la vida.

La emoción es la misma.

La misma que sentía cada mañana en el coche hace veinticinco años. Mis amigas eran la vitamina de mi día. Mis hermanas. Mis confidentes, mi todo.

Me bajo del coche corriendo. Cómo cuando manejaba Gabo. Además de las ganas de bajarme después de tantas emociones que me había hecho pasar, quería llegar. Verlas. Juntas nos divertíamos horrores, reíamos a carcajadas por todo y por nada, llorábamos, bailábamos, platicábamos, ligábamos, bailábamos, vivíamos…

La vida nos ha llevado por caminos tan diferentes… cada una ha tomado su rumbo, con su propia historia y sus propias experiencias. Solteras, casadas, divorciadas, con hijos, sin hijos, con trabajo, sin trabajo, aquí o allá…el tiempo ha pasado…pero el amor sigue intacto.

Voy a ver a mis amigas. No quiero decir que no las haya visto desde que vivo en Francia. Claro que sí. A unas más que a otras. Con unas he compartido más que con otras. Pero esta vez es diferente. Porque estamos todas. Todas las que éramos y las que somos. Todas juntas en el mismo lugar y al mismo tiempo. No falta ninguna. Y eso, créanme, eso es algo valioso. Y que se celebra.

Desde el momento en que las abracé el viernes hasta el domingo en la noche que regresé a casa de mi mamá, viví en un estado al que podríamos llamar “de pura felicidad”. Fueron momentos mágicos, de sonrisas que no quieren borrarse, de confesiones, de recuerdos, de reír hasta el llanto, de cantar, de bailar, de llorar de emoción, de amor puro, del bueno, del que no tiene precio.

Por la amistad. Brindemos.

Por lo de ayer…

Por lo de mañana…

Por lo de siempre 😉 …

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